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Reducción guaranítica Talla de madera, de 1.09
m. Seguimos visitando las tallas de madera guaraníticas conservadas en el museo de la Misión de Santa María, una de las más importantes Reducciones promovida en el 1600 por los jesuitas en Paraguay. Nos guía en la reflexión el almanaque publicado por el p. Aldo Trento, ilustrado con hermosas imágenes de estas antiguas esculturas. Esta imagen de una expresividad impresionante, representa a "Cristo atado a la columna" en el momento de ser azotado por los soldados. Contemplando este rostro sufriente y al mismo tiempo sereno y pacificador, el espectador atento se deja invadir por la conmoción y el estupor. No podemos dejar de sentir el drama lleno de amor, de ternura y de misericordia, del inocente perseguido injustamente. Se comprenden entonces las palabras que la liturgia pone en boca de Jesús el Viernes Santo. "¡Pueblo mío!, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he ofendido?"
El rostro de Cristo no expresa ninguna amenaza, ninguna amargura, sino una ternura que respetando la libertad de cada uno, pide con un hilo de voz: "Respóndeme". Lo que particularmente sorprende en las tallas barrocas de esta Reducción, es el realismo expresivo y el color. Delante de este rostro en el cual lo divino asume toda la miseria humana en un dolor único y profundo por motivo de la ingratitud humana, un dolor lleno de misericordia, es imposible no ponerse de rodillas y pedir perdón reconociendo que este rostro lleno de sangre, lo único que me pide es que reconozca mis culpas y mis límites. En las reducciones jesuíticas el misterio de la pasión y muerte de Jesús eran vividos con una intensidad profunda porque los indígenas convertidos, los cristianos, experimentaban toda la propia debilidad y toda la ternura de un Dios que entró en el mundo asumiendo en sí mismo todas las fragilidades de la humanidad.
Estas tallas representan algo similar al famoso "Jesús de la Paciencia", un Cristo humilde y callado que soporta la burla de los soldados después de la flagelación, con actitud paciente, pero como sabemos muy bien, para nada resignada. Estas imágenes de dolor y de esperanza nos hacen comprender la visión del mundo de los pueblos indígenas y mestizos que abrazaron la fe cristiana en el continente latinoamericano. También nos permiten comprender por qué hasta hoy en la cultura de nuestros pueblos, la Semana Santa es el corazón del año litúrgico y es sentida tan hondamente.
Q. R. |
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