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HNA. CARMEN M. FAGOT, PRESIDENTA DE LA CLAR Por el "Camino de Emaús"
¿A qué desafíos se enfrenta hoy la CLAR como institución encarnada en la vida latinoamericana? - Tras más de 40 años, sentimos que la CLAR tiene que repensarse como institución, "refundarse" y reformular su ser como actor social. Éste es nuestro principal desafío: ser capaces de influir en la vida de nuestros países... Se espera mucho de la vida religiosa latinoamericana en diferentes ámbitos. Es importante abrir puertas y ventanas para tener más relación con la sociedad civil, porque la vida religiosa está buscando comprometerse más con ella. Aparte de su función animadora, se espera que la CLAR se pronuncie en momentos concretos: por ejemplo, ahora en Colombia, ofreciendo todo su apoyo a los religiosos que trabajan en el país. Un desafío de la CLAR es la animación de la vida religiosa, ser facilitadora de procesos que nos ayuden a ir a los fundamentos esenciales y a recuperar el sentido de nuestra vida y de nuestra misión en la sociedad. Y es algo que no sólo lo está pidiendo el pueblo, sino los mismos religiosos y religiosas, que estamos en una búsqueda de sentido para descubrir lo que significa hoy el seguimiento de Jesús y la centralidad del Reino. El desafío es grande: cómo crear redes que contribuyan a poner en común tantos brotes de esperanza y vida nueva como hay en América Latina. Y, por fin, a la vez que se recoge esa vida, devolverla con una lectura teológica, con intuiciones que pongan en palabras lo que la gente vive. Y como Iglesia, ¿cuáles son ahora mismo sus prioridades? - Nuestro gran reto es la comunión. La Novo Millennio Ineunte dice que la Iglesia es casa de diálogo y comunión. La vida religiosa tiene una experiencia de fraternidad y convivencia que le debe ayudar a buscar espacios de diálogo sencillo, de igual a igual, en relaciones de reciprocidad, y no asimétricas. Y como parte de la Iglesia, y animados por un deseo de mayor participación, debemos promover este diálogo, también con la jerarquía, porque todos tenemos algo que decir. Es muy importante promover el diálogo con la vida del pueblo. Si estamos impulsando procesos para que la gente tome más conciencia de su ciudadanía, nosotros, como religiosos y religiosas, deberíamos tener una mayor conciencia ciudadana.
- La vida del pueblo ha empeorado, cada vez hay más pobres. Hay informes que hablan de 70 millones de brasileños que pasan hambre, de 10 millones de colombianos, de la hambruna de Centroamérica, de Perú, del Caribe, de Haití... Está también la migración. ¡Se me tuerce el corazón al ver tanta gente desplazada! Y ahí está otro reclamo para la vida religiosa: acompañar a esos emigrantes. Otra cuestión son los niños de la calle... ¿Se han producido también cambios en la Iglesia? - La Iglesia, como pueblo de Dios, ha vivido un proceso de cambio. Por un lado, se observa una cierta tendencia espiritualista en muchos grupos, como tratando de huir de la realidad, en contraste con la etapa anterior, que tuvo muchos fallos pero que apostaba por la transformación. Por otro lado, dentro de la misma vida religiosa, han surgido muchos grupos nuevos que tampoco tienen una mentalidad transformadora ni de compromiso histórico, más bien con esa misma tendencia espiritualista o muy rígida. Y en cuanto a la Iglesia jerarquía, las personas que hicieron un proceso en Medellín y Puebla ya están mayores... Hoy además, la formación tampoco va por esa línea, por la renovada opción por los pobres, que es la opción por Jesús. De ahí que la CLAR insista en la importancia de renovar esa opción en las nuevas situaciones. ¿Qué pretendía la CLAR cuando convocó en el año 2000 un concilio de la vida religiosa? - Quizá se pensaba en
un concilio como el de Taizé, que es un proyecto de búsqueda, para que
las conferencias nacionales se animaran a ese proceso y cada cual lo
celebrara según sus posibilidades y lo fuera descubriendo en el camino.
