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1. La divina biblioteca Cuando alguien busca conocer la Biblia por primera vez, queda bastante desorientado frente a una avalancha de nombres y títulos que constituyen un curioso índice de temas.
En realidad, la Biblia se presenta como cualquier otro libro, con un índice cronológico o temático bien ordenado; su índice es una larga enumeración de nombres propios: libro de Isaías, de Daniel, de Jeremías, de Marcos, de Lucas..., carta a los Efesios, a los Gálatas..., etc..
Esto
nos indica que atrás de estas secciones (es intencional no decir
capítulos) están las experiencias de una persona o de una comunidad
con características bien específicas, aunque haya que suponer que, por
estar reunidos en un mismo volumen, esas experiencias tienen una meta o
un mensaje común.
La Biblia encierra el sentido de la vida, la esperanza y el amor de un pueblo que camina hacia la meta que su Dios le ha preparado.
Es muy fácil comprender que la Biblia, en sus distintas partes, desarrolla un único mensaje, una propuesta de liberación para quienes quieran encontrar a Dios. Pero es también importante entender que la Biblia no es un solo libro, sino una colección de libros, escritos por autores diferentes, en tiempos diferentes. Muy apropiadamente, san Jerónimo, uno de los más grandes estudiosos de la Biblia, la llamó: "LA DIVINA BIBLIOTECA".
De hecho, podemos distinguir en ella 73 libros: 46 escritos antes de Cristo (Antigua Alianza o Testamento) y 27 escritos después de la muerte de Cristo (Nueva Alianza o Testamento). Sobre la enumeración de estos libros hay diversidad de opiniones, pero de todos modos, son muchos libros y de contenido sumamente diversificado.
Con tanta variedad de autores, es evidente que la Biblia tuvo un largo proceso de formación, y que sus 73 libros no pudieron ser escritos en la misma época. El más antiguo (el libro de Amós) data de alrededor del 750 antes de Cristo, y el más reciente (el Apocalipsis) fue compuesto en el año 95 de nuestra era.
La redacción de los libros bíblicos se escalona entre estas dos fechas, es decir, más de 8 siglos. Y como varios de estos libros retienen el eco de tradiciones orales o escritas más antiguas, la redacción de la Biblia llevó más de un milenio.
Cuestionario ¿Se presenta la Biblia con capítulos e índices como los demás libros? ¿Cuál es fundamentalmente el mensaje de la Biblia? ¿Cuántos y cuáles libros forman la Biblia? ¿Cuánto tiempo llevó la redacción de esos libros?
2. ¿Quién es el autor de la Biblia? Dice
el Concilio Vaticano II: "Dios habló en la Biblia por medio de
hombres y en lenguaje humano" (Dei Verbum, 12).
En esta expresión queda claro que la Biblia es Palabra de Dios, pero
también, que Dios habló por medio de hombres muy concretos, con sus
cualidades y sus limitaciones; y habló no con un lenguaje divino, sino
humano, limitado en sus expresiones y contenidos.
Dios es, entonces, el autor principal de la Biblia, pero algunos hombres, que él eligió, pueden considerarse autores secundarios y merecen ser conocidos y apreciados en sus peculiaridades, para poder llegar al mensaje que nos quieren transmitir en nombre de Dios.
Es importante saber que muchos libros de la Biblia llevan el nombre de un autor, pero no pueden ser considerados como el fruto de una sola mano, sino como pertenecientes a toda una comunidad que los fue elaborando, primero con tradiciones orales y después con distintas y sucesivas redacciones escritas.
Algunos libros son atribuidos, generalmente, a un autor (por ej. los libros del Pentateuco, los primeros cinco de la Biblia, se atribuyen a Moisés, mientras que los Salmos se adjudican a David...), y esto para indicar la influencia esencial de algunos personajes en la transmisión del mensaje contenido en estos libros.
Otras veces, los libros bíblicos tienen un autor bien concreto, por ej. los libros proféticos: Amós, el campesino; Oseas, el esposo traicionado; Isaías, un joven de la aristocracia; Jeremías, un muchacho poeta que fue desterrado a Egipto; Baruc, el joven escribano de Jeremías, etc.. En la Nueva Alianza (o Nuevo Testamento) los autores son en general conocidos porque como apóstoles (o ayudantes de los apóstoles), tienen la clara misión de dar un testimonio certificado de la buena noticia del Resucitado: Mateo, Pedro y su discípulo Marcos, Pablo y su amigo Lucas, Juan, Judas.... etc..
