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Reducción guaranítica (Paraguay) Talla de madera, de 1.88 m.
San Sebastián es un santo bastante secundario en el Santoral actual, reformado después del Concilio Vaticano II. Sin embargo, en el tiempo de la colonia su devoción era muy extendida y su patrocinio sobre la salud y contra toda enfermedad era muy reconocido. Sebastián fue un soldado romano, martirizado en el año 300. Se dice de él que entró en la vida militar para ayudar a los cristianos que estaban prisioneros. Los antiguos documentos dicen que Sebastián era capitán de la guardia en el palacio imperial de Roma y aprovechaba su cargo para ayudar lo más posible a los cristianos perseguidos. Pero un día lo denunciaron ante el emperador por ser cristiano. Maximino lo llamó y lo puso ante la siguiente disyuntiva: dejar de ser cristiano y entonces ser ascendido en el ejército, o si persistía en seguir creyendo en Cristo, sería degradado de su rango y ser ejecutado. Sebastián declaró que sería seguidor de Cristo hasta el último momento de su vida, y entonces, por orden del emperador fue muerto a flechazos. Ha sido invocado por muchos siglos como un patrono contra las flechas envenenadas y para librarse de plagas y enfermedades. Por este motivo es fácil comprender la razón de la imagen del santo en las Reducciones. En la talla jesuítica, bien hecha, en la cual es evidente la mano de un artista, el escultor expresa la impresionante serenidad del soldado cristiano, es decir del hombre que vive su profesio-nalidad, su trabajo diario, totalmente entregado a la causa de Cristo. Si no fuese por la vestidura y por las flechas en la mano derecha, sería difícil hablar de Sebastián como de un soldado. La expresividad del rostro que transparenta una auténtica espiritualidad, una carnalidad transfigurada por la presencia de lo Divino, suscita en el hombre sencillo que la mira, el deseo de la santidad, es decir del abandono total a la ternura de Cristo. El rostro del santo infunde la paz del corazón, que solamente la belleza del encuentro con lo divino engendra. Lo que normalmente miramos en el soldado, muchas veces sinónimo de violencia, de pelea, de rabia, en Sebastián, soldado romano, cambiado por Cristo, ha desaparecido totalmente, en favor de la caridad, que es el corazón de la vida cristiana. La imagen es totalmente diferente de la iconografía tradicional, en la cual veremos a San Sebastián atado a un árbol, con el cuerpo semidesnudo y atravesado por las flechas, mientras contempla el cielo, el destino del hombre. Aquí sin embargo, se destaca la figura del hombre y del soldado transfigurado por el encuentro con Cristo, en su vida cotidiana, en su profesionalidad. En modo sorprendente expresa lo que San Benito, unos siglos después sintetizará en el lema "Ora et labora".
Extractado del prólogo
del p. Aldo Trento, |
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