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CABILDO ABIERTO EN OBSUR La Puerta de la Misericordia: mucho más que una novela
Tomás
de Mattos nació en Montevideo, TRES PROPOSICIONES Y ALGUNAS PROPUESTAS Quisiera asomarme a La puerta de la Misericordia, con tres sencillas proposiciones (desde mi experiencia de lector y comunicador) y algunas propuestas (desde mi experiencia de ciudadano y de sacerdote). Quizás, al final, las tres proposiciones puedan sintetizarse en las propuestas concretas que me surgen de la lectura de esta novela. 1) La puerta de la Misericordia es un libro para todos, es un best seller, aunque no de lectura "barata" y fácil. Es una novela plural, dirigida a un público plural y que produce, para decirlo con Barthes, "chispas de sentido, hasta el infinito". El relato ofrece sentido para todos, para muchas y diferentes lecturas. Como el Evangelio de Jesús, que se dirigía a publicanos y fariseos, pescadores y Maestros de la Ley, ricos y pobres, así esta novela de Tomás de Mattos se dirige a un amplio abanico de lectores: los creyentes y los no creyentes (a los que el autor dedica particular atención), los cristianos y los judíos, los nuevos intérpretes y los anclados en la tradición. Esta
pluralidad de destino puede ser una de las razones de su éxito. La puerta de la Misericordia (y esto no va en menoscabo de su valor literario) puede considerarse un Evangelio (=una buena noticia), para el Uruguay de hoy. "Un Evangelio según Tomás", como tituló Rosario Peyrou su presentación del Libro en el País Cultural. Un Evangelio paródico que no puede y no quiere dar respuestas definitivas... El capítulo 62, titulado "Una pregunta sin respuestas", podría ser una clave de lectura para toda la obra. Y justamente Jesús le contesta a Nakdimón: "Aunque mil veces me hagas esta pregunta, hoy no te la voy a contestar". 3) La puerta de la Misericordia es un libro rico en significados; un libro complejo hecho de otros libros (varios libros de la Biblia y otros más señalados por la crítica literaria...). Es un libro eminentemente intertextual, ejemplificación evidente de aquella "carencia de límites" de la semiosis (para la que todo signo oculta otro). Si Umberto Eco en su Obra abierta o en Lector in fabula propone para la lectura de una obra moderna los "laberintos de la textualidad" que descubre siempre nuevos sentidos, la lectura de La puerta de la Misericordia, tan próxima no sólo al sujeto sino al modo narrativo de la Biblia, necesariamente implica una apertura "sin límites". En el primero de estos libros de Eco, se señala cierta semejanza entre la "apertura" de las obras contemporáneas -o sea, la riqueza de la información que permite unas lecturas siempre nuevas y diversificadas- y el alegorismo medieval, que preveía diversos niveles de interpretación del texto (en primer lugar el texto de la Sagrada Escritura). Estamos hablando de un libro que, además de ser una obra abierta contemporánea, es una novela "bíblica", y por eso esta comparación resulta ser muy pertinente.
LAS PROPUESTAS:
El autor invita al lector "a revivir, en la coincidencia o en la discrepancia" la única certidumbre que él posee: "la cálida esperanza de que el carpintero de Nazaret no se haya engañado y de que sea, entonces, una verdadera Puerta de la Misericordia, abierta a todo hombre o mujer de buena voluntad, sin discriminación de creencias o prácticas religiosas". Con
mucho respeto para todos, con mucha humildad, esta obra puede
transformarse en una piedra miliar no sólo para la literatura uruguaya,
sino para la propuesta evangelizadora en estas tierras. "La
puerta de la Misericordia" es una obra de diálogo, es una
obra de inculturación, es un camino que apunta hacia esa participación
de todos en la vida plena. La puerta de la Misericordia es al mismo tiempo "lectura del mundo" y "proyecto de vida". La relación de los grupos humanos con el mundo es una relación mediada por instrumentos y herramientas, como mitos, lenguas, artes, tecnologías, religiones, filosofías, conceptos y conocimientos. La obra de Tomás de Mattos es mucho más que una novela de entretenimiento, es un meta-relato cuestionador, que parece preguntarnos: ¿En qué medida la propuesta de Jesús de Nazaret -"quien quiere asegurar su vida, la perderá porque no nacerá por segunda vez; quien la arriesgue, podrá ver dónde está el Reino de los Cielos"- es herramienta útil en mi proyecto vida? La vida es don y, como tal, es herencia del pasado y tarea a ser realizada; es don gratuito y tarea responsable. El don se abre en la gratuidad del rito y de la celebración, donde los pueblos conmemoran el pasado, festejan el presente y anticipan la utopía de "la tierra sin males". La
