Cristo
en la columna

Reducción guaranítica
de Santa María de Fe (Paraguay)

Talla de madera, de 1.09 m.

Seguimos visitando las tallas de madera guaraníticas conservadas en el museo de la Misión de Santa María, una de las más importantes Reducciones promovida en el 1600 por los jesuitas en Paraguay. Nos guía en la reflexión el almanaque publicado por el p. Aldo Trento, ilustrado con hermosas imágenes de estas antiguas esculturas.

Esta imagen de una expresividad impresionante, representa a "Cristo atado a la columna" en el momento de ser azotado por los soldados. Contemplando este rostro sufriente y al mismo tiempo sereno y pacificador, el espectador atento se deja invadir por la conmoción y el estupor. No podemos dejar de sentir el drama lleno de amor, de ternura y de misericordia, del inocente perseguido injustamente. Se comprenden entonces las palabras que la liturgia pone en boca de Jesús el Viernes Santo. "¡Pueblo mío!, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he ofendido?"

Aquel rostro sangriento, de ojos grandes, que miran a cada ser humano que quiera contemplarlo, a cada uno de nosotros, quiere decirnos que somos suyos, que somos su pueblo, a pesar de tantas injusticias y atropellos. Pero al mismo tiempo no deja de preguntar a cada uno: "¿Qué te he hecho, para que me trates de esta manera? ¿En qué te he ofendido?"

El rostro de Cristo no expresa ninguna amenaza, ninguna amargura, sino una ternura que respetando la libertad de cada uno, pide con un hilo de voz: "Respóndeme".

Lo que particularmente sorprende en las tallas barrocas de esta Reducción, es el realismo expresivo y el color.

Delante de este rostro en el cual lo divino asume toda la miseria humana en un dolor único y profundo por motivo de la ingratitud humana, un dolor lleno de misericordia, es imposible no ponerse de rodillas y pedir perdón reconociendo que este rostro lleno de sangre, lo único que me pide es que reconozca mis culpas y mis límites. En las reducciones jesuíticas el misterio de la pasión y muerte de Jesús eran vividos con una intensidad profunda porque los indígenas convertidos, los cristianos, experimentaban toda la propia debilidad y toda la ternura de un Dios que entró en el mundo asumiendo en sí mismo todas las fragilidades de la humanidad.

Otra talla en el museo de Santa María nos muestra a "Cristo orando en el Getsemaní", que representa otro momento doloroso de la pasión del Señor. Aquí, al color y a la expresión, se une el movimiento de la figura que quiere subrayar el intenso dolor de la agonía consciente de Jesús. Los ojos están fijos en el cielo, para indicar la plena sumisión a la voluntad del Padre. Los labios están entreabiertos y las manos parecen estar esperando una respuesta. La súplica de Jesús parece resumir el grito y la angustia de todo el pueblo que anhela una respuesta de Dios. Dios responde justamente por medio de Jesús, que en su entrega total por amor muestra el camino de liberación; una entrega de amor consciente, que no es ni pasiva ni resignada. Una entrega de amor sufrida y valiente que invita al respeto, a la dignidad y a la lucha de cada ser humano, aun en los momentos más dolorosos y difíciles.

Estas tallas representan algo similar al famoso "Jesús de la Paciencia", un Cristo humilde y callado que soporta la burla de los soldados después de la flagelación, con actitud paciente, pero como sabemos muy bien, para nada resignada. Estas imágenes de dolor y de esperanza nos hacen comprender la visión del mundo de los pueblos indígenas y mestizos que abrazaron la fe cristiana en el continente latinoamericano. También nos permiten comprender por qué hasta hoy en la cultura de nuestros pueblos, la Semana Santa es el corazón del año litúrgico y es sentida tan hondamente.

 

Q. R.