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URUGUAY: INFORME FINAL DE LA COMISIÓN PARA LA PAZ: "La verdad posible"
La Comisión para la Paz (en adelante, la Comisión) fue creada por la Presidencia de la República el 9 de agosto de 2000, atendiendo a la necesidad de "dar los pasos posibles para determinar la situación de los detenidos-desaparecidos durante el régimen de facto". La creación de la Comisión intentaba dar cumplimiento a "una obligación ética del Estado", encarando "una tarea imprescindible para preservar la memoria histórica" de la Nación, así como para "consolidar la pacificación nacional y sellar para siempre la paz entre los uruguayos". La Comisión estuvo integrada por el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, el sacerdote jesuita Luis Pérez Aguirre, el señor José D´Elía y los doctores José Claudio Williman, Gonzalo Fernández y Carlos Ramela y después del lamentado fallecimiento del p. Pérez Aguirre, por el presbítero Jorge Osorio. En primer término se abocó a recopilar toda la información existente en materia de detenidos-desaparecidos, nutriéndose inicialmente de los generosos aportes documentales hechos por la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos y por el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). También se recabó información de la República Argentina, en cuyo territorio se registra el mayor número de desapariciones forzadas de ciudadanos uruguayos. Luego se comenzó a entrevistar a múltiples testigos, entre ellos a numerosos integrantes de las fuerzas policiales y de las Fuerzas Armadas, intentando persuadirles de que cooperaran. Una de las principales dificultades fue -además del largo tiempo transcurrido desde el acaecimiento de los hechos- que "la información clave o final estaba en manos de fuentes policiales o militares..." La Comisión no se limitó a "analizar denuncias y a aceptar pasivamente confirmaciones". "Se trató, en definitiva, no de lograr ‘una verdad’ o la ‘verdad más conveniente’, sino solamente ‘la verdad posible’. Además de las conclusiones generales, la Comisión brindó a cada familia una explicación detallada con relación a cada denuncia recibida. Las denuncias específicamente referidas a personas desaparecidas en el Uruguay ascienden a 38. Las conclusiones confirman en la enorme mayoría de los casos el contenido de las denuncias recibidas. "Es necesario aprender y recordar por siempre -dice el informe- que no existe diferencia o divergencia que habilite la violencia, el secuestro y la muerte de cualquier origen o signo y que esas manifestaciones deben ser siempre y en todo caso condenadas..." En otra parte del informe se confirma la plena convicción acerca de "las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas. Desde la tortura, la detención ilegítima en centros clandestinos, hasta llegar a los casos más graves de desaparición forzada, se constata la actuación de agentes estatales que, en el ejercicio de su función pública, obraron al margen de la ley y empleando métodos represivos ilegales..." Sobre el destino de los restos de los detenidos-desaparecidos, "una cuestión esencial que aflige y lastima en forma especial a sus familiares", lamentablemente la información obtenida en base a fuentes militares descarta la posibilidad de ubicar restos, salvo en un caso, pero la Comisión no confirma ni descarta esa información y destaca que los uruguayos merecen a esta altura "una explicación más clara y contundente". El informe concluye con una serie de recomendaciones, entre ellas promover actos de homenaje a los de-saparecidos e incorporar a los planes de estudio "un análisis objetivo y global de la triste realidad que vivió el país desde los años 60 hasta mediados de los 80" así como la enseñanza de valores y principios como la democracia, la tolerancia, el respeto a los derechos humanos y la consolidación plena del Estado de Derecho, "generando una conciencia colectiva nacional que condene por igual toda forma de intolerancia y violencia y que procese un auténtico y definitivo Nunca Más". |
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