Estos autores no necesariamente tenían conciencia explícita de estar redactando un libro sagrado, tal como lo entendemos ahora. Ni los destinatarios inmediatos de esos escritos los consideraban inspirados por Dios, en el sentido técnico de la expresión. Sin embargo, el pueblo los leía y releía porque a través de ellos escuchaba a Dios que le hablaba, y así estos libros, cuidadosamente conservados, luego reunidos, se convirtieron en la memoria viviente del pueblo de Dios, en libros sagrados de la Alianza.
Cuestionario ¿Quién es el principal autor de la Biblia y quiénes los secundarios? ¿Por qué algunos libros son atribuidos a un autor? ¿Qué libros tienen un autor bien concreto? ¿Qué característica presentan los autores del Nuevo Testamento?
3. Tres estantes de una biblioteca
Biblos, en griego, quiere decir "libro" y Biblia es el plural (Libros); por su mismo nombre la Santa BIBLIA, aparece como una colección de Libros Santos. Por mucho tiempo, todos los libros eran guardados separados ya que, en la antigüedad las hojas escritas de papiro (= fibra vegetal que se cruzaba y prensaba como el papel) se pegaban unas a otras por un costado, de manera que resultara una larga tira de papiro que después se enrollaba. Dos bastoncitos, en los dos extremos de la tira, servían para enrollar y desenrollar el papiro durante la lectura. Para tener un poco de orden, los judíos habían agrupado todos los rollos (libros) de la Biblia en tres grandes unidades, algo así como tres estantes de una biblioteca:
1. LA LEY: eran los primeros cinco rollos, que constituían el conjunto más importante porque contenían el pacto de alianza entre Dios y su pueblo.
2. LOS PROFETAS: estos rollos narraban la conquista de la tierra prometida y la renovación de la alianza primordial según la predicación de los profetas.
3. LOS ESCRITOS: era el nombre genérico del tercer conjunto de rollos, que no entraban en los dos primeros estantes (Salmos, Libros sapienciales...).
Los cristianos también ordenaron la BIBLIA (AT) en tres estantes que llamaron:
1. LIBROS HISTÓRICOS: son los primeros cinco libros de la LEY más los libros históricos de la conquista del reino. 2. LIBROS PROFÉTICOS: los cuatro profetas mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel), más los doce profetas menores. 3. LIBROS DE SABIDURÍA: los Salmos y demás libros sapienciales...
¿Cómo se indica una referencia?
Se indica primero el libro mediante una abreviatura, de acuerdo con determinadas convenciones que pueden variar. La primera cifra indica el capítulo y la segunda, separada por una coma, el versículo. Gén 2, 4 significa: Génesis, capítulo 2, versículo 4. El signo punto y coma sirve para separar dos referencias diferentes. Así al decir Gén 2,4;8,11 nos remite a los versículos 4 del capítulo 2, y 11 del capítulo 8. La s añadida a una cifra significa "y siguiente": Gén 2,4s indica que hay que leer el versículo 4 y los siguientes del capítulo 2. A veces el versículo resulta demasiado largo: si se quiere señalar sólo una parte del versículo, se añaden letras, Gén 2,4a remite a la primera parte del versículo 4 del capítulo 2.
Cuestionario ¿Qué significa etimológicamente la palabra biblia? ¿Cómo habían agrupado los judíos los libros o rollos bíblicos? ¿Qué se incluía bajo la denominación de la Ley, los Profetas y los Escritos, respectivamente? ¿Cómo suelen clasificar los cristianos sus libros sagrados? El concepto de libro sagrado, inspirado por Dios, ¿fue tan explícito desde el comienzo?
4. El inventario de un tesoro (el canon) En el año 70 de nuestra era, las legiones romanas se apoderaron de Jerusalén. El templo fue destruido; los judíos que no murieron o fueron vendidos como esclavos, se dispersaron.
Era, aparentemente el fin de una larga historia. Pero todavía había una esperanza: aunque habían perdido su tierra, su templo y su independencia, aún les quedaba un maravilloso tesoro, la Biblia.
