¿Qué es una "Escuela Solidaria"?

Introducción

Hay mucho camino que andar para lograr que la educación -y no sólo la enseñanza- sea de calidad, que ayude a superar las lagunas culturales y sociales que pesan sobre muchos niños. La calidad educativa es una necesidad social.

La calidad educativa tiene en cuenta al educando concreto en su realidad personal, social y cultural: promueve y desarrolla en él todas las dimensiones históricas y trascendentes. La calidad educativa apunta a formar ciudadanos comprometidos con la sociedad y coherentes con sus convicciones religiosas y morales; que asuman la construcción de un mundo mejor basado en la solidaridad, el respeto y la convivencia; que sean constructores de paz y de libertad. En resumen, que cada uno pueda alcanzar su plenitud humana conforme a su propia y esencial identidad. La clave de este proyecto educativo está en la persona -el educando-, cuyo misterio para nosotros los cristianos, queda esclarecido en el misterio de Cristo, el hombre nuevo.

Desde estas convicciones, presentamos aquí el proyecto de una "Escuela Solidaria" para asumir la educación cristiana como opción pedagógica capaz de hacer efectiva la calidad educativa en toda su realidad extensiva e intensiva.

Una Escuela Solidaria es aquella que cuenta con un grupo de personas empeñadas en que los ausentes se hagan presentes, donde los que no cuentan empiecen a contar y los que ocupaban un lugar secundario en la escena, desempeñen un papel principal. Hay niños que no tienen un lugar en el mundo. El primer objetivo de los sistemas educativos debe ser disminuir la vulnerabilidad social de los niños procedentes de medios desfavorecidos, a fin de romper el círculo vicioso de la exclusión.

Una Escuela Solidaria no es entonces un esfuerzo asistencial de un grupo de filántropos que se compadece de los pobres; es más bien aquella escuela que emprende un proceso de integración; tampoco es aquella que realiza acciones solidarias, como un valor añadido y yuxtapuesto, mientras los excluye en sus objetivos y en sus prácticas, sino aquella que se configura institucionalmente desde la solidaridad.

1. El desbordamiento del aula

Cuando la educación, como institución moderna, se centró en el aula, con sus estructuras formales, inició un camino hacia la auto-referencia. La escuela empezó a desvincularse de la familia, de la comunidad, de las organizaciones sociales... Y perdió la gran riqueza que procede de la producción comunitaria de la educación. La educación se identificó torpemente con el sistema escolar y con los recursos institucionales. Y el aula se convirtió en la gran metáfora del mundo industrial: organización jerárquica y división del saber entre quien sabe y quien no sabe.

La ilusión ilustrada de que la escuela podría, por sí sola, satisfacer todas las necesidades educativas de la vida, se ha quebrado y, en su lugar, hay que vincular la educación a otras fuentes, a otros contextos, a otros escenarios. De este modo, la educación desborda el marco escolar para recuperar los mundos de vida, buscando nuevos vínculos con la calle, con la familia, con la comunidad, con la comunicación. Ningún problema hoy empieza en la escuela ni puede abordarse solamente en ella.

La Escuela Solidaria nace de este impulso y pretende ser más permeable a los dinamismos comunitarios, a las familias, a las organizaciones sociales. La Escuela no puede entenderse ya como un espacio blindado, sino que se considera sólo una pequeña parte de los instrumentos de que una cultura dispone para iniciar a los jóvenes en sus formas de vida; puede incluso, como es el caso hoy, entrar en contradicción con otros sistemas que intentan transmitir a los jóvenes las reglas de vida.

La preocupación mayor de la educación consiste en activar los dinamismos comunitarios, despertar lo que está dormido en cada persona, activar el protagonismo del propio grupo y sus potencialidades. La educación se apoya en la fuerza transformadora de la tradición comunitaria; es decir, en el papel activo y decisivo de las comunidades que permite a las personas dejar de considerarse objeto de educación para pasar a ser sujeto. Sin su protagonismo, no hay solución posible a ningún problema educativo.

