La solidaridad

y la

compasión

La vida compasiva es vida descendente.
En una sociedad en la que el ascenso es la norma, el camino descendente no sólo no se estimula,
sino que se considera absurdo,
insano o simplemente estúpido.
¿Quién va a elegir la pobreza
cuando la riqueza está a su alcance?
¿Quién va a estar en la sombra,
pudiendo alcanzar un puesto relevante?
Toda mi vida he estado rodeado
de bienintencionados estímulos para "subir"
y el argumento más corriente era: "Puedes hacer
mucho bien a gran número de personas".
El descenso, el acercamiento a los que sufren
para compartir su dolor, parece algo
más bien masoquista y morboso.
Si nos atenemos a lo que nos dicen los medios de comunicación,
la alegría vendría del éxito,
de la popularidad y del poder. Sin embargo,

la alegría que da la compasión
, es uno
de los secretos mejor guardados de la humanidad.
Es un secreto conocido por muy pocos, un secreto
que es menester redescubrir una y otra vez.
Cuando vine a Daybreak, la comunidad
con discapacitados mentales, me pidió que
me ocupara unas horas de Adam, uno de
los miembros minusválidos de la comunidad.
Cada mañana tenía que levantarlo de la cama,
bañarlo, afeitarlo, lavarle los dientes, peinarlo,
vestirlo, llevarlo a la cocina, darle el desayuno,
y llevarlo al lugar donde pasaba el día.
Las primeras semanas tenía mucho miedo de
hacerlo mal o de que le diera un ataque epiléptico.
Pero poco a poco, me fui relajando y empecé
a disfrutar de nuestra rutina diaria. Con el paso de las semanas,
me sorprendió la impaciencia con que
esperaba las dos horas que pasaba con Adam.
Siempre que pensaba en él durante el día, me sentía
agradecido por tenerlo como amigo,
aunque él no pudiera hablar
ni hacer ningún signo de agradecimiento...
El tiempo que pasaba con Adam
se había convertido en el más precioso del día.
En una ocasión me visitó un amigo y me preguntó:
"No crees que podrías emplear mejor tu tiempo
que estando con ese minusválido?
¿Para eso estudiaste una carrera?"
Yo me di cuenta de que no podía
explicarle la alegría que Adam me proporcionaba.
Tendría que descubrirlo por sí mismo.

Henri Nouwen