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¿Qué postura tomar frente a los escándalos en la Iglesia? Muchos católicos quisieran hablar del tema de los escándalos de los sacerdotes condenados por abusos sexuales, pero por un falso respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, no lo hacen. Yo creo que hay que atacar el asunto de frente y con total transparencia. Antes que nada, Jesús mismo entre sus amigos más íntimos tuvo alguien que lo traicionó. Este hecho fue asumido por la primera Iglesia, pero si este escándalo hubiera sido lo único en lo que los miembros de la Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría acabado de existir antes de comenzar a crecer. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once gracias a cuya labor, predicación, martirio y amor a Cristo nosotros estamos aquí. Los medios de comunicación casi nunca prestan atención a los once, es decir a la gran mayoría de aquellos que permanecen fieles y viven una vida de silenciosa santidad. El escándalo no es nada nuevo para la Iglesia. Hubo épocas peores que ésta y fue en esas épocas cuando Dios suscitó a los más grandes santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. La rebelión protestante se dio fundamentalmente como reacción a la corrupción que había en la Iglesia. El papa Alejandro VI tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas y llevó a cabo acciones violentas contra aquellos que consideraba sus enemigos. Muchos obispos y curas vivían una vida burguesa y licenciosa, pero Dios suscitó en esa época a san Francisco de Sales, a San Carlos Borromeo y a muchos otros santos. Por otra parte, la fecundidad de la Palabra de Dios y de los sacramentos no dependen de la santidad personal del sacerdote, sino de nuestra fe en Cristo que actúa a través del sacerdote sea como sea. Los sacerdotes son humanos y caen en pecado como cualquier ser humano. Aún así estos escándalos son como un perchero donde muchos tratan de colgar su justificación y sus excusas para no practicar la fe. Muchos dicen: ¿para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia si los llamados elegidos de Dios hacen este tipo de cosas? Es por eso que esta crisis es un llamado para que todos -sacerdotes, religiosos y laicos- nos encaminemos más decididamente hacia la santidad. Estos son tiempos difíciles, pero por lo mismo desafiantes y magníficos porque Dios realmente necesita hoy de nosotros para mostrar su verdadero rostro. Alguna vez Napoleón le dijo al card. Consalvi: "Voy a destruir a la Iglesia". Y el cardenal contestó: "No, no podrá. Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo." El cardenal apuntaba a las promesas de Jesús que iba a proteger a su Iglesia, aún frente a los malos papas, sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia que intentaban destruirla desde adentro. La respuesta de la Iglesia a estos escándalos debe ser clara y múltiple, con una ardua tarea de prevención y formación, de ayuda a las víctimas, etc.; pero sobre todo hay que considerar que Dios a través de estos escándalos puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la Iglesia por el camino de la santidad. Dios quiere que todos los cristianos nos pongamos de pie y como pasó después de la traición de Judas y la huida de los apóstoles, inauguremos unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, donde cada uno de nosotros, después de la purificación y gracias al Espíritu, podamos dar un fuerte testimonio de Cristo. Extractado de una charla
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