El fin de una Escuela Solidaria es la educación que crea significados, ofrece motivos para vivir, hace al individuo consciente de sus raíces, posibilita habitar en el mundo como en su hogar y activa procesos de integración; las aulas pasan a ser el lugar que posibilita el intercambio de conocimientos e institucionaliza la enseñanza en un simple medio. La tarea fundamental hoy consiste en establecer nexos entre el medio de la escuela y el fin de la educación.

La Escuela Solidaria amplía las fronteras de la ciudadanía social y está llamada a jugar papeles más significativos en la creación del espacio público. Se genera un sentido de lo público, que no se vincula solamente a los aparatos del Estado, sino a una pluralidad de sujetos y dimensiones de la ciudadanía.

La Escuela Solidaria es una escuela pública: debe rechazar cualquier intento privatizador de la enseñanza, así como identificarse sólo con las meras exigencias estatales.

2. El deshielo de la razón

A causa de la apuesta modernizadora, la educación ha estado durante dos siglos confiscada por la idea de la enseñanza como aprendizaje de conocimientos, habilidades e instrumentales, en función de la competencia técnica. Respondía al primado de la razón instrumental, interesado en los medios más que en los fines y en alcanzar el máximo de eficiencia con el mínimo costo. Asimismo, la educación postulaba la autonomía del individuo como su finalidad primordial.

Con el proceso de modernización, el destino de la educación se vincula a la preparación para la competencia en la sociedad de mercado. Se crea, de este modo, un subsistema especializado, que se sustancia en la escuela y se convierte en la puerta de entrada a la profesión. La especialización funcional implica un distanciamiento creciente de los mundos vitales; y la escuela es el primer ámbito en el cual el niño aprende a controlar sus sentimientos en función de la lucha por ser el primero y alcanzar un lugar en la sociedad competitiva. Progresivamente, la finalidad educativa se convierte en mero aprendizaje. "Aprender a aprender" sería la fórmula privilegiada o única del proceso pedagógico; desarrollar la capacidad de aprender, que se podía utilizar en cualquier situación era el éxito mayor de la educación. El ideal del aprendizaje estaba en acumular una competencia instrumental y formal, que, en lugar de estar orientada a valores, lo estaba al dominio de instrumentos.

La Escuela Solidaria propone un nuevo horizonte de necesidades educativas que no son meramente funcionales, sino que solicitan respuestas sobre el sentido, sobre el significado de la vida y de la muerte; la utilidad deja paso a la realización solidaria de sí mismo; la educación ya no puede entenderse como adaptación a las exigencias de la sociedad, sino como autorrealización de una personalidad autónoma y crítica. La Escuela tiene que elegir entre crear productores y consumidores o favorecer el despliegue de las capacidades de cada persona. En el primer caso, domestica, manipula e impone; en el segundo, se construye sobre la reciprocidad y la convivencia, como elementos sustantivos de la identidad. Identidad no necesariamente debe interpretarse como algo que se impone para distinguirnos y separarnos del otro; hay una identidad que consiste, precisamente, en no cerrarse en sí misma y en avanzar hacia formas de existencia solidaria. La actual hegemonía cultural confunde la identidad personal con una defensa desaforada de la autonomía, entendida como no depender de otros. Necesitamos, en su lugar, una identidad abierta, que se deja cuestionar por la diferencia y por la desigualdad.

La Escuela Solidaria es ese lugar donde se está recreando el concepto mismo de saber, que tiene menos de aprendizaje de conocimientos clasificados y codificados, que de adquisición de una sabiduría original, donde importa menos el aprender que el saber hacer, para poder influir sobre el propio entorno y hacer frente a las situaciones; el saber ser, con el fin de contribuir a la realización personal en todas las dimensiones del ser humano, corporales y espirituales; y el saber convivir, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas, realizar proyectos comunes y prepararse para superar los conflictos. Una Escuela Solidaria no puede privilegiar un tipo de saber frente a otros; más bien, deja espacio para que surjan y se activen todos los tipos de inteligencias.

