BRASIL:

Otro país es posible

Del 23 al 28 de enero se realizó en Porto Alegre por tercer año consecutivo el Foro Social Mundial (el año próximo se celebrará en la India). Cien mil militantes de todos los continentes participaron de esta gran asamblea que busca una nueva orientación para la política y la economía en el mundo globalizado de hoy: hubo, además de los laicos, muchos teólogos, religiosos y hasta obispos que se hicieron presentes en forma activa, ya que inclusive algunos de ellos desde los comienzos estuvieron entre los promotores del Foro.

Fue notable la presencia del presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña, don Chemello. Según el obispo brasileño Demetrio Valentini, la mayoría de los cristianos que pertenecen a este movimiento provienen de las comunidades eclesiales de base, de los organismos de pastoral social, de Cáritas. Afirma el obispo: "Queremos que la utopía de un mundo distinto se traduzca en la realidad. La Iglesia no puede ignorar a estos buscadores sean o no cristianos, debe escucharlos y darles su ayuda para encontrar el sentido y las motivaciones profundas del camino. Tenemos que trabajar con los que comparten nuestra preocupación social, el compromiso con los pobres, el deseo de una mayor justicia social y la superación del modelo neoliberal"... Deuda externa, solidaridad internacional, impuesto sobre la especulación financiera, reforma de la ONU, ecología, condena de la guerra, etc.; fueron algunos de los temas que se discutieron y a los que se les intentó dar nuevas respuestas.

Por otra parte, la Conferencia Episcopal Brasileña (CNBB) ha acompañado, para usar las palabras del obispo Raymundo Damasceno Assis, "con interés y responsabilidad el proceso electoral" del año pasado, esperando que el país con el actual gobierno vaya hacia "nuevos caminos" ya que el pueblo desea "cambios profundos", pero a la vez no quiere alimentar "ilusiones" por la complejidad de los problemas.

Los obispos brasileños afirmaron que el hambre y la desigualdad económica ponen en riesgo "la misma democracia ya que ésta no puede realizarse plenamente hasta que no garantice a todos los sectores de la población los medios necesarios para una vida digna". La guerra al hambre declarada por Lula concuerda con la iniciativa de la CNBB que en ocasión del 50 aniversario de su nacimiento lanzó el año pasado una campaña contra el hambre y la miseria en todo el país. Muchísimos cristianos, desde las comunidades eclesiales de base, han colaborado con la victoria de Lula ya desde la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) en 1980.

Oficialmente la Iglesia Católica no tomó partido durante la campaña; Luciano Mendes de Almeida pidió a los partidos políticos y a los candidatos que le dieran "prioridad a la erradicación del hambre y la miseria". Muchos obispos, según el abogado católico Renato Bicudo, prefirieron dejar estos temas en manos de los laicos, preocupándose más bien por las vocaciones, por la arremetida pentecostal; etc.. Sin embargo, unos 50 sacerdotes, se candidatearon para distintos roles civiles en varios lugares del país frente al escándalo de la injusticia y la corrupción.

Según Ricardo Zarattini, hombre muy cercano a Lula, "no hay que confundir al PT con la izquierda tradicional; este partido nació sustancialmente de la unión de las fuerzas progresistas de la Iglesia Católica con fuerzas procedentes del movimiento sindical de base". Brasil es la undécima potencia económica mundial y a la vez tiene 50 millones de brasileños que viven por debajo de la línea de pobreza.

Las primeras medidas de Lula han suscitado entusiasmo: lucha contra el hambre en vez de la compra de aviones de guerra, proyecto de adquisición de la vivienda y del terreno para los que habitan las favelas, lanzamiento en el noreste del proyecto "Hambre Cero", proyecto de reforma agraria con técnicos pertenecientes a la Comisión Pastoral de la Tierra y al Movimiento de los Sin Tierra, otorgamiento de títulos de propiedad para los campesinos que desde hace por lo menos cinco años cultivan tierras no superiores a las 50 hectáreas, proyecto para reinsertar (con vivienda y trabajo) a los jóvenes que dejan el narcotráfico, etc... Sobre Lula pesan las alianzas con los empresarios, los políticos de derecha y los nuevos movimientos religiosos evangélicos (éstos tienen 26 millones de seguidores en Brasil y han conquistado 60 bancas en el nuevo parlamento). Lula tendrá que ensanchar las alianzas aún más, si quiere tener en el parlamento los votos necesarios para que los proyectos que ha anunciado se concreten en leyes.

Se nota en todo el Brasil y también en la Iglesia entusiasmo y esperanza... Pero la tarea no es fácil; en Porto Alegre Lula otra vez repitió: "Otro Brasil es posible".