EN EL MUNDO

Proclamado "el Año del Rosario"

Entrando en su 25º año de pontificado, el Papa Juan Pablo II modificó la tradicional práctica religiosa del Rosario añadiendo cinco misterios más, los luminosos, sobre la vida pública de Jesús; y además inauguró un "Año del Rosario" por la paz y la familia.

Los cambios al Rosario recuerdan los que el Papa hizo en 1991, sin eliminar la práctica tradicional del Via Crucis y simplemente inaugurando nuevas estaciones bíblicas... También en este caso el Papa quiere que la oración del Rosario esté más centrada en Cristo, en la Palabra de Dios y que sea más meditativa; menos mecánica y más reflexiva. Al inaugurar el "Año del Rosario" el Papa se propone invitar a todos a la oración en el comienzo de este nuevo milenio, y en particular a la oración en familia. El Año del Rosario, así como consta en la carta apostólica "El Rosario de la Virgen María", abarcará desde el pasado octubre hasta octubre del año próximo y tendrá una doble finalidad: rezar por la paz y por la familia.

Es para el Papa un "gesto simbólico" que marca "la urgencia de invocar de Dios el don de la paz, al comienzo de un milenio que empezó con las dramáticas escenas del atentado del 11 de setiembre del año pasado". Juan Pablo II también pide rezar por la familia, "tan asediada hoy por fuerzas disgregadoras a nivel ideológico y práctico. En las familias es cada vez más difícil comunicar, y los raros momentos en los que se está juntos son absorbidos por las imágenes de un televisor". El Papa se atreve a pedir que se apague el televisor para dar lugar al Rosario que "introducirá en la vida cotidiana las imágenes de los misterios que nos salvan". Según el Papa, la Iglesia siempre ha confiado al Rosario "las causas más difíciles", pero al mismo tiempo el relanzamiento del Rosario puede satisfacer esa "renovada exigencia de meditación" que se va difundiendo en occidente.

En el Angelus del 29 de setiembre, Juan Pablo II dijo que "esta oración tradicional, tan sencilla y a la vez tan profunda, constituye un recorrido de contemplación del rostro de Cristo realizado con los ojos de María".

Hay grupos en la Iglesia que también proponen para este Año del Rosario la promulgación de un nuevo dogma mariano que proclamaría a María como corredentora y mediadora de todas las gracias.

En este sentido, el p. Stefano de Fiores, miembro de la Academia Mariana Internacional declaró: "Desde el punto de vista conciliar y ecuménico, no es oportuno proclamar este dogma en este momento. Hay que avanzar primero hacia la unión o una cierta convergencia entre los cristianos para contar con su participación y después examinar si es pertinente proclamar este nuevo dogma."

 

40 AÑOS DEL CONCILIO


A los 40 años de la apertura del Concilio Vaticano II (11 de octubre de 1962), son pocos los protagonistas (exactamente 22 sobre un total de 4.500) que todavía ejercen su actividad pastoral en el mundo. El Papa, que participó de las cuatro sesiones del Concilio, ha querido recordarlos a ellos y con ellos todo el trabajo hecho en aquella histórica asamblea. Para Juan Pablo II, el Concilio sigue siendo "la brújula para los creyentes del tercer milenio y la puerta santa de una nueva primavera de la Iglesia que ya se ha revelado en el Gran Jubileo del año 2000". Para el Papa ese Concilio "marcó el comienzo solemne y universal de lo que hoy es llamada la nueva evangelización".

El Papa también invitó a los católicos de hoy, especialmente a los jóvenes "a retomar en sus manos los documentos conciliares que no han perdido su valor y actualidad; éstos han de ser conocidos y asimilados como textos calificados y normativos del magisterio". Efectivamente hoy el Concilio mantiene su vigencia e inclusive la discusión sobre la fidelidad al Concilio que fue muy fuerte al cumplirse 25 años de su realización, cuando el Papa llamó a un Sínodo para evaluar su herencia (1985), resulta hoy redimensionada. El periodista católico, Luigi Accattoli, comenta al respecto: "En la segunda fase del pontificado de Pablo VI y a lo largo de los 24 años de Juan Pablo II, las reformas fueron primero frenadas y después bloqueadas por el temor a un desvío incontrolable. Pero el espíritu conciliar ha continuado inspirando la vida de la Iglesia y los gestos innovadores de los papas. No todas las semillas conciliares encontraron un desarrollo coherente, pero ninguna de las obras en construcción abiertas hace 40 años ha sido cerrada definitivamente."