Nunca pensamos que el término "concilio" pudiera traer
polémica. Algunas conferencias incluso lo cuestionaron después de que
lo hubiéramos decidido así en la Asamblea, porque les parecía algo
muy jurídico y querían algo más libre, y no porque fuera a dictaminar
leyes, sino porque resultaba muy canónico. Desde Roma también nos
pidieron que no se utilizara el término "concilio", porque
tenía una connotación jurídica y quien convoca en la Iglesia
Católica a concilio es el Papa. Finalmente, tras algunas ¿Qué supone exactamente esta re-fundación de la vida religiosa? - Es un proyecto de fidelidad creativa... La vida religiosa está en búsqueda, y esta iniciativa ha traído esperanza, porque después de muchos años, como todo grupo, se estabiliza y se estanca, y quizá pierde sentido. Pero el estar en camino ha dado mucha fuerza. La vida religiosa ha tendido a que cada quien esté en su rincón. Sin embargo, aquí se ha invitado a toda la vida religiosa a que comparta temas y respuestas en esa búsqueda. Y esta experiencia está siendo muy positiva, porque ha generado deseos de emprender acciones conjuntas. Hablemos de sus líneas programáticas para estos años: ¿sigue pasando la opción por los pobres por la Teología de la Liberación? - Hay una reformulación de la Teología de la Liberación. Se abrió un camino y se ha ido enriqueciendo y, por tanto, reformulando. Desde la CLAR se ha hecho una reflexión de la opción por los pobres y ahora parece que se retoma en mayor profundidad el hecho de que esa opción por los pobres es una opción por Jesucristo. Jesús tiene el corazón en el Padre y en el pobre del Reino. Por tanto, nosotros que optamos por Jesús, optamos por los pobres, y con ellos y en el Padre ha de estar nuestro corazón. Y es lo que estamos reflexionando y queremos seguir animando de manera más explícita. En cuanto a los jóvenes, otra de sus prioridades, ¿su apuesta de diálogo con ellos se traduce en vocaciones? - Depende de los países, pero hay un gran reto para la vida religiosa: el diálogo intergeneracional, conocer más el mundo de los jóvenes. En la mayoría de nuestros países sigue habiendo muchas vocaciones, pero la postmodernidad nos cuestiona: ¿cómo es el joven que llega a la vida religiosa?, ¿qué se encuentra? Las características del joven de hoy a veces no coinciden con las de la institución, y eso supone un gran desafío para la vida consagrada: cómo entrar en diálogo y ayudar al joven a que fundamente su vida en el Reino. La actual situación política, cultural, ideológica es de una fragmentación muy fuerte, que no sólo viven los jóvenes. ¿Cómo se puede dar una experiencia de Dios en un mundo así? En muchos sitios los jóvenes que se acercan a la vida religiosa proceden del mundo rural y deben (y debemos) cambiar nuestra mentalidad. ¿Cómo llevamos a cabo esa interrelación?, ¿por qué el joven urbano no se acerca a la vida religiosa? Luego, está la cuestión del compromiso. Un joven busca un compromiso más temporal. De hecho, nos estamos planteando la apertura de la vida religiosa a que los jóvenes tengan experiencias de consagración temporal, tan válidas como las que tiene una consagración de por vida, o cómo lograr que en ese proceso de acompañamiento y diálogo el joven vaya descubriendo la capacidad de compromisos más estables.
- Estamos tratando de acompañar a hombres y mujeres para que tomemos conciencia de nuestra dignidad, y vamos descubriendo una relación de reciprocidad. En las distintas conferencias de religiosos y religiosas hay comisiones que siguen trabajando para promover grupos de reflexión y compromiso que sigan ayudando en ese proceso de toma de conciencia de género. Asimismo, el proyecto de recuperar la memoria histórica de la vida religiosa femenina verá la luz este año. Si la mujer hoy está ocupando el lugar del hombre, de servicio y de liderazgo en otros ámbitos, se supone que en la vida religiosa también tenemos que hacer ese proceso. Y las religiosas tenemos que hacer aún ese camino y ser conscientes de nuestra dignidad para poder también pedir espacio y ganarlo dentro de la Iglesia. Su nombramiento es bastante significativo en este sentido. - Sí. Durante mi elección había un sentir en la asamblea de que fuera una mujer o un hermano, y cada vez hay más presidentas en las conferencias nacionales, porque son personas que están capacitadas para prestar esos servicios. Digamos que se va por el buen camino en ese proceso de desconstrucción del machismo que tenemos interiorizado. Y una gran preocupación que tenemos ahora mismo es la "parroquialización" y la "clericalización" de los religiosos varones: se ha puesto más el énfasis en sus servicios en la parroquia que como parte que son de la comunidad, y ahí tenemos un reto. Supongo que el fenómeno de la secularización ha empezado a dejarse sentir también en América Latina. Pese a todo, ¿ha llegado por fin la hora de los laicos y laicas? - En las comunidades religiosas hay una inquietud creciente por compartir nuestra vida y carisma con los laicos y laicas. Y hay también un aprendizaje por nuestra parte. En cuanto a la CLAR, se ha centrado más bien en la "eclesialidad": en los nuevos lazos que se establecen en el seno de la Iglesia, dónde se sitúan los laicos, cuáles son las relaciones con los nuevos sacerdotes, con las personas de la sociedad civil... Aunque éste sea el milenio de los laicos, me parece que queda mucho por caminar, también para las religiosas en general. Muchas no tienen una formación intelectual que se pueda equiparar a la de los laicos, y eso crea inseguridad. Por eso, les he insistido a los obispos que promuevan grupos que animen a las religiosas a que se formen. Porque si no hay una formación adecuada, se siente uno más inseguro y se sigue perpetuando una relación de sumisión. La última de sus prioridades recuerda la necesidad de una espiritualidad encarnada. ¿El trabajo pastoral ha dejado en segundo plano el fundamento espiritual de la vida religiosa? - Con Emaús hemos insistido en nuestro deseo de ir al fundamento de nuestra vida. La vida religiosa tiene tres puntos irrenunciables: la experiencia de Dios, la persona y la comunidad, y el compromiso histórico de transformación. Y en la medida en que profundicemos en los tres aspectos interrelacionados, iremos recuperando cada vez más nuestra identidad. Hemos caído en muchísimo activismo, queriendo servir al pueblo y sus necesidades, sin pensar que la gente no sólo espera más escuelas, dispensarios, hospitales... Por encima de todo, esperan a la persona que le recuerda que Dios está ahí, en la cercanía, en la escucha, en el caminar juntos.
(Extractado de José Luis Celada, en "Vida Nueva", n. 2.356) |
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