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El libro de los Jueces:
Líderes en defensa de la dignidad de un Pueblo El libro de los Jueces forma junto con el de Josué, los dos libros de Samuel, y los de los Reyes una historia que en la Biblia Hebrea se compila como "profetas anteriores" y forma un relato al que los especialistas llaman la "Historia Deuteronómica", puesto que fue escrita con gran influencia de este libro. Recoge tradiciones de Israel, que se trasmitieron en forma oral, y que llegan a ser escritas en el siglo IV antes de Cristo. El gran tema del libro de los Jueces es la lucha por mantener la identidad. Israel había sido un pueblo de pastores, que luego de vivir la experiencia de la superación de la esclavitud en Egipto y la larga travesía en el desierto, se establece en Canaán, la tierra Prometida por Dios a Abraham y sus descendientes. Pero Canaán estaba ocupada por otros pueblos e Israel debe conquistar un lugar, pero no sólo combatiendo por medio de las armas, sino con su conducta. La gran tentación del Pueblo de Dios, es dejarse atrapar por la vida fácil y cómoda que llevaban los Cananeos, adoptar sus dioses a los que llamaban "Baal" (que significa Señor) y que fácilmente se podían confundir con el Dios de los Israelitas. Pero eso implicaba dejar de lado la austeridad de vida que los mandamientos dados por Moisés exigían. También era muy fácil adoptar las costumbres cananeas, que implicaban una ética y una manera de vivir totalmente distinta a la del Pueblo elegido. Era muy fácil para un pueblo joven y poco preparado como Israel, llegar a pensar que los "dioses" de los pueblos cananeos eran más eficaces que Yavé, puesto que los cananeos vivían con ciertas comodidades. De ahí a aceptar sus costumbres (que incluían ritos de promiscuidad sexual o sacrificio de niños) no había más que un paso. Fue por eso que Josué combatió tan duramente a estos pueblos y guió a Israel para que los expulsara. Pero al morir Josué no fue tan fácil para el Pueblo mantenerse unido. Hacia el año 1220 antes de Cristo, Israel llega a Canaán, y poco a poco va conquistando el lugar, pero la conquista no fue fácil, sino lenta y difícil. Israel no pudo echar a los cananeos, y en algunas ocasiones convivirá con ellos en el país. Aquí se inicia el período de los Jueces, que refleja la lucha que con la ayuda de estos líderes, llevará el Pueblo para mantener su libertad e identidad religiosa. ¿Quiénes eran estos caudillos? Los jueces eran líderes carismáticos, que surgían del afecto del Pueblo; sus cualidades de mando y combate, así como su fe eran claves para que el Pueblo los aceptara y siguiera en su lucha. No movilizaron a todo Israel, puesto que lo que llamamos Israel estaba agrupándose en tribus dispersas en el país que se aliaban ocasionalmente ante un peligro militar o una invasión de los reyes cananeos. Las tribus se manejaban por los Consejos de Ancianos y eran muy celosas de su independencia. Los jueces sólo podían ser líderes efectivos si se ganaban la confianza de los ancianos de las tribus. Por eso muchos de ellos movilizaron a algunas tribus y no a todas, y otros no pasaron de ser unos audaces aventureros y oportunistas como Jefté o Abimelec (Jueces 9,5) que no fueron precisamente unos santos. Jefté incluso, llegó a sacrificar a su hija a Dios, luego de hacer un imprudente juramento (Jueces 11,29-35). También algunos líderes religiosos dirigieron la lucha, no por ser guerreros sino por el ascendiente que tenían en el pueblo como la profetisa Débora, mujer de oración y muy piadosa a la que el pueblo consultaba y acudía (Jueces cap. 4 y 5). Entre estos personajes figura uno muy curioso: el forzudo Sansón (Jueces cap. 13-16) que fue consagrado a Dios desde el vientre de su madre, en un voto religioso llamado nazireato, que fue muy popular entre los israelitas y que siguió siéndolo aún en la época de San Pablo. Consistía en no tomar vino o bebida fermentada, no cortarse nunca el pelo ni la barba, y no casarse con mujeres extranjeras. Sansón no fue muy obediente de estas normas, sino más bien bastante inconsciente, y terminó siendo juguete de una mujer espía de los filisteos. Sin embargo, su nacimiento fue anunciado como el de Jesús y al igual que Isaac nació de una madre estéril. Todo esto fue un signo de la llamada y la elección de Dios. Los acontecimientos narrados en Jueces pertenecen como hemos dicho al período en que Israel se asentó en Canaán y tomó posesión de la tierra (entre 1200 y 1000 a.C.). Este proceso de conquista recién terminará con el surgimiento de los primeros reyes de Israel, y concretamente con el reinado de David (1000 a.C.). La moraleja o enseñanza del libro No la tenemos que contar sino tan solo leer en Jueces 1,11-19. Los jueces liberaban a Israel, y Dios mismo los hacía surgir en medio de su Pueblo, pero lamentablemente la buena influencia del juez duraba poco. A veces incluso el propio juez se apartaba de Dios y de sus caminos. Pero en su gran misericordia Dios volvía una y otra vez a suscitar liberadores para que ayudaran al pueblo a mantener su identidad y libertad. Algunos de nosotros nos podemos sentir escandalizados porque creemos que Israel no debía haber combatido con violencia ni matar gente o exterminar a estos pueblos. Pero en el mundo antiguo no existían los derechos humanos, y si el Pueblo de Israel no se abría camino de esta manera, al que iban a exterminar era a él. No todos los pueblos fueron belicosos, sino que otros convivieron pacíficamente. El Pueblo de Israel llevaba en él, el porvenir de la revelación de Dios en el mundo, que podía ser destruido si Israel se paganizaba y se disolvía en medio de los pueblos con los que convivía y combatía. Dios tuvo una gran paciencia y amor con este pueblo que no siempre lo escuchaba, y creía en falsos dioses, cayendo también en la esclavitud por no escuchar a Dios y su Palabra. En este libro se puede ver cómo Dios escucha a su Pueblo y lo acompaña mostrándole su amor y misericordia. Eduardo Ojeda |
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