Pero surgía un problema: ¿qué escritos constituían la Biblia? No había entonces ningún libro encuadernado con ese nombre. Las Escrituras eran un conjunto de libros (o rollos). Pero ¿cuáles eran los auténticos? De los muchos escritos que circulaban era importante determinar la lista exacta de los libros que representaban el único tesoro del dispersado pueblo de Israel. De esta misión se encarga un grupo de rabinos reunidos en Jamnia, una ciudad de Palestina que da al Mediterráneo.
La lista de las Escrituras no se estableció sobre razones filosóficas, ni sobre criterios piadosos, sino sobre la percepción viva de la comunidad de un pueblo en oración.
Las autoridades judías no eligieron los libros de la Biblia, sino que reconocieron simplemente su existencia; se limitaron a comprobar que ese pueblo de creyentes había recibido esos escritos y los amaba considerándolos como don de Dios. La Nueva Alianza se constituyó de forma análoga. Los libros nuevos (evangelios, cartas de los apóstoles.... etc.) fueron leídos y meditados en las comunidades cristianas y especialmente en sus asambleas de oración. Se convirtieron así, a los ojos de los cristianos, en una aportación nueva a la Palabra de Dios, que enriquecía y completaba la recopilación bíblica.
También en las comunidades cristianas se verificó el fenómeno de que algunos escritos eran leídos y aceptados por todas las comunidades, mientras que otros no eran admitidos más que por algunas.
Con el tiempo se fue estableciendo una lista (= CANON) de libros auténticamente inspirados. Otros que, si bien contribuían a alimentar la piedad popular, no eran aceptados por todos quedaron fuera de la lista y se conocen como libros apócrifos.
Cuestionario ¿En qué circunstancias y sobre cuáles criterios establecieron las autoridades judías el canon, o lista de los libros que integraban la Biblia? Entre los cristianos, ¿fue análoga la formación del canon de los libros sagrados?
5. Los géneros literarios
Además de una clasificación exterior, podemos distinguir, en los libros de la Biblia, diferentes modalidades de expresar el mensaje. Cada autor tiene una manera de pensar y de escribir propia.
Estos modos de darse a entender, que los estudiosos llaman géneros literarios, no son invenciones o creaciones arbitrarias de los autores, sino un fenómeno social, en la medida en que constituyen los modos corrientes con que se expresa la sociedad de un tiempo y lugar determinado. También nosotros hoy en día usamos distintos géneros literarios, por ejemplo, el género novelístico, el poético, el epistolar, el periodístico, el comercial, el jurídico... etc..
Hay también meditaciones populares sobre pasajes de la misma Biblia (el midrash) y narraciones fantásticas creadas para explicar ciertos nombres de lugares, de personas o pueblos (que técnicamente se llaman narraciones etiológicas).
Frente a todas estas distintas maneras de expresarse, sería muy ingenuo afirmar que la Biblia es una colección de leyendas más o menos poéticas y que evidentemente esas formas son falsas con respecto a una realidad objetiva... Y sería muy ingenuo también aceptar un relato, por ejemplo, el de Jonás, como realmente acaecido así... "porque la Biblia siempre dice la verdad". El mensaje de la Biblia es siempre verdadero, pero no necesariamente las distintas maneras de expresarlo.
Los estudiosos se han interesado mucho, tanto por los géneros literarios, como por las tradiciones orales que dieron origen a las distintas páginas de la Biblia. Esta minuciosa investigación se ha llamado "Historia de las formas" e "Historia de las tradiciones". Pero se advierte un cierto cansancio en seguir las sendas un poco inciertas y complicadas de la crítica que investiga sobre la génesis del texto (lectura diacrónica), mientras que va ganando terreno el análisis estructuralista que se preocupa del texto en su etapa final (lectura sincrónica). En todos los casos hay que evitar absolutizaciones. Cuestionario ¿Cuáles son los principales géneros literarios que podemos encontrar en la Biblia? ¿En qué consiste el midrash, o una narración etiológica? ¿A qué exageraciones interpretativas puede conducir la errónea evaluación de los géneros literarios? ¿Por qué es importante distinguir el mensaje y la manera de expresarlo?
