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barrio La Pedrera, Rivera La idea del voluntariado
* ¿Cómo nace la idea del voluntariado? - Mi nombre es María José Urrutia, tengo 30 años, soy enfermera y de nacionalidad chilena. Nace en mí la idea del voluntariado en mi preparación a la confirmación; en ese momento conocí las misiones, y éstas me motivaron para el sacramento que venía. Quería hacer algo distinto, motivante, con un compromiso concreto. Quería hacer algo que tuviera que ver con lo que en ese momento ocurría en mi vida. De allí que llegó la búsqueda para hacer. Se me presentó el voluntariado misionero ad gentes (fuera del país) y me gustó su forma y estructura. Después de un año de acompañamiento realicé la experiencia de dos años en Guinea Conakry (África), donde asistí como enfermera de la aldea. Al volver de esta experiencia sabía que esto es lo que más me gusta y después de un tiempo me volví a postular y aquí me tienen ahora en Rivera. - Me llamo Analía Cancela, tengo 20 años, soy estudiante universitaria, y muy uruguaya. Desde los catorce años participo de las misiones con el Instituto María Auxiliadora (al que pertenezco aún hoy, desde los cuatro años) y más tarde con la Parroquia María Auxiliadora y el voluntariado. Recuerdo con mucho cariño mi primera misión en Abayubá. Valoro el trabajo regalado por Dios con el centro juvenil de la Parroquia; desafiante y gratificante. Creo que por esto se dio casi naturalmente la opción de venir a compartir durante un año mi vida y fe con la gente de Rivera. La naturalidad no le quita la profunda búsqueda en mí de la voluntad de Dios. He podido descubrir que Dios escribe con nosotros una historia renovada. Pienso que también el voluntariado ha sido una opción concreta para seguir evangelizándome. - Me llamo María José Solari, tengo 27 años, soy profesora de filosofía y vengo de Montevideo, de la Parroquia María Auxiliadora de Villa Colón. El ser misionera está unido a hechos y personas concretas que motivaron, impulsaron y acompañaron este proceso. Entre ellos está el trabajo apostólico que realizo desde hace 10 años en la capilla San Gerardo. Me inquietaron mucho las misiones vividas, recuerdo que la primera fue aquí en Rivera por enero del 94. Desde allí traté de participar en otras experiencias de misión; cerca o lejos de casa, pero cada vez que volvía le decía a mi madre que quería irme por más tiempo. El año 95 fue especial para mí familia. Dios nos habló y nos amó a través del dolor; de un accidente que sufrimos con mi hermana Anabela donde ella falleció. Éste fue un hecho que sin duda me marcó y generó más preguntas... "Si uno quedó vivo por algo será..." Participar de las misiones del voluntariado me permitió conocer el grupo y más tarde formar parte de él; allí hice camino con otros que tenían inquietudes similares. Esto me ayudó a pulir las motivaciones, a proyectarme y a decidirme. Todo esto junto al testimonio de gente que a una la "sacude" no por hacer cosas maravillosas, sino por ser cristianos felices donde están, tiene que ver con la idea de ser voluntaria. * ¿Cuál es la realidad del barrio donde trabajan? -El barrio La Pedrera está ubicado en la entrada de Rivera, en la intersección de las rutas 5 y 27. Es un barrio considerado por los propios adolescentes como "aburrido", sin propuestas para divertirse. Se encuentra a unas 7 cuadras del basurero, lo que hace que varios de los vecinos se dediquen a la recolección y posterior venta de los plásticos. Es una zona heterogénea en cuanto al nivel económico; nos encontramos cerca de la ruta con familias de mayor poder adquisitivo y a medida que nos metemos en el barrio encontramos familias de muy pocos recursos. Es un barrio de trabajadores afectados por la crisis, lo que ha llevado a que varios vendan lo poco que tienen para irse a Montevideo. Hay varias familias que trabajan en sus casas