Vidas ejemplares del siglo XX

Madre MARÍA SKOBTSOVA

Luchadora, monja ortodoxa y mártir

La historia de la Madre María Skobtsova es como un cuento en tres actos, cada uno con su propio drama y en los que revela diferentes dimensiones de su extraordinaria personalidad.

En el primer acto, nació como Lisa Pilenko en el seno de una próspera y aristocrática familia de Rusia. En esta vida fue una poetisa distinguida y una activista política comprometida, que contrajo dos veces matrimonio; en primer lugar con un bolchevique de quien se divorció, más tarde con un anti-bolchevique, de quien luego se separó. Durante la revuelta revolucionaria fue intendente de su pueblo natal, cargo por el cual arriesgaba que la persiguiera tanto la izquierda como la derecha. En 1923, con tres de sus hijos menores se unió a la multitud de refugiados desarraigados por la revolución y la guerra civil, y llegó a París. Poco después de su llegada, su hija menor, Nastia, murió de meningitis. El impacto de esta pérdida fue el inicio de una profunda conversión. Emergió del duelo con la determinación de buscar "una vida más pura y auténtica". Sentía que tenía por delante un "nuevo camino y un nuevo sentido de la vida... ser una madre para todos, para todos los que necesiten cuidado, asistencia y protección maternal".

En París se involucró profundamente en el trabajo social entre los refugiados rusos indigentes. Los buscaba en las prisiones, hospitales, asilos, manicomios, y en las calles oscuras de los barrios bajos. De manera creciente, ponía el acento en la dimensión religiosa de este trabajo, en la comprensión interior de que "cada persona es el mismísimo icono de Dios encarnado en el mundo". Junto con este reconocimiento llegó la necesidad de "aceptar esta abismal revelación de Dios de manera incondicional, de venerar la imagen de Dios" en sus hermanos y hermanas.

Fue alentada por su obispo a hacerse monja, pero sólo tomó esta decisión con la promesa de que permanecería libre para desarrollar un nuevo tipo de vida monástica, comprometida con el mundo y marcada por "la completa ausencia incluso de la más sutil barrera que pudiese separar al corazón, del mundo y de sus heridas".

En 1932 profesó como monja y se transformó en la Madre María Skobtsova, dando comienzo de esta manera, al "segundo acto" de su drama. En vez de confinarse en la clausura de un monasterio, adquirió una casa suficientemente grande como para incluir una capilla y una cocina-comedor, que sirviera de hogar a los refugiados indigentes. Su "celda" era un catre en el sótano al lado de la caldera. Escribió: "El día del Juicio Final no se me preguntará si mis ejercicios de ascesis fueron exitosos, ni cuantas reverencias hice... En cambio, se me preguntará si di de comer al hambriento, si vestí al desnudo, si visité a los enfermos y a los prisioneros".

Su casa se volvió un centro no sólo para obras de caridad sino para la renovación de la Ortodoxia. Al tiempo que su cocina estaba repleta de gente pobre, su recepción era el escenario de fogosas discusiones entre los principales inmigrantes intelectuales de París. De estas discusiones surgió un nuevo movimiento, Acción Ortodoxa, dedicado a llevar a cabo las implicancias sociales del evangelio. Como la Madre María explicara: "El sentido de la liturgia debe ser trasladado a la vida. Ésa es la razón por la que Cristo vino al mundo y el motivo por el cual nos dio nuestra liturgia".

El tercero y más corto de los actos de la Madre María comenzó con la ocupación de París por los alemanes.

En el contexto del racismo nazi, su compromiso de buscar y reverenciar a cada persona como el icono de Dios asumió un significado deliberadamente subversivo. Además de su trabajo habitual de hospitalidad, su capellán, el padre Dimitri Klepinin, la ayudaba a rescatar judíos y otros refugiados políticos. Estos esfuerzos, vinculados a la resistencia organizada, continuaron hasta que en 1943, ambos fueron arrestados por la Gestapo.

El padre Dimitri y Yuri, el hijo de María, murieron en Buchenwald. María fue enviada al campo de concentración de Ravens-bruck, donde logró vivir casi dos años bajo condiciones de indescriptible crueldad y horror. Aunque le quitaron su hábito religioso, siguió siendo la madre bondadosa que fortalecía la fe y el coraje de sus compañeros de prisión y ayudaba a mantener viva la llama de humanidad, frente a todos los ataques.

En medio del hambre, la enfermedad y la exposición al frío, encontró el destino último de su vocación. A la luz del sufrimiento redentor de Cristo, halló un sentido para su propio sufrimiento. Como escribiera en un mensaje sacado del campo en forma clandestina: "Mi estado en este momento es tal, que acepto completamente el sufrimiento, a sabiendas de que es así como deben ser las cosas para mí; y si debo morir, veo en esto una bendición de lo alto." A medida que se acercaba a la muerte, compuso una muda expresión final de su espiritualidad. Con una aguja e hilo, comprados al precio de su preciosa ración de pan, bordó un icono de María sosteniendo al Niño Jesús, y con el Niño mostrando ya las heridas de la cruz.

En vísperas de Pascua, el 31 de marzo de 1945, días antes de la liberación del campo por las tropas rusas, la Madre María pereció en la cámara de gas de Ravensbruck. "Señor, soy tu mensaje. Arrójame como una antorcha encendida en la noche, para que todos puedan ver y comprender lo que significa ser una discípula."

 

(tomado de Todos los Santos de Robert Ellsberg)