Celebrando unas bodas de oro Cuando llegué aquella tarde a su casa, estaban solos; ya se habían marchado sus hijos. Y pasamos juntos algunas horas. Fue algo maravilloso.
Me parecía que conocía bien a aquellos viejos amigos de siempre, personas sencillas que habían compartido sus vidas durante cincuenta años, en medio de alegrías y dificultades. Pero aquella noche los descubrí con unos ojos nuevos porque me abrieron su "tesoro": una sencilla caja de cartón en donde había de todo. Había fotografías: fotos familiares, de la primera comunión, de la boda de los hijos, instantáneas de una sonrisa de niño o de un paisaje de vacaciones. Había tarjetas postales: comunes y convencionales, muchas de ellas descoloridas y medio rotas, porque él las había guardado en su mochila durante la guerra. Me las iban comentando, explicando... Y aquellos simples recuerdos se convertían en testigos alegres o dolorosos de algunos momentos de su vida.
Iba brotando de nuevo toda su vida de aquellos papeles familiares. La genealogía familiar, lista monótona de nombres, se convertía en el sentimiento de pertenecer a un largo linaje, de estar arraigados en una tierra. Un contrato no era ya sólo un documento legal y minucioso, sino el sueño de una vida de trabajo y de ahorros: tener su casa. También conservaban las cartas del noviazgo ("Cuidado, no le hagas leer eso", protestaba el viejo, encantado de que yo descubriera de ese modo la ternura de su amor). Me mostraron las oraciones compuestas para algunos grandes momentos de su vida. El sermón de la boda estaba junto a unos versos ingenuos recitados por alguno de los nietos...
Aquella velada pasó como un sueño. Creía que conocía bien a aquellos viejos amigos y, de pronto, con ocasión de aquellas bodas de oro, junto a ellos y al mismo tiempo que ellos, descubría el sentido de su vida. Todas aquellas fotografías, aquellos papeles, eran objetos sin valor económico alguno. Sin embargo, resultaban inapreciables: no eran simples objetos, sino toda una vida que se hacía tangible. Cada uno de aquellos humildes objetos ocupaba su lugar en una historia, tejiendo su sentido. Esos esposos me enseñaron unas fotos, unos escritos: uno se interesaba por todo aquello, sobre todo porque era la vida condensada de dos personas. A través de ello, podía uno adentrarse en el mundo de aquellos amigos, participar de su aventura amorosa. También los diferentes libros de la Biblia pueden parecernos muy variados, a veces vulgares y sin interés, pero gracias a ellos podemos descubrir la aventura de un pueblo de creyentes, podemos entrar en su mundo. "Ésta fue mi primera carta de amor", decía mi viejo amigo, sonriendo maliciosamente. Leí extrañado aquel papel, era un problema de álgebra. Él y su (futura) esposa cursaban entonces el secundario. Una vez que ella estaba enferma, él se encargó de escribirle para pasarle los deberes de matemáticas. Una carta sencilla. Pero aquella carta suscitó algo y fue el inicio de una aventura de amor. Lo mismo ocurre con algunos sucesos que carecen de interés en sí mismos... pero vistos e interpretados nuevamente, se hacen importantes. (por ETIENNE CHARPENTIER, Para leer el Antiguo Testamento, Verbo Divino, Estella 1983, p. 8-9).
6. El contexto vital
Para entender el mensaje de la Biblia, además de las formas literarias, hay que descubrir el contexto vital de cierto lugar y de cierta época (lo que los estudiosos llaman el Sitz im Leben). La
elaboración de las tradiciones orales y escritas dependió en gran
parte del ambiente en el cual tuvieron origen.
En lo que transmiten se reflejan fielmente las situaciones que atraviesa el pueblo, las inquietudes que lo asaltan y los interrogantes que se plantea.
Un ejemplo: anunciar el Reino de paz y justicia prometido por YAVÉ, toma distintos matices si se ubica en el año 1000 cuando la monarquía de David estaba en su auge, o si se ubica en el año 587 cuando Jerusalén y el templo son destruidos por los babilonios y ya se acabaron las esperanzas en un poderoso reino terrenal.
De allí la gran importancia de conocer el contexto vital en que se originan las tradiciones o en que fueron escritos los libros, para captar el contenido que quisieron transmitir.
