La ley de la manada

La era de hielo (Ice Age)
Estados Unidos, 2002.
Género: Animación digital.
Duración: 80’.
Director: Chris Wedge.
Guión: Peter Ackerman, Michael Wilson,
Michael Berg.

La era de hielo parece ser la reiteración de los lugares comunes del cine de animación: la unión de parejas desparejas, el cambio del malo en bueno ante un acto de entrega. Parece que estamos viendo, al menos las evocamos, a Shrek o la saga de El rey león otra vez.

Dicho esto, lo siguiente a mencionar es el gran despliegue tecnológico que evidencia esta realización. Quizás donde se vea mayormente el desarrollo y el influjo tecnológico en el cine sea en la animación digital. Este film es una muestra clara de ello. Sus efectos y sus logros resultan patentes.

Los personajes de la historia

En medio de este despliegue sumamente sofisticado, el film cuenta una sencilla historia que se ubica 20.000 años atrás... Manny, un gran mamut, se dirige al Norte y encuentra a Sid, un oso bastante haragán, que se mete en problemas y es salvado por el mamut. Otro rescate da una vuelta de tuerca al cuento: el de un bebé humano.

Los tigres dientes de sable pretenden secuestrarlo. Sid propone devolverlo a los hombres. Aparece uno de aquellos tigres, Diego, pretendiendo al niño. Los cuatro inician el camino. El tigre buscando la forma de lograr su botín los lleva a una emboscada.

Lo que da el remate a la historia es un hecho heroico: Manny arriesga su vida para salvar al tigre. Esto conmueve al felino, y lo lleva a cambiar su intención. Finalmente, entregan al niño a su padre. Y continúan juntos.

Esta especie de road movie, con sus etapas que abreviamos, va transformando a sus caminantes, tan dispares entre sí, hasta hacerlos un grupo, una manada. Esa es la explicación que da Manny a su acto de ofrenda. Exponer la vida para salvar al otro, tal es la ley de la manada.

Dos momentos visuales deben destacarse. La secuencia que ocurre en el interior de la montaña, en esos impresionantes túneles de hielo es magistral, como también el combate con las gallinas por las sandías.

El film tiene lo suyo, como una atractiva banda sonora, pero le falta el nervio vital y la originalidad que tenía Shrek, por ejemplo. Todo lo cual lo hace un lindo entretenimiento.

 

Alejandro Ferrari