Vidas ejemplares del siglo XX

El doctor TAKASHI NAGAI

Las campanas de Nagasaki

Nagasaki fue la ciudad japonesa mártir que quedó arrasada por la segunda bomba atómica norteamericana el 11 de agosto de 1945. El centro de la terrible explosión se situó en el barrio de Ulakami, habitado en su mayoría por los católicos de la ciudad. Los descendientes en la fe, y algunos por vínculos familiares, del centenar de mártires crucificados en la famosa colina que domina la ciudad, fueron aniquilados como consecuencia de la destructora onda radiactiva. Fue un duro golpe para la cristiandad del Japón, que concentraba la mayor parte de sus fieles en Nagasaki. Allí vivía el doctor Takashi Nagai, y su esposa, Midori.

Takashi Nagai había nacido en 1908, cerca de Hiroshima, en el seno de una familia con cinco hijos y de religión sintoísta. En 1928 ingresa en la Facultad de Medicina de Nagasaki. "Desde la época de mis estudios de secundaria -escribirá más tarde- me había convertido en prisionero del materialismo. Sentía gran admiración por la maravillosa estructura del conjunto del cuerpo humano, por la minuciosa organización de sus más pequeñas partes. Pero aquello que estaba manejando no era más que pura materia. ¿Y el alma? Un fantasma inventado por unos impostores para engañar a la gente sencilla".

En 1930 al asistir a su madre en el lecho de muerte se siente cuestionado. "Su mirada me decía que el espíritu del ser humano sigue viviendo después de la muerte". Takashi emprende entonces la lectura de los "Pensamientos" de Pascal, y toma la decisión de buscar una familia católica que lo acepte como pensionista durante sus estudios. Esa experiencia le permitirá conocer el catolicismo. Es acogido en la familia Moriyama. El señor Moriyama, vendedor de ganado, descendía de uno de esos antiguos linajes cristianos que a lo largo de 250 años de persecuciones, supieron conservar la fe que san Francisco Javier llevó hasta el Japón. La pureza de aquella fe cristiana asombró al joven Nagai. El señor y la señora Moriyama tenían una hija, Midori, maestra en otra ciudad. Los tres rezan por la conversión de Takashi, pensando que quizás Dios lo había enviado con ese propósito. En 1933, Takashi es movilizado por el ejército japonés y parte a combatir contra los chinos en Manchuria. En un paquete enviado por Midori hay un pequeño catecismo que lee con interés. Al cabo de un año regresa a su país, casi desesperado por el recuerdo del terrible
espectáculo de la guerra. Takashi reanuda su trabajo de radiología y empieza a estudiar la Biblia. Un día, en medio de sus dudas, retoma los "Pensamientos" de Pascal y se le presenta una frase que llama su atención: "Hay suficiente luz para quienes sólo desean ver, y bastante oscuridad para quienes mantienen una disposición contraria". De repente, todo queda claro para él. Toma una decisión y pide el bautismo, que recibe en junio de 1934, con el nombre de Pablo, en recuerdo de san Pablo Miki, mártir japonés crucificado en Nagasaki en 1597. Dos meses después se casa con Midori.

Nagai se convertirá en algo más que un médico, en un apóstol de la caridad para con el prójimo.

El 9 de agosto de 1945, a las 11:45 un destello cegador envuelve la ciudad de Nagasaki. Acaba de estallar una bomba atómica. Una primera bomba ha sido lanzada sobre Hiroshima, y una segunda devasta Nagasaki. Las consecuencias son las siguientes: 9.000 grados de temperatura, 72.000 muertos y 100.000 heridos. En la Facultad de Medicina, situada a 700 metros del centro de la explosión, Nagai, que se encuentra clasificando placas de radiografías, es lanzado al suelo, con el costado acribillado por trozos de cristal.