Otro paso fundamental e imprescindible para llegar al mensaje, es conocer el lenguaje concreto que se usa en uno u otro pasaje de la Biblia. Si no se toma en cuenta este aspecto con seriedad, se puede hacer decir a la Biblia cualquier cosa, y hasta llegar a hacerle decir lo que de ninguna manera quiso decir.
Un ejemplo: el verbo odiar para los hebreos tiene dos significados: 1) odiar; 2) posponer. Por eso la frase evangélica: "El que pospone su vida en este mundo la conserva para la vida eterna" (Juan 12,25) fue traducida muchas veces literalmente: "El que odia su vida...", y esto provocó falsas interpretaciones, por ej., en la ascesis espiritual (cf. el mismo término en Mal 1,2-3 y en Rm 9,13).
Hay expresiones mucho más complejas que requieren un largo estudio de expertos para que se pueda determinar su real significado lingüístico.
Por eso, se puede concluir que algunas veces interpretar la Biblia literalmente, como suena, puede equivaler a traicionar el mensaje.
Cuestionario ¿Por qué es importante conocer bien el contexto vital o ambiental en que fue expresado el mensaje bíblico para su cabal comprensión? ¿Un mismo concepto puede ser susceptible de diversos matices, según las circunstancias? ¿Por qué es importante conocer el sentido concreto y particular en que se toma un mismo vocablo en cada pasaje?
7. La Biblia en versión popular Los documentos del Concilio Vaticano II dicen:
"Es necesario que los cristianos tengan acceso fácil a las Santas Escrituras... Como palabra de Dios debe ser dada a todos los hombres de todos los tiempos: la Iglesia cuida que se hagan traducciones apropiadas y exactas en todas las lenguas, preferentemente partiendo de los textos originales de los libros sagrados." (DV 22)
Este idioma popular fue llamado koiné (= común) y fue difundido por los soldados de Alejandro el Grande a través del Asia Menor, Siria y Egipto..., y fue utilizado también por los judíos de Palestina y sobre todo por los judíos de la dispersión y los convertidos al judaísmo (prosélitos).
No nos debe resultar extraño que el Espíritu Santo impulsara a los autores sagrados a escribir en el estilo de hablar del hombre común. Siempre era posible que los intelectuales de la época entendieran con facilidad el lenguaje popular, pero probablemente la gente sencilla no habría tenido acceso al mensaje del evangelio, si hubiera sido escrito en el griego literario.
A comienzos del siglo V san Jerónimo concluyó la obra colosal de traducir la Biblia al idioma popular: el latín que hablaba el pueblo. Cuando comenzó este trabajo, ya existía una versión en latín literario (llamada la Vetus Latina, o sea "la vieja versión latina"), ahora casi desa-parecida. Jerónimo hizo su traducción sobre manuscritos hebreos y griegos, concluyendo así su versión conocida como Vulgata (= vulgar) en el año 406.
El latín popular se fue transformando, con el tiempo. en un nuevo idioma popular: el romance, que luego se transformó en los idiomas neolatinos modernos. Hoy, entonces, es necesario volver a traducir el Mensaje no sólo a los idiomas modernos, sino a la estructura mental, a la forma y a los sentidos con los cuales la gente común habitualmente se expresa.
Cuestionario ¿Cómo facilita la Iglesia el acceso de los cristianos a la Sagrada Escritura? ¿Qué traducción latina, en reemplazo de otra anterior, le debemos a san Jerónimo? ¿Por qué es necesaria la edición de nuevas traducciones, acordes con la mentalidad actual?
8. La primera traducción de la Biblia Los judíos se encontraban muy unidos a la tierra de sus antepasados. Sin embargo, muchos de ellos se instalaron en el extranjero a partir del exilio: la "diáspora" o dispersión es un fenómeno permanente en la historia de Israel. Los judíos dispersados en medios griegos se asimilaban fácilmente y, aunque fieles a la fe y costumbres tradicionales, se adaptaban rápidamente a la lengua griega, olvidando poco a poco el hebreo.
Se planteó entonces una serie de problemas en las asambleas litúrgicas, al igual que en Palestina cuando se cambió el idioma hebreo por el arameo. En efecto, se continuó leyendo en hebreo la Ley y los Profetas; pero esta lectura era difícil de comprender para la mayoría de los fieles. Por eso se hacían traducciones más o menos libres, improvisadas a medida que se iba leyendo el texto. Éste parece ser el origen del TARGUM (paráfrasis y traducción aramea del texto sagrado).
