JUAN PABLO II:

El Papa contra la guerra en Irak

"La guerra nunca es una fatalidad y siempre es una derrota de la humanidad", dijo el Papa hablando el 13 de enero a los 174 embajadores acreditados en el Vaticano e hizo explícita referencia a Irak y a la dramática perspectiva que una guerra abriría "para aquellas poblaciones ya extenuadas por más de 12 años de embargo". Y añadió: "No se puede recurrir a la guerra aun si se trata de asegurar el bien común; y en todo caso debe ser una extrema posibilidad y con rigurosas condiciones".

Sobre la teoría de la "guerra preventiva", la revista de los jesuitas que refleja normalmente el pensamiento del Vaticano, "Civiltá Cattolica", comenta: "No puede ser aceptada, porque tendría al mundo en un estado de guerra permanente... Que los Estados Unidos piensen en llegar a ser guardianes de la paz amenazando intervenir en todas partes, sería una peligrosa ilusión destinada al fracaso y a una prolongación de guerras sin fin". Más explícito aún fue el obispo Renato Martino, presidente de Justicia y Paz: "Defenderse de un ataque es un derecho de todo país, pero la guerra preventiva es guerra de agresión y no de defensa; no es guerra justa ni puede considerarse guerra del bien contra el mal". El secretario de Estado, card. Angelo Sodano, a su vez se preguntaba "si los norteamericanos no habían aprendido nada de la guerra del Vietnam" y advertía sobre el peligro de irritar "profundamente a mil millones de musulmanes. El choque de civilizaciones es mal presentado por algunos como si fuera inevitable... Con las guerras se sabe como se comienza pero no se sabe como se termina", añadió el Secretario de Estado.

Trascendió que el Vaticano, si fuera necesario, recurriría a una mediación de último momento como sucedió en 1962 con la crisis de los misiles en Cuba por parte de Juan XXIII. Si la guerra del Golfo produjo más de 200 mil muertos (en su gran mayoría civiles, mujeres y niños), esta guerra que no presenta justificación plausible alguna, excepto los intereses petroleros y geopolíticos, puede transformarse en aquella zona en una catástrofe. Detrás de esta política guerrera, se avizoran otros objetivos siempre en nombre de la lucha contra el terrorismo y de un sueño imperial, que Juan Pablo II está dispuesto a enfrentar.

El card. Roger Etchegaray, enviado de paz de Juan Pablo II, llegó el pasado 11 de febrero a Bagdad, consciente de que su misión se encuentra "al límite de la esperanza". Así lo explica el mismo cardenal, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, que entregó al líder iraquí una carta firmada por el Papa en la que le invita a una efectiva cooperación internacional, basada en la justicia y en el derecho internacional. "El objetivo del Papa consiste en apoyar todos los esfuerzos que se están haciendo por doquier para salvaguardar la paz tan necesaria, asegura el cardenal. "La guerra sería una catástrofe bajo todos sus aspectos".

 

"Vademécum" del político cristiano

La Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dado a conocer un documento titulado "Nota Doctrinal acerca de algunas cuestiones respecto de la conducta de los católicos en la vida política". El documento ha sido definido por la prensa internacional como un tratado o vademécum para el político católico, pero en realidad expone normas relativas a algunos temas muy particulares y específicos, sobre todo de bioética. En lo que tiene que ver con el compromiso social y político de los católicos, se remite a la Doctrina Social de la Iglesia. Con este documento el Vaticano pone de manifiesto su preocupación por evitar que el relativismo ético que se difunde hoy en la sociedad postmoderna y consumista haga mella en los católicos. Las autoridades de la Iglesia vuelven a insistir sobre la defensa de la vida humana en toda su amplitud, el respeto y los derechos del embrión humano, la tutela y promoción de la familia "fundada sobre el matrimonio monogámico entre personas de distinto sexo".

También se añaden a la lista de "exigencias éticas fundamentales e irrenunciables" la libertad de educación para los padres, la tutela social de los menores, el derecho a la libertad religiosa, una economía al servicio de la persona y del bien común, el tema de la paz; pero a estos últimos temas esenciales se les dedica poco espacio, porque la preocupación principal se concentra sobre los primeros y se les pide a los políticos que se dicen católicos que sean coherentes como Santo Tomás Moro, patrono de gobernan-tes y políticos, que testimonió hasta el martirio "la dignidad inalienable de la conciencia, ya que al hombre no se le puede separar de Dios, ni a la política de la moral". El documento acepta una legítima pluralidad de opciones políticas para los católicos, pero en cada partido ellos deben ser levadura evangélica y tienen la obligación de oponerse (objeción de conciencia) a las leyes cuando sean perjudiciales para la vida humana y la familia.