BRASIL:

"Hambre Cero"
La Iglesia está colaborando activamente en el Programa Hambre Cero, puesto en marcha por el gobierno para garantizar una alimentación adecuada a unos 50 millones de brasileños que viven en la pobreza. Para ello se creó un Consejo de Seguridad Alimentaria (CONSEA) que se encargará de administrar el plan.

El programa además de medidas asistenciales se propone adoptar medidas estructurales dirigidas a atacar las causas del hambre que afecta a un tercio de la población y buscará incrementar en un 30% la producción de arroz y porotos, abaratar los precios de los productos y crear unos 35 mil empleos agrícolas. Miembros del CONSEA son también el obispo de Duque de Caxías (Rio de Janeiro), Mauro Morelli y el dominico Frei Betto, asesor especial del presidente en este programa. "El programa empezó atendiendo a una región del nordeste de Brasil y de a poco se extenderá a todo el país", declaró Frei Betto. Según esos planes, para fines de este año el programa atenderá a 1,5 millones de familias de 1.000 municipios del nordeste, donde se registra la mayor pobreza del país.

En cuanto a la prometida reforma agraria el gobierno anunció la expropiación de 203 mil hectáreas de tierras improductivas en 17 estados con el propósito de asentar a 5.500 familias de trabajadores rurales sin tierra.

Por su parte, el Movimiento de los Sin Tierra instó al gobierno a moverse más rápido; según dicho movimiento podrían asentarse ya 80 mil familias. En Brasil más de 7 millones de familias de trabajadores están demandando tierra; es uno de los países con más concentración de tierra en el mundo (21 mil grandes latifundios son dueños de 149 millones de hectáreas, el 36% del área total). La Comisión Pastoral de la Tierra de la Conferencia Episcopal denunció que el año pasado se produjeron en el país 827 conflictos de tierras que dejaron un saldo de 37 personas asesinadas.

La Iglesia, sin embargo, no quiere mezclarse en política. Frente a la invasión evangelista en el campo político, el card. Aloisio Lorsheider declaró: "No quiero detenerme en el problema de la proliferación de las sectas en sí. Quiero decir que mi preocupación es otra: que la Iglesia no termine convirtiéndose en secta y que no use los mismos criterios a la hora de relacionarse con el poder político. Las sectas evangélicas ambicionan, por intereses corporativos, conquistar y confesionalizar el Estado. En cambio, la Iglesia de Brasil siempre se ha mantenido fuera de la política en sentido estricto, pese a que en el pasado fuera acusada erróneamente de ello".

Frei Betto afirmó a su vez que a pesar del apoyo directo a Lula de muchos hombres y mujeres de Iglesia, "siempre hemos evitado darle un carácter confesional a la política. Hoy el mundo está lleno de líderes que se llenan la boca de Dios para su uso y consumo. Lula es un buen cristiano pero no hace de su fe una bandera".

Por su parte, el obispo Tomás Balduino, de la Comisión para la Pastoral de la Tierra afirmó: "Temo que muchos líderes de los movimientos campesinos entren en el gobierno; sería un desastre para estas organizaciones de base que se verían privadas de sus guías, que tienen años de experiencia a sus espaldas. Las organizaciones campesinas, como las demás organizaciones populares, han de seguir con su acción autónoma para poder influir en la sociedad civil".