Se empezó también a traducir algunas partes de la Biblia hasta llegar a formar un texto bien ordenado. Comenzando por la Torah (= la Ley), en el siglo III a.C., ese trabajo de traducción se continuó con los demás libros. Siglo y medio más tarde, el traductor de Ben Sirá, esto es, del Eclesiástico, conocía en griego las tres partes de la Biblia, aunque parece inclinado a disculpar los defectos, más que a exaltar los méritos (cf. Prólogo del Eclesiástico 1-35).
Estas traducciones no tenían nada de oficial y no es seguro que las autoridades religiosas las miraran favorablemente. Un rabino de los primeros tiempos de la era cristiana afirmó: "El día que los ancianos escribieron la Ley en griego para el rey Tolomeo, fue tan mal día para Israel, como el día en que se fabricó el becerro de oro". Pero en otros medios las traducciones eran bien vistas; en el primer siglo de nuestra era, Filón el judío, filósofo alejandrino, manifestaba un verdadero entusiasmo por la traducción de la Biblia.
Nunca hasta entonces se había traducido al griego un texto escrito en una lengua semítica. Desde un estricto punto de vista literario, la traducción llamada "de los SETENTA" constituyó todo un acontecimiento. Desde un punto de vista religioso, el éxito fue aún más importante.
La leyenda de los setenta Desde el siglo II a.C., un escrito judío (carta de Aristeo), trata de dar a la nueva traducción sus títulos de nobleza. Según este escrito, el rey de Egipto, Tolomeo Filadelfo (285-247), aconsejado por su bibliotecario, envió al Sumo Sacerdote de Jerusalén, Eleazar, una delegación portadora de regalos para formularle un deseo personal: enriquecer su biblioteca con un éxito auténtico, la Torah y al mismo tiempo, tener un equipo de traductores que cuidara la versión griega del texto sagrado. Fueron enviados 72 sabios, seis por cada tribu, que llevaban un ejemplar de la Ley escrito en letras de oro. Tuvieron un grandioso recibimiento en Alejandría, y allí, en una magnífica residencia los 72 empezaron su obra de traducción, trabajando separadamente. Al cabo de 72 días el texto de la Torah estaba traducido y aprobado por todos. Por esta leyenda la primera traducción griega de la Biblia fue llamada de los Setenta.
Cuestionario ¿Qué relevancia adquiere la diáspora en la historia de Israel? ¿Cómo repercute la helenización de los judíos de la diáspora en el uso de la Sagrada Escritura? ¿Qué problemas se presentaron en Palestina por el cambio del hebreo al arameo? ¿Qué datos podemos aportar sobre la primera traducción de la Biblia, llamada de los Setenta?
9. Una nueva lista de libros Los judíos de Alejandría leían en sus sinagogas varios libros que no se conocían en Jerusalén (Baruc, Tobías, Ben Sirá, Judit, el Primer Libro de los Macabeos), y que fueron también traducidos. Además se escribieron dos libros directamente en griego (2° Macabeos y Sabiduría). Todos estos libros llegaron a formar parte de la lista oficial alejandrina de los libros bíblicos (Canon alejandrino). Por formar parte de una segunda lista (o canon) estos libros fueron llamados también "Deuterocanónicos".
Los judíos tradicionalistas de Jerusalén no aceptaron ni los nuevos libros ni la traducción griega. Por el contrario, los autores del Nuevo Testamento, que escribían en griego, aceptaron y citaron la "nueva" traducción de los Setenta.
En realidad, en algunos ambientes judíos, los libros "Deuterocanónicos" eran aceptados. En tiempos de Jesús existía en Jerusalén una sinagoga de judíos helenistas (He 5,9) que leían la Biblia en versión griega.
Los libros que se encuentran en la Biblia griega y que no se hallan en la hebrea, se llaman DEUTEROCANÓNICOS (del segundo Canon o lista). Estos libros forman parte de la Biblia que tienen los católicos y los ortodoxos. Los protestantes prefirieron adoptar el Canon hebreo, que no incluye los deuterocanónicos.
