El libro de Samuel

Buscando un Rey elegido por Dios

Aunque está dividido en dos, el libro de Samuel es uno solo y tiene como objetivo, hablarnos sobre cómo se creó el Reino de Israel, y cómo Israel llegó a ser un solo reino unido.

Forma parte de la "Historia Deuteronómica", llamada así porque fue escrita desde el siglo VIII antes de Cristo y a partir de la visión de la historia y el destino de Israel que plantea el libro del Deu-teronomio.

Esta historia es contada desde el Deuteronomio mismo que resume la época de la travesía en el desierto. Luego continúa en Josué que nos narra cómo el pueblo bajo la dirección del caudillo israelita que da nombre al libro, llega a la tierra de Canaán y se empieza a establecer en ella.

El libro de los Jueces nos habla sobre la conquista posterior de Palestina, y la lucha del pueblo por conservar su lugar en el país siendo libre.

Cuando los libros 1 y 2 de Samuel se escribieron y terminaron de compilar, el reino, unido bajo la égida de Saúl y David, ya estaba dividido en dos reinos, el del Norte con capital en Samaría llamado Israel, y el del Sur, gobernado por los descendientes de David, llamado Reino de Judá, con capital en Jerusalén.

El personaje que le da nombre al libro es Samuel, el último de los jueces, que más que un gobernante es un profeta de gran prestigio, al que todas las tribus escuchan con respeto. El liderazgo de Samuel es político pero también es religioso, es un profeta de Dios que al igual que Moisés supo mantener unido en torno a su autoridad al Pueblo de Israel.

Contenido del libro

Cuando empieza el libro, Israel todavía no es dueño de la tierra de Canaán, pero sus tribus ya se han acostumbrado a la vida campesina y sedentaria, luego de haber sido pastores errantes. Instalados en los cerros, deben retroceder ante las incursiones de los pueblos filisteos que viven en la fértil llanura de la costa, en sus ciudades: Gat, Azoto, Gaza, Ascalón y Acarón.

Esta historia de cómo Israel llega a dominar este territorio y establecer un reino unido está protagonizada por el mismo pueblo, pero agrupado en torno a tres líderes.

El primero es Samuel, el último de los jueces pero también por lo que se sabe un gran profeta, que desde niño recibió el don de escuchar al Señor (1Sam 3).

Su nacimiento es milagroso y va precedido de la oración a Dios de su madre angustiada a causa de su esterilidad. Al nacer su hijo, Ana, la madre de Samuel, entona un cántico similar al de María, la madre de Jesús (1Sam 2.1-10; Lc 1,46-55) en el cual presenta a Dios como el liberador de su Pueblo, que toma partido por los humildes.

Su nacimiento marca un hito importante en la historia de Israel. Dios se muestra fuertemente en este hombre que va conduciendo al pueblo a la unidad y que termina entregándoles un rey elegido por Dios. Sin embargo, les previene que el rey elegido no podrá creerse dueño del pueblo sino el ungido de Dios (Mesías en hebreo, y Cristo en griego) y su servidor. El rey no está por encima de la Ley de Dios sino que debe servir al Señor y a su pueblo.

Saúl, de la tribu de Benjamín, es elegido rey. Su elección se parece notablemente a la de un juez, e incluso el Consejo de tribus (institución de la época de los jueces) confirma la elección de Dios (1Sam 10,20-27).

Saúl, sin embargo, no responde a las esperanzas que Dios y el pueblo tenían sobre él, y desobedeciendo a Dios provoca el rechazo del Señor.

Dios elige por medio de Samuel a un nuevo ungido, a David, que al principio será perseguido por Saúl y tendrá que exiliarse pero esta experiencia le servirá para templar su fe y su fidelidad a Dios.