plantando lo que se puede, para tener alguna fuente de ingreso. Para los chiquilines se hace difícil ver un futuro mejor a través del estudio. Por lo que sobre todo los varones intentan ingresar en el ejército y en la policía. Aunque no sabemos el alcance que tiene, se constata la realidad de frontera, se festeja tanto un gol de Brasil como uno de Uruguay. Aunque ellos no se sienten menos uruguayos, su identidad es ser de frontera, tener que cruzar la línea para encontrar las cosas más baratas. El trabajo en el club nos ha permitido constatar una dificultad en el aprendizaje, ya que hablan portuñol, pero se les exige escribir y se les explica en español. * ¿Cómo es la vida comunitaria? - Después de las primeras quejas de los vecinos por los gritos podemos decir que es un acto de fe porque Dios nos pide estar en este lugar de misión y compartir el día a día, confiarse de que a las tres nos llamó para esta misión (lo de los gritos era broma). Es una oportunidad para crecer; donde una va descubriéndose en algo nuevo, ayuda a afirmar lo que una es. Sin dudas que, la oración compartida y el trabajo, afianzan y son fortalezas de esta vida en comunidad. Es un desafío porque: * no hay director en la casa que con otras experiencias marque o ayude a visualizar líneas. * es nuevo para las tres vivir en comunidad de laicos (y para dos de nosotras el hecho de vivir en comunidad). * hay que compartir y "conjugar" decisiones, espacios y tiempos, criterios y formas, costumbres y modos. * implica una apertura al diálogo, a compartir la vida, el decirnos y escucharnos cómo nos vemos, evaluarnos, etc... * ¿De qué tareas se ocupan y cómo subsisten? - La misión prioritaria es la atención a los adolescentes y jóvenes del barrio La Pedrera, en Rivera. Generar propuestas que atraigan y evangelicen, que generen el sentido de pertenencia a la comunidad. Concretamente comenzamos a trabajar con el Movimiento de Adolescentes Salesianos (M.A.S.), para edades entre 11 y 16. Se fue dando la inquietud de coordinar el trabajo de este Movimiento en la Parroquia San Pedro, por lo que nos reunimos mensualmente con otros animadores para formarnos, tener criterios en común e intercambiar experiencias. También se ha conformado un grupo de jóvenes, de 17 años en adelante. Se han coordinado y compartido actividades y criterios con otros grupos de jóvenes de la Parroquia. Dada la realidad e inquietud de adolescentes y jóvenes comenzamos en abril la catequesis para la Primera Comunión. Antes de cada reunión hay un espacio recreativo ¡que a veces se extiende demasiado!, por lo que hemos propuesto un tercer día sólo recreativo los viernes por la noche. Los domingos por la mañana nos juntamos con los animadores del oratorio para preparar las tardes. A eso de las 14 y 30 empieza el oratorio hasta la tardecita. Entre pancitos con dulces y algo caliente (en invierno), nos disponemos a evaluar y rezar. Uno de los desafíos es poder llegar a las casas de los chiquilines, compartir un rato con las familias. Hoy podemos decir con alegría que gracias a la ayuda de muchas personas se hace posible compartir algunos alimentos, pero todavía podemos dar más pasos en este sentido. Fuera de La Pedrera atendemos tres grupos de jóvenes (uno en la Capilla de Santa Rosa y dos en la sede parroquial). También comenzamos la propuesta del M.A.S. en Santa Rosa, pero no tuvo buena aceptación. A tres kms. de nuestra casa están Las Tunitas, una zona rural donde hace tiempo no hay propuestas religiosas. A raíz de la misión parroquial de enero de este año (llevada adelante por el voluntariado misionero salesiano y por gente de aquí), se generó la propuesta de catequesis para niños y adultos. Para esta tarea contamos con el apoyo de los vecinos, concretamente con la Comisión de Fomento Rural, que nos prestan la Sede para dar catequesis. Estamos presentes en lo que hace a la Comunidad y la