Cuestionario ¿Cuál fue la reacción de los judíos tradicionalistas de Jerusalén y la de los autores del Nuevo Testamento, ante la versión de los Setenta? ¿Qué libros bíblicos se llaman deuterocanónicos? ¿Cuál es la actitud de los católicos, ortodoxos y protestantes respecto de los libros deuterocanónicos?
10. Una Biblia explicada e interpretada Hay excelentes ediciones de la Biblia, como por ejemplo la de Jerusalén, cuyas anotaciones y referencias marginales constituyen un verdadero tesoro. Otras, en cambio, ponen notas muy breves como si quisieran pedir perdón por ponerlas. La Iglesia Católica quiere que siempre se pongan notas que ayuden al lector a entender el texto. Los protestantes, en cambio, prefieren no poner notas, alegando que las notas científicas de los exégetas no deben sustituir al testimonio interior del espíritu.
Es cierto que existe un orden de comprensión mayor que el de la ciencia: el del espíritu y del corazón. Decía Kierkegaard: "Hay que leer la Biblia como se lee una carta de amor". Sin embargo, no hay que excluir el esfuerzo de la investigación científica. Por lo tanto, resulta bastante peligroso oponer el aporte de la lectura científica a la lectura habitual "según el Espíritu".
La Biblia es un libro difícil y es bueno reconocerlo; al igual que el eunuco de la reina de Etiopía (He 8,31), todos necesitamos una guía. No se trata de enfrentarse a comentarios complicados y eruditos. Existen buenos comentarios y notas, accesibles a todos, que ayudan a descubrir el sentido actual de la Biblia para poderla encarnar en nuestra realidad de hoy.
Para captar el mensaje de Dios en la Biblia hace falta un trabajo arduo y complejo para llegar a una buena traducción y explicación del texto, y determinar así, con bastante claridad, el pensamiento del autor. Ese trabajo de explicación y clarificación del texto, llamado técnicamente exégesis, no es sin embargo suficiente para una buena lectura de la Biblia.
Para no quedar anclados en el pasado, no basta saber qué quiso decir tal autor en el siglo tal; es indispensable dar un paso más, es decir, re-interpretar el mensaje HOY, en este momento histórico. Esa interpretación o re-comprensión de la Biblia, que los expertos llaman hermenéutica, es necesaria para entender y actualizar la Palabra de Dios y su mensaje, destinado a todas las personas de todos los tiempos.
La Biblia es palabra viva, no pieza de museo, admirada por todos pero muerta a los efectos de la historia presente. Por ser una propuesta universal de salvación, la Biblia debe llegar a todos sin ninguna exclusión. Cuestionario ¿Qué aporte dan las anotaciones en la Biblia? Para captar el mensaje de la Biblia, hace falta una buena explicación del texto sagrado. ¿Cómo se llama esa primera etapa del trabajo de traducción? Se exige además una reinterpretación, de acuerdo con la mentalidad del lector actual. ¿Cómo se designa esa segunda fase?¿Qué cualidad relevante de la Palabra de Dios debe subrayarse en la Biblia?
11. Interpretación bíblica y cultura Hay un principio básico para una buena interpretación bíblica o hermenéutica, y es que cada época histórica comprende la palabra de Dios desde su propia autocomprensión; es decir, de acuerdo con su propia mentalidad y sensibilidad.
El que no tiene en cuenta esto, corre el riesgo de traicionar uno de los principios fundamentales de la historia de la salvación: la encarnación.
Dios siempre quiso encarnar visible y concretamente su mensaje de amor, y llegó a manifestar su amor más pleno en la encarnación de su propio Hijo Jesucristo: "Y la Palabra (Cristo) se encarnó" (Juan 1,18). Y eso significa no sólo que Cristo nació y se hizo hombre, sino que asumió toda la realidad humana con sus limitaciones históricas y culturales.
La Palabra de Dios, el mensaje de salvación, sigue haciéndose carne en la humanidad y acompaña la historia de la humanidad, pero no desde afuera, sino encarnándose en las diferentes culturas que los pueblos viven en el tiempo. Cuestionario ¿Cuál es uno de los principios básicos de la hermenéutica? ¿Qué se entiende por cultura y cómo se relaciona con la Biblia? ¿Por qué hay que ver en ella una extensión de la encarnación del Verbo?
