No
queremos
acostumbrarnos
Empieza un nuevo año de
este esperado tercer milenio,
y sigue el desafío de recomenzar de nuevo, sin desfallecer.
Hace algún tiempo los muchachos de la Comisión Nacional
de Pastoral de Juventud de Argentina, haciendo el balance
de la difícil situación que vive la gente sencilla,
largaron una carta muy provocadora
que se titula: "No queremos acostumbrarnos".
Allí los jóvenes dicen que frente a un pueblo
que clama justicia, no pueden tolerar la violencia,
ni las viejas formas de silenciamiento.
"No queremos acostumbrarnos a la impunidad
y a la indiferencia. Es imposible permanecer
al margen de la situación creyendo
que son cosas que pasan a los otros..."
La crisis económica ha roto el tejido social;
a la pobreza se ha sumado muchas veces el maltrato,
el desprecio y hasta la represión y la violencia,
manejada ocultamente por los poderes de siempre.
"No queremos acostumbrarnos al tratamiento estadístico
de la exclusión", siguen diciendo los jóvenes.
La pobreza no es cuestión
de índices o cálculos matemáticos.
La pobreza son rostros concretos que claman
por respuestas sociales concretas.
"Es inadmisible
-dicen- la falta de políticas sociales eficaces
que concreten círculos de inclusión permanente".
Y también rechazan cierto discurso pacifista e ingenuo que hace
pensar que la paz es una simple ausencia de guerras y conflictos.
"La peor violencia -dice la carta de los jóvenes- es la que no se
ve.
Y no podemos pensar que ocultar las manifestaciones y protestas
(y hasta prohibirlas) sería una solución
a la existencia de los conflictos de fondo".
Varias veces se repite en la carta el estribillo:
"No queremos acostumbrarnos al enfrentamiento de pobres contra
pobres, víctimas del mismo modelo económico...
No queremos acostumbrarnos a ir continuamente
detrás de los hechos y a llorar sobre la leche derramada...
No queremos acostumbrarnos ..."
Pero en todo esto, su actitud es positiva
porque quieren concretar caminos preventivos,
indicando que la mejor prevención de la violencia
es la definitiva opción por un país
donde la dignidad no sea sólo para unos pocos.
Y firman su carta con ese coraje y dignidad que invocan para todos.
"Somos jóvenes que estamos decididos a levantar
las banderas de la paz, la justicia y la vida.
Somos jóvenes que estamos decididos a levantar nuestra voz
y hacer los gestos, acciones y proyectos necesarios para que en
nuestro país no haya más injusticia o intimidación...
Que Jesucristo, el Señor de la Historia, nos regale el coraje
necesario para ser testigos de su Reino".
En este año nuevo 2003, con estos jóvenes cristianos, todos
podemos reafirmar que no nos queremos acostumbrar...