David se gana el corazón del Pueblo y de Dios a causa de su amor a su pueblo y su fe sincera (2Sam 6,20-22) No era un santo, e incluso abusó del poder cometiendo adulterio y asesinato (2Sam 12,1-15). Pero su fe y su arrepentimiento conmovieron a Dios y al pueblo.

David pasa a ser el modelo del rey "bueno" que sirve al Señor y a su pueblo escuchando sus problemas y poniéndose a su servicio. Cuando los reyes se vuelvan déspotas o Israel pierda su independencia política, el pueblo ubicará la figura de este rey para imaginar al Mesías y al tiempo mesiánico en el cual Dios se manifestará liberándolo (Isaías 11,1-10).

El mismo nombre de Cristo o Ungido (relacionado con el rito de la coronación de un rey, en la que era ungido con aceite de oliva perfumado: 1Reyes 1,28-40) pasará a designar al Salvador esperado. Según la promesa que hicieron el profeta Natán y los demás profetas, el Cristo-Mesías será descendiente del rey David. El rey David, un pecador arrepentido, pero sensible al llamado de Dios, es el depositario de las promesas hechas a Abraham (1Sam 7,1-17).

Él es quien derrota a los filisteos, y concluye con éxito la conquista de Canaán para Israel.

Por eso el Mesías esperado será efectivamente descendiente de David, y nacerá en Belén, pueblo del que era oriundo el rey (Lc 1,26-28; Mi 5,1; Mt 2,1-12; Mt 1,1-25).

 

Eduardo Ojeda

 

 

El servicio de la Autoridad

Una dimensión muy particular de la vida de comunidad es el servicio de la "autoridad". Todos tenemos una larga experiencia de relaciones con figuras de autoridad (padres, profesores, sacerdotes...) y tenemos experiencia de ser figura de autoridad; pero es importante preguntarnos mucho sobre este tema.

Autoridad viene del latín "augere", aumentar, hacer crecer, dar vida, desarrollar, crear (la misma raíz que autor, autorizar...). Es paternidad, vigor, ternura. Nuestra primera mirada está puesta en Jesús. Él tenía autoridad pero no autoritarismo. Enseñaba y corregía con amor, cuidaba, decidía , dialogaba... todo lo hacía con misericordia... Tenía un poder extraordinario.

Tener autoridad es tener poder, es decir fuerza para influir en otros (en sí no es bueno ni malo; depende de cómo lo uso, con quién y para qué...).

En todas las relaciones humanas siempre hay un componente de poder: por ej:

- el que sabe - el que ama

- el que tiene contactos - el más sano

- el que miente - el que tiene dinero

- el que seduce - el que es fuerte....etc.

Hay un poder de dominar y mandar (ej. militares); hay un poder ejecutivo y eficiente (ej. empresarios o comerciantes) pero el verdadero poder es el del servicio, un don para los demás. El uso correcto del poder siempre respeta la libertad del otro y provoca participación; por eso siempre va a ser un servicio.

Autoridad es entonces poder de servicio.

Características de las personas con autoridad:

1. Enseña: propone, desafía a aprender, impulsa la creatividad, educa (educere= sacar afuera), anima (hace descubrir el alma, el sentido de las cosas).

2. Cuida: apoya, acompaña, escucha, permite la rebeldía, sana...

3. Corrige (no castiga), confronta, pone límites, señala lo inadecuado...

4. Decide: tiene la responsabilidad última, asume su responsabilidad. (Si nadie manda se cae en un nuevo autoritarismo).

5. Evalúa: saca la cuenta: analiza los logros y los fracasos...

6. Delega: no puede hacerlo todo, descubre la habilidad de otros...

7. Une, concilia tiene vocación de unidad...

8. AMA, su fin último es el respeto y el bien del otro.

PARA REFLEXIONAR

¿ En mi experiencia a quiénes reconozco como personas con autoridad?

¿ Qué me cuesta más y qué hago mejor de los 8 pasos indicados?

¿ Cómo me relaciono con las otras personas que tienen autoridad?