Luego de atender a los heridos del hospital, Takashi parte en busca de Midori, que se había quedado en casa, mientras que los hijos y la abuela se encontraban seguros en la montaña desde el 7 de agosto. Le resulta muy difícil encontrar la ubicación de su casa en una zona llena de tejas y de cenizas. De repente, descubre los restos carbonizados de su esposa. Algo brilla débilmente en el polvo de los huesos, ¡es su rosario! El 23 de noviembre de 1945, Nagai es invitado a tomar la palabra en una Misa de réquiem celebrada junto a los escombros de la catedral de Urakami. El holocausto de Jesucristo en el Calvario ilumina y confiere significado al holocausto de Nagasaki: "En la mañana del 9 de agosto -dice Takashi- una bomba atómica explotaba en nuestro barrio. En un instante, 8.000 cristianos fueron llamados a la presencia de Dios... En la medianoche de aquel día, nuestra catedral se incendió de repente y se consumió. En aquel mismo instante, se promulgó oficialmente el edicto imperial que ponía fin a los combates, y el mundo entero percibió la luz de la paz. El 15 de agosto es también la solemnidad de la Asunción de María, y no es una casualidad que la catedral de Urakami estuviera consagrada a Ella... Es evidente que existe una profunda relación entre la destrucción de esta ciudad cristiana y el fin de la guerra; de ese sacrificio ha llegado la paz al mundo, así como la libertad religiosa al Japón". Aunque la suya era una visión controvertida, proveía de consuelo a muchos de los católicos sobrevivientes de la ciudad, desesperados por encontrar algún significado redentor a sus terribles sufrimientos.

Decía: "Hemos desobedecido la ley del amor. Alegremente nos hemos odiado los unos a los otros; alegremente nos hemos matado, unos a otros. Y ahora, finalmente hemos dado fin a esta grande y malvada guerra. Mas para restaurar la paz del mundo es suficiente con arrepentirse; deberíamos obtener el perdón de Dios."

Durante la primavera de 1947, la enfermedad de Takashi le obliga a permanecer en cama y se pone a escribir. En esas difíciles circunstancias, escribe y publica quince volúmenes en cuatro años. El objetivo que se propone es presentar una fiel sinopsis de la explosión atómica, a través de su experiencia excepcional y de su competencia profesional; en segundo lugar, trabajar para el restablecimiento de la paz. Convencido sobre todo de que una paz duradera solamente puede basarse en el espíritu del amor, considera que su vocación debe ser la de propagar el mensaje cristiano.

Al final de su libro "Las campanas de Nagasaki" escribe lo siguiente: "¿La humanidad podrá ser feliz en la era atómica? ¿O será desdichada? ¿Cómo iba a utilizarse esa arma de doble filo escondida por Dios en el universo y descubierta ahora por el hombre? Un uso correcto podría permitir un rápido progreso de la civilización, pero un uso inadecuado podría destruir el mundo. La decisión reside en el libre albedrío del hombre, que tiene su destino en sus propias manos... De rodillas entre las cenizas del desierto atómico, rezamos para que Urakami sea la última víctima de la bomba. Suena la campana... ¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti". Murió el 1º de mayo de 1951, el primer día del mes de María; tenía 43 años. Durante las exequias, en la catedral de Urakami, el alcalde de Nagasaki dió solemne lectura a 300 mensajes de pésame, comenzando por el del primer ministro. Al final de la ceremonia, la multitud se puso en marcha hacia el cementerio, a un kilómetro y medio en dirección al sur; cuando el encabezamiento de la procesión llegó al cementerio, la mayor parte de la gente se encontraba todavía en la catedral. Takashi Nagai fue enterrado junto a Midori. Para la tumba de ésta, él había elegido como epitafio: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38); para la suya: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer (Lc 17,10).

 

"¡Hombres y mujeres del mundo, nunca más planeen una guerra! Desde este desperdicio atómico el pueblo de Nagasaki enfrenta al mundo y clama: ¡NO MAS GUERRA! Sigamos el mandamiento del amor y trabajemos unidos."