ARGENTINA

"Argentina está en pecado"

Al cumplir 80 años, el obispo emérito de Viedma, Miguel Hesayne, hizo un balance pastoral sobre la crisis argentina, sus responsables y el papel que le corresponde a los cristianos y a la Iglesia en su conjunto.

En un fuerte artículo publicado por "Le Monde Diplomatique" (diciembre de 2002), Miguel Hesayne, hace su análisis partiendo de "la publicidad sensacionalista y enfermiza que se les ha hecho en los medios a la muerte de niñas y niños desnutridos en Argentina". Según el obispo, se trata de "un fenómeno preocupante, pero lo es mucho más el hecho de que no se informe con toda claridad sobre las causas reales de esas muertes. Llama la atención que no se vaya a la raíz de este crimen de genocidio generacional que se viene cometiendo impunemente no sólo ahora sino desde hace décadas". El obispo se queja inclusive de que "los que hoy denuncian esta punta del iceberg, tiempo atrás han silenciado o tachado de ideólogos a los que venían denunciando el volumen y las consecuencias de la hambruna en el país".

"La muerte de un solo niño por desnutrición es una noticia trágica en cualquier tiempo y en cualquier lugar -sigue escribiendo Hesayne-. Pero si ocurre en un país rico como Argentina y las muertes se multiplican por miles, nos encontramos ante un crimen de lesa humanidad". Explica después el obispo que este "genocidio" en uno de los países más fértiles del mundo no es efecto del azar o del destino, sino que se trata de un "pecado social" que tiene responsables con nombre y apellido y es fruto además de estructuras perversas que hay que cambiar. No basta la asistencia que busca paliar el hambre. "Esto que se hace es profundizar la miseria de los argentinos, es fomentar la cultura de la dádiva; la simple beneficencia no es cristiana. Es el invento del sistema capitalista salvaje para contener reclamos justos pero peligrosos para las ganancias del mercado. No es de extrañar que con lo que les sobra, ayuden inclusive a comedores infantiles, de ancianos, etc.."

La Biblia enseña que el Dios de los pobres no se conforma "con el vaso de leche sino que exige que devuelvan la vaca robada".

El obispo describe después las causas que llevaron a esta crisis terminal, partiendo de la dictadura militar con su enfoque económico, con la aparición de la deuda externa, etc.. En la actualidad, hay cien casos de muerte infantil por día a raíz de la desnutrición de familias enteras en un país donde se producen anualmente alimentos para 300 millones de seres humanos (Argentina sigue siendo uno de los tres primeros productores de alimentos per capita en el mundo).

En cuanto a la Iglesia, el obispo expresa que en un país de amplia mayoría católica los cristianos padecen de "esquizofrenia", determinada por el abismo existente entre los valores expresados en sus creencias y sus actos en la realidad concreta. También habla de "pecado de dualismo", es decir, falta de coherencia entre fe y vida. Hesayne piensa que la que vivimos no es sólo una crisis moral sino una crisis de fe cristiana porque en los objetivos, medios y estrategia de nuestros dirigentes (que se dicen cristianos) están ausentes los criterios evangélicos de la Doctrina Social Cristiana". Otra vez vuelve el llamado, lanzado cada vez con más insistencia por distintos pastores, de la necesidad de una formación social de los laicos: "la Iglesia debe formar sólidamente a sus bautizados para terminar con el cristiano ‘nominal’ o del ‘cumplimiento’ con actos piadosos sin incidencia en la vida. Ésta es la nefasta incoherencia de la mayoría de nuestros dirigentes bautizados. Y son los responsables directos del ‘pecado social’ que clama al cielo por la muerte de tantos inocentes. Mi opinión personal es que en Argentina la Iglesia no ha proclamado a los cuatro vientos, como debería haber hecho, la perversidad latente (como un cáncer dormido) del sistema neoliberal vigente".

Hesayne denuncia después que en la misma Iglesia hay grupos y organiza-ciones empresariales "cristianas" que aceptan tranquilamente la doctrina neoliberal como también hay sectores de la educación católica indulgentes con la praxis neoliberal ya que debido a la actual globalización "no se puede hacer otra cosa".

Por eso el obispo termina haciendo un llamado sobre todo a los jóvenes cristianos para que vayan promoviendo desde el mensaje liberador de Jesús y a través de una catequesis socio-política, nuevos ministerios en la Iglesia que estén realmente al servicio del pueblo, de los creyentes y de los no creyentes.