3. La universalización de la educación

La universalización está íntimamente asociada a la obligación de los poderes públicos de garantizar el derecho de todos a la enseñanza. La educación, como servicio público, ha sido un hallazgo decisivo para su universalización. El imperativo de la igualdad reconoce las obligaciones del Estado en relación con la educación considerada como servicio público y, de este modo, establece las bases, que permiten la generalización de la escolaridad. Proclamar la igualdad sin que los poderes públicos garanticen el derecho de todos a la enseñanza, no es sincero.

La Escuela Solidaria asume la tradición de servicio público con su compromiso universalista. Una escuela es solidaria cuando produce bienes, que benefician a todos y no a unos pocos, fortalece la comunidad y no a los intereses de algunos cuantos y favorece a todos sus miembros y no a unos a costa de otros. Quien pertenece a una Escuela Solidaria no se anota en un club privado, sino que se incorpora a la dinámica de producción de bienes públicos. Si la Escuela Privada requiere que sus participantes tengan un nivel o un status común, la Escuela Solidaria es otra cosa porque busca que todos compartan unos bienes comunes.

De este modo, la Escuela Solidaria rompe el dilema entre Escuela Privada y Escuela Estatal y apuesta por ampliar el espacio de lo público. La identificación entre Escuela Pública y Escuela Estatal es inadecuada para entender el significado de esta nueva propuesta y está en el origen de una grave confusión, que ha servido para resaltar lo que es producido por la Administración pública, deslegitimando lo que puede ser una Escuela Pública y Solidaria.

La escuela es solidaria cuando con coraje propone la universalidad a la luz de la preferencia por los últimos e incorpora la discriminación positiva; un proyecto universalizador requiere medidas de acción positivas con los que están peor situados. El lugar de la universalidad es el excluido. La preferencia por los últimos es el esqueleto moral de la universalidad. Cuando los derechos a la educación se garantizan en la periferia, se garantizan en todas partes. La preferencia es siempre inclusiva.

La Escuela Solidaria asume la tradición de la Escuela para todos, apuesta y lucha por su realización en todos los rincones del país, en todos los estamentos y clases sociales. Lo suyo es el imperativo ético de justicia que postula que "los más desposeídos serán los más privilegiados" según proclamaba Artigas, parafraseando lo del Evangelio: "los últimos, serán los primeros". El gran desafío de la Escuela Solidaria es poder mantener la doble exigencia de universalidad y de preferencia. Nadie puede ser excluido de la escuela, ya que es de todos y para todos; pero la escuela debe preferir a los que están peor situados, por razón de justicia.

 

4. Organizarse en Red contra toda exclusión

La exclusión no está donde están los excluidos. La desigualdad es un fenómeno producido; detrás de ella hay una tramoya de causas estructurales, sociales, culturales, económicas... Todo bloqueo en el aprendizaje no puede entenderse primariamente como una deficiencia de la personalidad del menor, ni como un simple producto de un ambiente negativo; ambas interpretaciones simplifican la realidad actual.

La Escuela Solidaria postula una forma de relacionarse los sujetos sociales entre sí, que consiste en obtener un mayor nivel de interacción a través de mayores reciprocidades y enriquecimiento mutuo. La educación ha de saber descubrir este nuevo dinamismo, recreando nuevos escenarios para su presencia educativa: programas de educación popular, talleres de formación de adultos, educación básica no formal, educación social.

Hay que provocar la estrecha colaboración entre los diversos espacios educativos. Debe establecerse una dinámica entre la institución escolar y las diversas alternativas educativas. De este modo, todos asumen una responsabilidad en la educación: integrar la formación escolar y la extraescolar, promoviendo la fecundación mutua de los recursos formales e informales.

La Escuela Solidaria activa establece una organización en red, para facilitar la cooperación comunitaria y un lugar orientado a asegurar la colaboración social en la comunidad a la que pertenece. Incluso como lugar físico, la Escuela Solidaria sirve para organizar reuniones, coordinar esfuerzos, proponer tareas colectivas... Es un espacio de encuentro entre un amplio espectro de movimientos y actores sociales, que sean capaces de promover la responsabilidad de los ciudadanos, la promoción de la salud, la seguridad de la calle, la reducción de la contaminación, la prevención de los riesgos...

