ENTREVISTA AL P. DELIO RUIZ

La Palabra de Dios crecía

Umbrales conversó con el p. Delio Ruiz, religioso dehoniano, originario del Chaco (Argentina), que partirá en el mes de febrero para la misión en Filipinas. En medio de "un profundo agradecimiento a Dios y a la Virgen" por este llamado, el p. Delio -que integró nuestra redacción durante varios años- comparte con los lectores algunos aspectos fundamentales sobre la misión ad gentes y la vocación misionera.

 

¿Qué sentís en esta víspera de tu partida para la misión en Filipinas?

- Siento la alegría de san Pablo en su carta dirigida a una de sus comunidades que, habiendo recibido la Palabra, la hizo resonar más allá de sus fronteras. En ella dice: "En todas partes se ha difundido la fe que ustedes tienen en Dios" (1Tes 1,8). Esta vivencia eclesial la veo reflejada en nuestra Provincia, especialmente después de celebrar el V Capítulo en el cual se reafirmó la opción misionera, siendo conscientes de los límites y dificultades por las que estamos atravesando.

En este momento me surgen muchos sentimientos en medio de un profundo agradecimiento a Dios y a la Virgen por darme más de lo que yo podría pensar o imaginar. Siento una enorme gratitud hacia la Congregación, la Provincia y hacia todos los que me acompañaron, por lo que me brindaron y lo seguirán haciendo desde la comunión junto con el pueblo de Dios.

 

¿Cómo nació en ti esta vocación misionera?

- Puedo decir que la misión "ad gentes" ha sido uno de los aspectos que más me atrajo durante mi formación inicial en la Congregación Dehoniana y que ha ido creciendo. Es difícil resumir los motivos que me llevaron a presentar al Consejo Provincial mi disponibilidad para la misión en Filipinas y que ha sido recientemente aceptada por Roma.

 

¿Cuáles son entonces, las etapas de este camino de formación misionera?

- Podría destacar algunos puntos que considero motivadores del llamado a la misión y que podrán ayudar a seguir incentivando las vocaciones misioneras. Desde la etapa de mi formación inicial, especialmente en el Teologado, he tenido la ocasión de compartir y profundizar la dimensión misionera "ad gentes" que ofrece el carisma dehoniano juntamente con tantas otras alternativas para vivir el carisma. Creo que desde entonces la posibilidad de la misión no la vivo como un motivo puramente personal, sino que siempre se me dio la ocasión de compartirla con mis formadores y con la comunidad. Cuando recién empezábamos a dar los primeros pasos como Provincia y se hizo la opción por la misión en Filipinas enviando tres misioneros, yo me sentí feliz, como ahora.

Recuerdo también que en la etapa del aspirantado, sobre todo cuando cursaba el 5to. Año en el Seminario menor de La Plata, yo leía con entusiasmo (mientras aprendía el francés) el libro de René Basin sobre Carlos de Foucauld. Aquella lectura también me hacía soñar, aunque sentía que no sería nada fácil la misión en lugares lejanos y extraños.

Haciendo un poco de memoria pienso que no ha sido indiferente para mí haber recibido la primera catequesis por medio de una "hermanita italiana" (de las Ursulinas) en mi siempre recordado "Barrio Leale" (Gral. San Martín, Chaco); y el haber sido acompañado en el camino vocacional también por "misioneros venidos de lejos".

 

Esta inquietud misionera, ¿tuvo en ti algún momento de vivencia especial?

- Sí, en los años que estuve sirviendo pastoralmente en la Arquidiócesis de Resistencia; allí además de compartir la misión en la comunidad formadora y en la parroquia de Villa Chica, el obispo me encomendó que continuara la tarea de animación de las "Obras Misionales Pontificias", como lo venían haciendo mis predecesores. Durante ese período, tuve la oportunidad de participar (con algunos laicos y religiosos) del V Congreso Misionero Latinoamericano realizado en Belo Horizonte (Brasil), experiencia muy valiosa que incentiva el espíritu misionero de las Iglesias locales.

A partir de la experiencia del trabajo de las O.M.P. en Resistencia, fui viendo la importancia de cultivar el espíritu misionero en las comunidades, comenzando por los más pequeños, como es el caso de la Infancia Misionera; eso va comprometiendo también a las familias y a los jóvenes animadores.

 

¿Cómo anunciar la dimensión misionera en la Pastoral Juvenil?

- Las Misiones Juveniles dehonianas en Argentina y Uruguay son un momento privilegiado de formación y anuncio misionero. Esta iniciativa no ha sido ni es una experiencia aislada en las distintas comunidades dehonianas. Son momentos fuertes de vivencia y testimonio juvenil, impulsados especialmente desde las casas de formación y como parte de la Pastoral Juvenil y Vocacional. Sin embargo, quiero destacar otra dimensión fundamental tanto para los jóvenes como para todos los integrantes de las comunidades: es lo que la Biblia llama el "servicio de la Palabra". La Palabra de Dios en la Biblia para poder ser anunciada debe ser estudiada, asimilada y vivida. Para mí personalmente, más allá de toda labor apostólica y como parte intrínseca de ella, creo que el estudio de la Biblia y sus aplicaciones en la enseñanza y la pastoral bíblica, me han ayudado y me seguirán ayudando a profundizar el sentido misionero. "La Palabra de Dios crecía", dice Lucas en el libro de Hechos (cf. Hch 12,24), lo cual expresa una vez más esa dimensión de la comunidad cristiana que vive y crece mediante el Evangelio.

