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MADRE TRÁNSITO
CABANILLAS
La santa de la canastita
Tránsito Cabanillas nació el 15 de agosto de 1821 en la estancia Santa Leocadia, en lo que hoy llamamos Villa Carlos Paz, junto al Lago San Roque (Córdoba). Los padres, Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez, eran de admirable vivencia cristiana. Cuando niña manifestó no sólo devoción, sino también coraje. En una visita que su familia hizo a la familia de un comisario, la niña se dio cuenta que en el calabozo había un preso, al cual, para que no se escapara escarbando las frágiles paredes de adobe, le habían puesto un cepo. La niña se apiadó del hombre, y no sólo le llevó un plato de sopa y una jarra de agua, sino que también lo liberó del tormento. Tránsito fue colaboradora devota en la obra de los Ejercicios Espirituales, infatigable catequista de la parroquia, Terciaria Franciscana al servicio de los enfermos, abnegada enfermera durante las terribles epidemias del cólera en 1867 y de la fiebre amarilla en 1871. Intentó responder a la llamada vocacional entrando primero entre las Carmelitas de Buenos Aires y, después, entre las Hermanas de la Visitación de Montevideo (Uruguay), pero la enfermedad la obligó a salir del claustro. El año 1878 fue el de la fundación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas . Agustín Garzón le donó una manzana de terreno en el barrio de San Vicente de Córdoba. Con el dinero que le dejó en herencia su hermano sacerdote Emiliano y con algunos recursos personales, la Madre Tránsito comenzó la construcción de un pequeño convento, al servicio de la niñez desvalida. Poco a poco el Instituto progresó, se expandió y fundó el Colegio de Río Cuarto y el de Villa Nueva (Córdoba). Las niñas vivían de las ayudas que la madre Tránsito o algunas hermanas reunían con sus canastitas todos los días. Pero una denuncia anónima hizo que la Policía prohibiera la mendicidad. Llegaron a oídos del obispo Mamerto Esquiú las dificultades de las Hermanas y de las niñas. Y él las visitaba a menudo. Y con las visitas, no sólo les regalaba la alegría de su presencia, sino también alguna ayuda. Una vez el carnicero se negaba a seguir proveyendo la carne, porque el colegio le adeudaba veinte pesos. El p. Mamerto les hizo una visita y, antes de despedirse, entregó un sobre a la Madre, diciéndole: "Para que pague la carne". Poco tiempo después escribió una carta de recomendación a los párrocos de las parroquias del campo, para que brindaran su colaboración. La Madre Tránsito Cabanillas murió santamente el 25 de agosto de 1885, fiesta de San Luis, Rey de Francia, Patrono principal de la Tercera Orden Franciscana. Fue beatificada por Juan Pablo II el 14 de abril de 2002. En Argentina ya se venera a San Héctor Valdivieso y a la beata Laura Vicuña, el primero compartido con España y la segunda, con Chile. La beatificación de la madre Tránsito tiene un significcado particular porque ella nació, creció, vivió, trabajó y murió en su país. |
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