El libro de los Proverbios:

La sabiduría de lo cotidiano

Hemos escuchado muchas veces algunos refranes que reflejan la sabiduría popular.

Por ejemplo: "Siempre que llovió paró"; "no hay mal que por bien no venga"; "el que se quemó con leche ve una vaca y llora."

Algunas de estas frases pueden parecernos tontas o causarnos risa pero son frases que condensan la sabiduría de la gente sencilla. Sabiduría que no se obtiene en los libros sino en la vida.

Por ejemplo, es obvio que el refrán que alude a la lluvia no nos habla de los problemas meteorológicos sino de los dolores de la vida. Y que el que alude a la vaca y la leche, nos habla de la aprensión y el miedo de la gente, y como éste puede condicionarla en su conducta.

Aunque son simbólicos, los refranes y proverbios son fáciles de entender y muchas veces reflejan conceptos muy sensatos.

Con todo hay algunos muy discutibles o engañosos como: "Todo tiempo pasado fue mejor." O "Más vale lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer."

¿ De veras lo escribió Salomón?

El libro de los Proverbios es una colección de dichos y sentencias populares que según dice en su encabezado fueron patrimonio del sabio rey Salomón, hijo de David.

Tal vez el rey Salomón haya dicho algunas de estas sentencias, pero no hay forma de saberlo, lo más probable es que no provengan del famoso rey.

Lo que ocurre es que era una práctica común en la antigüedad atribuir la autoría de un libro a un famoso personaje, pues esto permitía asegurar su lectura, que es lo que en definitiva quería quien los escribió o mejor dicho recopiló.

Porque estos dichos populares fueron inventados por la gente que con la experiencia de la vida sacó estas conclusiones que se trasmitieron oralmente. El autor o los autores de este libro sólo las recogieron.

¿Quienes fueron los que lo escribieron?

Los libros proféticos y los libros históricos ( o narrativos ) nacieron de la reflexión hecha por el pueblo sobre su historia y la presencia de Dios en ella, y de la misma predicación de los profetas.

Pero también hubo sabios en Israel que trataban de entender y comprender lo que Dios decía sobre la conducta de los hombres en su aspecto más cotidiano y simple. Encontraron allí enseñanzas muy valiosas. Meditaron por ejemplo sobre lo que es bueno y lo que es malo, sobre el papel de la riqueza y el poder en las relaciones entre los hombres y con Dios.

Trataron de entender en qué consiste la felicidad y la vida plena, y qué deben hacer los hombres para alcanzarla.

Sobre todo les preocupaba saber si había justicia en este mundo.

¿ Pero esto es filosofía o es Palabra de Dios? Podemos decir que ambas cosas. La Filosofía es la búsqueda de la Sabiduría, pero no de la sabiduría libresca o meramente científica, sino que se trata de la sabiduría que nos permite mejorar como personas y vivir en plenitud, desarrollando nuestras potencialidades humanas y vivir en dignidad y libertad.

Así, el libro de los Proverbios, es considerado como un libro Sapiencial (de sabiduría) porque habla precisamente de eso, de la forma de obtener sabiduría.

Para este libro, la sabiduría no es una ciencia sino un don de Dios , y para obtenerla hay que caminar en el bien y en la justicia, obedeciendo los mandamientos del Señor.

Por eso, tanto Israel como la Iglesia consideran a este libro y a los demás libros sapienciales Palabra inspirada por Dios.

Estructura del libro

La mayoría del libro de los Proverbios es muy antigua (Capítulos 10 al 31) y se puede fechar en la época monárquica cuando se desarrolló la corte desde el reinado de Salomón, y es obra de sabios de esa corte que no desdeñaban encontrar la sabiduría en los dichos de los hombres sencillos y que quieren vivir en rectitud.

La parte más reciente (Siglo II antes de Cristo) que va de los capítulos 1 al 9, está dedicada al elogio de la Sabiduría a la que se personifica. El capítulo más hermoso y elaborado es el capítulo 8 que ciertamente le debe haber servido de base al que escribió el Evangelio según San Juan para construir el hermoso Prólogo en el cual nos habla de la Palabra de Dios, que se hizo hombre para habitar entre nosotros (Jn 1,14).

 

El impío, el justo, el sabio y el necio

Estas palabras que a veces se traducen de otra manera conviene que sean entendidas correctamente.

El impío es el malvado, el hombre cruel que no ama a Dios ni tiene en cuenta la justicia.

El sabio no es el que ha leído muchos libros sino el que cultiva la sabiduría como amor a Dios y al prójimo y trata de conducirse con rectitud.

La palabra justo designa al hombre bueno, al que tiene compasión y sabe perdonar, al que sigue los mandamientos de Dios y practica la justicia. Así que sabio y justo bien pueden ser sinónimos. El necio es el tonto, el que cree saber mucho y permanece en la ignorancia porque peca de soberbia.

En fin, el libro de los Proverbios nos habla de la vida y nos invita a examinar nuestra conducta cotidiana, ayudándonos a caminar en actitud de humildad y conversión.

 

Eduardo Ojeda