vida es tarea que confiere
responsabilidad. Es la dimensión de lucha y resistencia contra
las fuerzas que atentan contra la vida, más todavía en estos tiempos
de miseria generalizada. Por eso La puerta de la Misericordia se hace
cuestionadora del proyecto social que nos toca vivir. Sin embargo, no es
un discurso ideológico o una reivindicación callejera. Se trata más
bien de una actitud interior que se expresa luego en el imaginario y en
el comportamiento colectivo. Se trata de romper el cerco de la
marginación y de la exclusión. Abrir la "puerta de la
Misericordia" significa distanciarse de la actitud de los "aportillados"
como los llama Gonzalo Abril, es decir los que en la sociedad custodian
"la vanidad del poder y el poder de la vanidad" (Revista de
Occidente, 7-8 1995, p.75). Para De Mattos son los"centinelas de la
Ley" que "amurallaron la Tienda del Padre" en lugar de
ser los porteros de la Misericordia. La herencia incómoda y en parte olvidada del mensaje de Jesús (y no tan sólo de la tradición cristiana) ¿podrá entrar en el laboratorio colectivo en el que los uruguayos producen su identidad y los medios y comportamientos necesarios para su vida? El libro de Tomás de Mattos abre esta otra puerta de la inculturación del Evangelio en el Uruguay. No son la mujer y el hombre uruguayos los que tienen que ponerse a la escucha del Evangelio. Al revés, es el Evangelio, el que se pone a la escucha de la cultura uruguaya y humildemente se incultura en ella, para construir y reconstruir, en ella y con ella, su cosmovisión, sus signos y significados, su origen y su destino. En fin, el Evangelio inculturado podrá colaborar en la creación de su "religión", de su visión del cosmos y del mundo. No hay un Evangelio "puro", sino un Evangelio culturalmente situado. La "evangelización" parte siempre de un Evangelio inmerso en una cultura. No existe una cultura modelo, una cultura pura para la evangelización. Cuando queremos construir una cultura pura, nos volvemos destructores de culturas. Evangelizamos siempre a partir de determinada cultura. Hay una analogía ("una analogía no mediocre" LG. 8) entre la Encarnación del Verbo y la inculturación del Evangelio en un determinado contexto histórico ("Aquí estoy" Heb 10,9). Sin nombrar nunca a Uruguay este Evangelio es uruguayo. 4. El evangelio de los atribulados El Espíritu de Dios ungió a Jesús de Nazaret y lo envió para anunciar la Buena Nueva a los pobres (Lc 4,18). Se acabó la herencia, el privilegio. Jesús dice que no importa ser hijo de Abraham, pues hasta las piedras pueden ser transformadas en hijos de Abraham. Hay una ruptura con la legitimidad genealógica. Toda la historia es redimida. No hay historia que no fuera tocada por la creación y por la Encarnación. Toda la historia es historia de salvación y por supuesto también la historia uruguaya con sus dudas, sus aciertos y desconciertos, su laicismo y su incredulidad. La pluralidad e historicidad de las culturas impide reivindicar una cultura cristiana o evangélica. El Evangelio de la Vida puede ser vivido en todas las culturas (EN. 20)
Jesús le dice a Nakdimón: "No es fácil reconocerse miserables y, menos, saberse redimibles. Pero terminaremos inundando el mundo de misericordia" (p.105).
CONCLUSIÓN El teólogo brasileño Pablo Suess afirma que el Evangelio nos hace cautivos de los Otros, y también nos impulsa a la ternura del amor mayor, a cautivar a otros hasta los confines del mundo. Universalismo salvífico no es prepotencia; no significa incorporación de todo el mundo a una única versión del cristianismo. Universalismo significa: ningún excluido. El universalismo ha de ser pensado en término de no-exclusión. Todos forman parte de la historia de salvación. Los proyectos históricos de todos los pueblos están relacionados con el proyecto de Jesús que es el Reino (=La puerta de la Misericordia): una nueva manera de relacionarse... Lo "original" del Evangelio pasa por el testimonio de las nuevas relaciones entre las personas, entre Dios y la humanidad y la creación. Las relaciones simétricas de fraternidad apuntan hacia la gratuidad de la opción por los Otros, para el compartir solidario. A la exclusión respondemos no con la simple inclusión, sino con una nueva responsabilidad. Quinto Regazzoni |
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