SÍ A LA PAZ, NO A LA ILEGÍTIMA DEFENSA

¿Por qué quieren la guerra contra Irak?

El único interrogante sobre la guerra contra Irak no es si ocurrirá, sino cómo, con qué coalición y con qué niveles de destrucción. La cuestión para Estados Unidos es muy sencilla: hay que acabar con Sadam y su régimen, a cualquier precio y ahora. Por eso, el envío de inspectores de armas de Naciones Unidas no es sino una argucia para obtener un mayor apoyo internacional, basado en las negativas o los obstáculos que surjan desde Bagdad. La negociación en curso en el Consejo de Seguridad tiene como objetivo principal el intercambio de favores entre los implicados. Francia y Rusia quieren garantías de que sus ventajosos contratos petrolíferos con Irak serán respetados. China quiere seguridad de que la guerra no se extenderá a Irán, su principal suministrador de petróleo. De todas formas, Bush y Blair atacarán, como ya han dejado bien claro. ¿Por qué? La historia oficial es la posesión de armas de destrucción masiva o la intención de poseerlas por parte de Sadam Husein. Pero ¿las tiene? No lo sabemos, y no creo que lo sepamos hasta el momento de la verdad. Pero sabemos dos cosas. Una, que nadie ha presentado pruebas creíbles. Todo son informes de servicios de inteligencia sin confirmación posible. Dos: suponiendo que existieran, la situación sería más o menos la misma el 10 de setiembre de 2001. Y en ese momento nadie pensaba en atacar a Irak. Por tanto, es el 11 de setiembre el que lo cambia todo. Pero ¿qué cambia? La conexión entre Irak y Al Qaeda es tenue e improbable. La CIA la ha sugerido, luego la ha desmentido y, de forma oportuna, en los últimos días, la ha afirmado rotundamente, aun reconociendo que las pruebas no se podrían defender ante un juez.

Los motivos parecen otros. ¿Cuáles? Hay teorías para todos los gustos y algunos datos sólidos. El mantenimiento de la tensión de un país en guerra asegura el apoyo político a una Administración que está conduciendo a Estados Unidos a la crisis económica y algunos de cuyos más altos cargos están bajo sospecha por sus conexiones con los fraudes y estafas que han proliferado en las grandes empresas. No se puede criticar a un presidente en medio de la batalla...

Hay un análisis más estratégico: el control del petróleo iraquí. Irak cuenta con las segundas reservas de petróleo del mundo (113.000 millones de barriles) después de Arabia Saudí. Y el gobierno estadounidense estima que puede tener otros 220.000 millones de barriles aún no descubiertos, de forma que el total de las reservas iraquíes cubriría las importaciones de petróleo de Estados Unidos por un siglo. Una guerra con Irak beneficia a las grandes empresas petroleras norteamericanas...

Todos estos factores concurren en la guerra. Pero, aun siendo importantes, sobre todo el control del petróleo, no explican por sí solos la intransigente determinación de Estados Unidos. El factor esencial, como siempre en política, es político. Es la toma del poder, en el actual gobierno, por parte de un grupo de halcones en política exterior, ideológicamente convencidos de la necesidad y la conveniencia del unilateralismo estadounidense, mediante la utilización de su superioridad militar-tecnológica, para poner orden en un mundo cada vez más peligroso. Este grupo vio la posibilidad, a partir del 11 de setiembre, de aplicar la política que habían propuesto anteriormente. Este grupo belicoso, convencido de la bondad para el mundo del pleno ejercicio de la superpotencia americana, encontró en el sentimiento popular de vulnerabilidad tras el 11 de setiembre el apoyo político que faltaba a su proyecto. En torno a esta coherente estrategia se articulan los sentimientos personales de Bush, la conveniencia política de los republicanos, los poderosos intereses de las empresas petroleras y la posibilidad para Sharon de una solución militar del conflicto palestino. Pero el quid de la cuestión apunta a una hipótesis mucho más grave para el mundo: la decisión de la actual élite política estadounidense de dominación unilateral global por medios militares, permitida por la inexistencia de poderes o voluntades que contrapesen esta voluntad de dominación.

Manuel Castells
(Extractado del
Diario El País, Madrid)