La Escuela Solidaria precisa de una determinada cultura organizativa, que se plasma en valores como la profesionalidad, la eficiencia, la eficacia, la calidad, la participación democrática; una organización horizontal que considere a todos sus miembros portadores del mismo poder y de la misma dignidad y, en consecuencia, genere el mismo trato. No son solidarias las Escuelas que consagran la diferencia de trato en sus aulas, las que unen a miembros desiguales en relaciones simétricas. Al contrario que las organizaciones verticales que presentan jerarquías internas, la Escuela Solidaria facilita la participación en las decisiones importantes, distribuye el poder y la capacidad de influir, aporta transparencia a la vida escolar.

 

5. Cartas náuticas para nuevas navegaciones

En la Escuela se escribirán tantas trayectorias como biografías personales existan. Se evita el academicismo estéril para inventar nuevos espacios educativos y nuevos tiempos personales. Cada educando tiene un tiempo propio para aprender, para saber, para convivir. Será necesario proscribir toda forma de enseñanza normalizada ya que no existen moldes, sino biografías personales, que deben construirse con la imaginación, el trabajo en equipo, la comunicación, la empatía, el sentido de la belleza y la experiencia espiritual.

En la Escuela Solidaria se practica un concepto de educación que intenta proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él. El arte de la navegación (Kybernetika = arte de timonear) encierra así la gran metáfora del acto educativo que consiste en convertir en oportunidad las amenazas, en hacer entrar el viento entre las velas y así vencer el mar, en aprovechar a su favor las fuerzas que están en su contra. Los navegantes no conocen los caminos trillados ni las rutas señalizadas, pero se mantienen a flote y saben llegar a buen puerto.

Desde esta sabiduría del navegante, educar significa no ceder a una actitud derrotista. En la educación, es posible actuar con la sensibilidad abierta hacia lo impredecible. Los resultados de a educación nunca pueden ser predichos con certeza, ya que siempre tiene un componente de regalo.

La Escuela Solidaria es inseparable del sincero reconocimiento en las potencialidades de los educandos; sólo cuando dejamos de verlos como objeto de ayuda y comenzamos a entendernos, a conocernos y a interesarnos verdaderamente por ellos y por su mundo, empieza la acción educativa solidaria. Lo importante no es saber qué queremos hacer por ellos, sino qué estamos dispuestos a hacer con ellos. Desde esta perspectiva, la preocupación educativa no es tanto saber si podemos confiar en ellos, cuanto si ellos podrán confiar en las causas que les proponemos para construir un mundo habitable.

 

6. Escuela-hogar, espacio de ternura

La Escuela Solidaria hace referencia a un modo de quedar "domiciliados" en un espacio vital, que podemos comparar y poner en referencia con el hogar. Si a causa de ciertos mecanismos, quedan afectadas las relaciones y rotas las vinculaciones sociales, la Escuela hace las veces del hogar que concede protección, seguridad y libertad.

La educación se impone como tarea activar entornos afectivos, reconstruir el medio ambiente interhumano, recrear las redes de dependencia afectiva y el entorno comunicativo. Se impone recuperar los dinamismos afectivos frente al desarraigo producido por la exclusión y enfrentarse a los efectos indeseados que produce la cultura hegemónica que destruye las singularidades culturales. Mientras la vida es una aliada natural de la diversidad, la cultura hegemónica ignora la dimensión fundamental de lo afectivo.

El paradigma de la ternura es un modelo válido para entender los anhelos de los educandos. Se sostiene sobre tres aspectos; en primer lugar, la ternura reconstruye los valores desde la proximidad, los contactos y las relaciones.

En segundo lugar, el paradigma de la ternura dignifica la vida cotidiana; todos necesitamos de oxígeno, agua, alimento; pero como seres humanos, necesitamos de afecto, que es como el alimento espiritual; es un derecho y un deber de la vida cotidiana. En tercer lugar, el territorio de la ternura es un espacio inmantado por el encuentro de personas; este extraño magnetismo tiene una fuerza extraordinaria en la Escuela Solidaria.