Cuando el 18 de octubre, día de san Lucas evangelista, me dieron la noticia de que el Consejo Provincial aprobó mi disponibilidad para la misión "ad gentes", resonó en mí de manera especial aquel versículo que elegí para el día de mi ordenación sacerdotal: "En tu Palabra echaré las redes" (Lc 5,5).

 

¿Tenés algún ejemplo bíblico de lo que significa para ti la misión?

- La carta a los Tesalonicenses constituye un modelo particular para los que nos sentimos llamados a evangelizar o "re-evangelizar". Nos ofrece un panorama sobre la primera evangelización: encontramos un autorretrato del evangelizador y una explicación de los puntos centrales de la fe y su impacto en la vida de todos los días. Pablo con esta carta tiene fundamentalmente dos objetivos: quiere darle coraje a la comunidad e instruirla acerca de un tema que no pudo aclararle antes: la venida del Señor.

Todo esto hace que el mensaje de la carta sea de gran actualidad. También para nosotros hoy el conocimiento de la fe es débil en muchos aspectos, la esperanza decae, la caridad se apaga, sofocada por un modo, inclusive, por una manera (moda) de vivir. Los temas acerca del "fin del mundo", de la venida del Señor y la situación de los que han muerto aparecen hoy en primer plano, y por varios motivos.

No sólo tomamos conciencia de nuestra finitud, de nuestros límites y los del universo, sino que ignoramos acerca del futuro. Por eso el presente lo es todo pero sin sentido, justamente por falta de futuro. El "final" (el encuentro con Cristo) es en realidad el fin que salva de la insensatez. Si la muerte, límite supremo del hombre, no es comprendida de manera positiva, no hay futuro, no hay presente; sólo queda la obsesiva "memoria de los muertos". Quien no espera nada no tiene esperanza.

 

¿Te sentís acompañado por la comunidad en tu salida "ad gentes"?

- Vuelvo a la Carta a los Tesalonicenses; allí la comunidad cristiana es definida por su "convocatoria" que se origina en la llamada: queda superada la condición individualista en cuanto reunión, y también queda superada la simple relación horizontal hacia los otros en cuanto es una llamada (convocatoria) del "Otro". Principio y fin de la llamada es el Padre de todos los hermanos en el Hijo. Por eso la Iglesia es "una" sobre toda la tierra, único Padre, único Hijo, único Espíritu (cf. Ef 4,4-6), única fraternidad. Pero cada comunidad actualiza y realiza la Iglesia universal: en el amor del hermano cercano, vivo el amor por el Padre que es también amor por todos los demás.

La fraternidad universal se realiza en cada comunidad particular, que en el Padre y en el Hijo tiene el único Espíritu común a todos. Sin la pertenencia a una comunidad concreta, por más pequeña que sea, no hay pertenencia a la Iglesia universal, no hay misión.

 

¿No sentís miedo o el peso de tus límites?

- Instintivamente nosotros nos damos cuenta de aquello que nos falta y no de aquello que somos o tenemos. Ciertamente, somos limitados y finitos, nos faltan infinitas cosas, más aún, carecemos del Infinito. Sin embargo, Aquel que es infinito se nos ofrece justamente en nuestro límite. Lástima que somos rápidos en observar sólo hacia el interior de nuestra "caparazón", de nuestro "kioskito"; y ahí vemos principalmente aquello que no va: ¡Y pensamos que somos realistas! En realidad, somos engañados y nos comportamos como miopes: el dios de este mundo nos ha cegado la mente para que no veamos brillar la luz del Evangelio. El milagro definitivo de Jesús será el de iluminar al ciego (Mc 10,46ss.). Efectivamente, la escucha del Señor sana el ojo, restituye la capacidad de mirar, haciendo ver la realidad de un modo distinto, real.

 

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un buen evangelizador?

- Las cualidades del pastor son el amor y la dedicación (que Pablo compara con el afecto de una madre y de un padre); la disponibilidad al don de sí: "Sentíamos por ustedes tanto afecto (..) deseábamos entregarles nuestra propia vida, tan queridos llegaron a sernos" (v. 8); es esfuerzo incesante y total desinterés: "trabajando día y noche para no serles una carga" (v. 9); la preocupación de anunciar la palabra de Dios, no la propia.

Estas notas sobre el evangelizador no son sólo para los pastores, sino también para todos los que compartimos la pastoral en la comunidad: laicos, religiosos/as, consagrados/as. Se trata de actitudes que deberíamos cultivar sintiéndonos responsables los unos de los otros, para poder vivir la dicha y el compromiso de ser "iglesia", cuerpo de Cristo.