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Job, el hombre que desafió a Dios Muchas veces los creyentes nos encontramos sin respuestas frente a las preguntas que nos hacen las personas que dicen no creer. ¿Por qué si Dios premia a los buenos, hay gente inocente que sufre tanto? ¿Cómo si Dios es tan bueno, permite que gente honesta y generosa sufra, mientras que los malhechores burlan a la justicia y gozan de sus riquezas mal habidas y tienen buena salud? Hay que pensar que en la época en que se escribió el libro de Job, los hebreos no pensaban todavía en una retribución y recompensa concedida al justo luego de su muerte. Ellos pensaban que Dios concedía recompensas a los justos y castigos a los injustos en esta vida.
Se pensaba que el que obraba justamente, no tendría que preocuparse, porque el Señor lo colmaría de bienes y descendientes, y viviría una larga vida, viendo a los hijos de sus hijos. Los mismos textos de la Biblia, por ejemplo, atribuyen a Abraham una gran riqueza y descendencia en pago de sus obras de piedad y su fe (cfr. Génesis 24,34-35 y 25,1-10), pero el autor del libro de Job, no cree que esta respuesta coincida con la realidad. El libro de Job fue escrito luego del Exilio en Babilonia, posiblemente durante la época persa (siglo VI a.C.) y su autor es llamado el Shakespeare de la Biblia, por lo hermoso de su libro, por su vuelo poético, y por la profundidad de sus planteos y cuestionamientos, que son comunes a las preguntas esenciales y profundas que todos los seres humanos nos hacemos sobre el sentido de la vida y nuestra relación con Dios.
El relato Muchos piensan que el autor tomó como base para su relato una fábula aleccionadora que circulaba oralmente sobre un famoso hombre justo y sabio, que vivía en la región fronteriza de Israel en tiempos muy antiguos en el antiguo país de Us que hoy se ubicaría en el sur de Jordania. El libro comienza describiendo a Job como un hombre justo y piadoso que siempre había caminado en el bien, rodeado de sus hijos e hijas y abundantes riquezas, y que no olvidaba a sus hermanos, y siempre socorría a los necesitados. Aparentemente en él se cumplían las premisas tradicionales (Job 1,1-5). Pero luego la acción se traslada al Cielo, donde encontramos a Satanás, no como el enemigo de Dios, sino como un miembro de la corte celestial, encargado de ser algo así como un fiscal que acusa a los hombres ante Dios por sus malas acciones. Pero no es honrado del todo, porque cuando Dios le pregunta si ha visto lo bueno y justo que es Job, Satanás le responde que Job no es honrado sino interesado puesto que ama a Dios por lo que éste le da. Dios acepta el desafío de Satán (nombre hebreo que significa: "el acusador") y permite que éste haga caer sobre Job las mayores desgracias (Job 1,6-12). Sus hijos mueren al derribarse su casa por un fuerte viento, pierde todos sus bienes y hasta su salud. Su esposa lo maldice, pero Job no maldice a Dios aunque sufre. Cuando una misteriosa enfermedad lo aqueja, termina yaciendo desnudo en un estercolero (Job 1,13-22.2,1-10).
El desafío de Job (caps. 3-31) Tres amigos de Job: Elifaz, Bildad y Sofar vienen a consolarlo. Luego de 7 días de silencio, Job muestra su desconsuelo, maldice su suerte y su vida, y afirma ante el escándalo de sus amigos, que él es inocente, que lo que le sucede, no lo merece, afirmando que es Dios quien ha causado sus desgracias. Los amigos intentan por todos los medios desacreditar a Job, y "salvar" el honor de Dios, afirmando tozudamente que Job se engaña a sí mismo, que algo malo debe haber hecho, porque Dios no habría permitido que esto le pasara si él fuera inocente. No hay espacio aquí para comentar los hermosos poemas en los que Job polemiza con sus amigos y medita sobre la frágil condición humana y la injusticia de lo que le pasa y que él no comprende. Luego interviene un cuarto personaje llamado Elihu, más joven que los ancianos sabios. Su discurso no es muy distinto al de los sabios, pero le hace ver a Job que él no es tan justo para desafiar a Dios como lo está haciendo. Tal vez, el Señor quiere enseñarle algo con lo que le pasa o hacer que su amor sea más pleno. Él piensa que hay algo que falla en la pretendida inocencia de Job, y no sabe qué es. En realidad, a Job le hace falta descubrir que a pesar de sus esfuerzos por ser justo y responder a Dios, sigue siendo pecador e ignorante. A Job le falta el amor humilde a Dios (caps. 32-37).
Dios responde (caps. 38-41) Job ya no aguanta más e increpa a Dios para que le responda, y se mida con él cara a cara. Este desafío es inaudito y se acerca al sacrilegio. ¿Quién es el hombre para desafiar a Dios de esa manera? Pero Job quiere saber, justamente porque respeta a Dios y ha descubierto en su dolor, que Dios no desea una humilde sumisión sino un amor que vaya hasta las últimas consecuencias en la entrega y la libertad. Y Dios responde haciéndole ver a Job que él no puede penetrar en la integridad del misterio de su creación, y de sus proyectos. Dios no se justifica, sino que pregunta a Job, y le hace descubrir su ignorancia. Le hace contemplar la grandeza de lo creado, y luego le hace ver que sólo es un pálido reflejo de su Gloria. Pero contrariamente a lo esperado, Dios no castiga a Job, sino que reprueba a los ancianos, y les hace ver que han hablado con necedad. Job debe interceder por ellos para que no sean castigados.
¿Un final feliz? (cap. 42) Al final, a Job se le devuelven con creces los bienes perdidos y se le concede tener más hijos que antes. Por eso muchos comentaristas piensan que esta última parte que parece confirmar la fe en la retribución personal en esta vida, o bien formaba parte de una historia más primitiva sobre la base de la cual el autor escribió el libro, o fue un final agregado para que el libro no resultara demasiado chocante para los lectores de la época. Pero más allá de todo, Job ha madurado y perdido la fe infantil, y como buen creyente no teme dudar y cuestionarse. La fe verdadera no responde a todo, ni nos libera del dolor, pero nos permite enfrentar los problemas y dolores con esperanza y valentía. Eduardo Ojeda |
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