La ternura tiene que ver no sólo con la vida íntima y personal, sino también con la vida social, con la escuela y con la política. Se hace necesario practicar una ecología del espíritu, como proponía Juan Pablo II en su carta a los artistas.

7. La Escuela Solidaria Dehoniana: Amor y Solidaridad

León Dehon, gran místico y apóstol social, desde los primeros años de su sacerdocio, en la populosa ciudad de San Quintín (norte de Francia) se preocupa por la formación de los niños de los medios populares. Además del catecismo, les ofrece un espacio de encuentro llamado "patronato". Para no dejar a los muchachos en la calle y para brindarles una educación integral, los reunía primero en su despacho, y luego en el patio de un pequeño pensionado. Durante el verano de 1872 procura hallar un local más conveniente. Así empieza el Patronato San José para la formación de la juventud. Dehon quiere que su proyecto sea un aporte para la renovación de la sociedad y no un simple pasatiempo: "Demasiadas personas se imaginan que nosotros no tenemos otra ambición que hacer jugar honestamente a algunos niños los domingos. Nosotros apuntamos más alto. Nuestro fin es la salvación de la sociedad por medio de la asociación cristiana".

Estamos en presencia de un proyecto educativo integral: charlas religiosas, curso de economía social, biblioteca, caja de ahorro, coro, y también un inicio de agencia de empleo para jóvenes trabajadores. Este primer Centro Educativo del p. Dehon llega rápidamente a contar con unos 500 jóvenes.

La Escuela Solidaria está abierta a los valores trascendentes. Es por eso que, no sólo los sacerdotes sino toda la comunidad se compromete en la educación cristiana. Los sacerdotes religiosos Dehonianos aportaron desde el comienzo su carisma fundacional, que es una riqueza para toda la Iglesia.

Hay un canto, que expresa bien lo específico de nuestra Escuela Solidaria y Dehoniana:

"Desde el Corazón de Cristo, haremos un mundo nuevo".

El dúo clásico "amor-justicia" se repite una y otra vez en los libros del P. Dehon. En sus escritos sociales consagra siempre un capítulo a la espiritualidad del Sagrado Corazón para dar un arraigo místico a la perspectiva social; y en la mayoría de sus obras espirituales desarrolla consideraciones sobre el reino social del Corazón de Jesús para subrayar la dimensión social de esta espiritualidad. 

Lo que en la época era percibido y visto como una simple devoción, con Dehon llega a ser un desarrollo de renovación del cristianismo y de la sociedad. El p. Dehon luchó para arrancar la espiritualidad del Sagrado Corazón de la esfera devocional e intimista en la cual se había refugiado. En él, Fe y vida están estrechamente unidas. La trascendencia y la solidaridad, la contemplación y la acción, van siempre unidas para no vivir un cristianismo incompleto y contradictorio.

Dice el P. Dehon:"Sí, nuestra enseñanza religiosa era incompleta; sabíamos que la vida privada debía ser cristiana, no sabíamos sin embargo que la vida pública social, económica, debía serlo también".

Es por eso que esta doble inspiración marca toda la vida del fundador de los dehonianos; él repetía: "Yo he sido conducido por la Providencia a cavar hondo algunos surcos, pero dos sobre todo dejarán una profunda huella: la acción social cristiana y la vida de amor".

El camino espiritual y social del P. Dehon, la acción social y la vida de amor están motivados en él por un único amor. El amor al Corazón de Jesús: "Yo quiero sujetarme a él definitivamente. Nada haré fuera de esta unión con Jesús, por Jesús y en Jesús".

El corazón abierto del logotipo de nuestra Escuela Solidaria expresa muy bien todo lo que venimos desarrollando hasta aquí. Ahora queda el compromiso de ponerlo en práctica, porque la pregunta educativa básica es qué debemos hacer para ser creíbles y acreditar nuestras convicciones ante nuestros jóvenes para que ellos mismos emprendan la construcción de una sociedad más participativa, donde su aporte será decisivo.

 

 

Introducción del Proyecto Pedagógico

del Centro Educativo Dehoniano (Montevideo)