Parroquia (Asambleas, Consejos, beneficios). En las mañanas trabajamos (cruzando el patio) en el Club del Niño, Rincón Don Bosco, atendido por las Hijas de María Auxiliadora, en convenio con el Instituto Nacional del Menor; de ahí tenemos un sueldo con el que subsistimos las tres. Nos ayudan además las hermanas, los salesianos y los fondos del voluntariado; la comunidad de la Capilla se está organizando para poder pagar gastos de la casa (luz y arreglos). * ¿Cuáles son las fortalezas de la experiencia? - Cuando hablamos de la vida comunitaria ya dijimos algunas de las fortalezas de la experiencia a las que agregamos otras. Vivir en el barrio, estar en el lugar donde se trabaja, principalmente porque la gente sabe que estamos y se genera una cercanía especial que da confianza. También en esto que es nuevo, la disposición y el apoyo de la gente del barrio y de la comunidad. Es esta gente, que viene trabajando hace mucho tiempo y la que nos cuida, nos respalda. Concretamente en los bailes que se han organizado para sacar fondos siempre tuvimos la asistencia de la gente "grande" que olvidándose de los años se quedan hasta las tres de la mañana (¡algunos bailando!). Otra fortaleza es que tenemos tiempo para estar con los jóvenes y adolescentes, es decir estamos para preparar, para dar catequesis, para jugar con ellos, para reflexionar y escucharlos, compartir esos tiempos con ellos. Todo el tiempo se emplea en el desarrollo de la experiencia. También es muy positiva la presencia de las Hijas de María Auxiliadora, que nos abren su casa y sus vidas para trabajar con ellas, nos respaldan y apoyan. Nos da muchas fuerzas el acompañamiento constante de Amílcar Visentini (encargado del voluntariado) ya sea desde Montevideo o con sus frecuentes visitas a la casa. Es bueno que con su experiencia ayude dando líneas de trabajo y comparta nuestra vida. Vemos como un desafío concreto lograr el equilibrio entre el hacer y el "masticar" lo que vivimos, es decir, cuidar los tiempos de encuentro de la comunidad, de rezar, de evaluarnos. Esto es fundamental porque no vinimos aquí para ser buenas funcionarias, sólo a hacer cosas; queremos que sea una experiencia para amar más a Jesús y experimentar el amor que Él nos tiene. * ¿Y las dificultades? - Como dificultades vivimos las propias de empezar algo nuevo, de largarse a cosas sin tener una referencia anterior. Diríamos que vivimos como dificultad el hecho de que en la capilla sólo hay misa los domingos, y que podemos participar sólo los lunes de la misa en la parroquia. Para nosotras sería muy importante tener una misa como comunidad. * ¿Qué le dirían a los lectores de Umbrales? - Tal vez siempre creemos que después de mucho tiempo de siembra vendrá la cosecha; una de las cosas más lindas es que ya hay gratificaciones, gestos, respuestas que nos hacen ver que el trabajo, la misión está "prendiendo". Otros frutos vendrán después. Para nosotras esta experiencia es un regalo de Dios para seguir creciendo como cristianas, para dejar que Jesús nos siga inquietando, moviéndonos el piso, y responderle desde lo que cada una es. Decirles también que hoy Dios nos pide a todos que desde donde estamos llevemos la Buena Noticia que es el Reino. El voluntariado es una vocación, por lo tanto es para aquellos que se sientan llamados a vivirlo; pero creemos que no hay que venir a Rivera, o irse a África para sentirse comprometidos con esta causa. Tenemos para compartir con los lectores la Palabra de Dios, que hoy sigue salvando... "Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro para que esta fuerza soberana parezca de Dios y no nuestra. Nos vienen pruebas de todas clases, pero no nos desanimamos. Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados pero no aplastados. Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra persona." (2Cor).
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