12. La Biblia y la verdad histórica A veces nos preguntamos si la Biblia dice la verdad sobre los acontecimientos que en ella se describen. Globalmente podemos responder que sí: efectivamente la historia confirma las indicaciones dadas por la Biblia y ayuda muchas veces a comprender mejor aquello que en el texto sagrado es sólo mencionado mediante una alusión. Aun los documentos y partes bíblicas que no se refieren a la historia civil (por ej. la cosmogénesis, los proverbios, las narraciones etiológicas o sapienciales), todos tienen un alto valor cultural y por ende histórico no sólo en referencia a Israel, sino a todo el Medio Oriente antiguo.
Podemos afirmar con seguridad que no sólo la historia y la Biblia no se contradicen, sino que, gracias a su sentido de la historia humana, la Biblia conduce a su lector a adquirir un juicio prudente sobre la historia de la humanidad.
Es éste en definitiva el objetivo de la Biblia: no tanto relatar el CÓMO sucedieron las cosas, sino ver el POR QUÉ y el PARA QUÉ. De este modo nos conduce hacia Aquel que es el verdadero y único SENTIDO de todas las cosas.
ORACIONES para antes y después de leer la Biblia
Señor, envíanos tu Espíritu para que nos recuerde y enseñe tus palabras de vida. Tú, Señor, nos hablas con una Palabra nueva. Por eso queremos escucharte. Porque tu Palabra nos muestra la Verdad, nos revela la eficacia de tu amor, nos ofrece la participación de tu misma vida. Amén.
Señor, que tu Palabra se haga carne en nuestras vidas. Te ofrecemos un corazón pobre y abierto. Siembra en nosotros tu Palabra, que tu Espíritu la haga fecunda, como en María. Y seremos en el mundo el eco de tu voz, la proclamación de tu Evangelio. Amén.
Cuestionario ¿Se opone la Biblia a la verdad histórica? ¿Qué importancia tienen los acontecimientos que en ella se describen? ¿Cuál es el objetivo final de la Biblia?
13. Dios, Señor de los tiempos Los cuentos de hadas generalmente comienzan diciendo: "Había una vez..." o "Érase en un país muy lejano...". Poco importa el cómo y el cuándo..., la acción se sitúa en un tiempo y espacio indeterminados. ¿Qué sucedió antes? ¿Qué sucedió después? No tiene ninguna importancia. Los relatos de la Biblia, al contrario, no sólo pueden ser fechados en su mayoría, sino que suponen siempre un antes y un después. Algunos filósofos griegos pensaban que, después de un lapso de tiempo bastante largo, los mismos acontecimientos se desarrollaban de nuevo en la historia humana. La historia se encontraba cerrada en sí misma, como si fuera un ciclo de estaciones. En la Biblia, cada día que vivimos es absolutamente nuevo. Lo que seguirá será diferente, pero lo de ayer preparaba lo de hoy, y lo de hoy prepara el mañana. Esta novedad no se refiere a las "leyes perennes" de la física o de la metafísica -en este sentido la Biblia misma reconoce que "nada nuevo hay bajo el sol" (Ecl 1,9)- sino a la novedad del Espíritu que constantemente renueva la faz de la tierra. Cuando Dios promete a Abraham descendencia, tierra y bienestar, esas bendiciones se realizan en el tiempo y redundarán en la eternidad. Porque Dios es el Señor de los tiempos. Todo el Antiguo Testamento es una promesa del Mesías. Habrá que esperar miles de años; pero a los ojos de Dios "mil años son como un día". Y cuando Jesús venga, el Nuevo Testamento esperará también, dirigido hacia un nuevo futuro: "Esperamos el retorno glorioso de Cristo".
La Biblia se esforzó en remontar el tiempo desde antes de Abraham hasta la hora inicial de la creación del mundo. Las genealogías (TOLEDOT), más que un simple expediente literario, son un motivo teológico que permite establecer un hilo conductor y descubrir la continuidad de la aventura humana a través del tiempo, desde la creación del mundo hasta la Jerusalén celestial.
Hay quienes piensan que Dios creó el mundo y lo echó a andar... y, como esto sucedió hace muchos años, el mundo está lejos de su causa inicial. Es como cuando el jugador de fútbol le da un puntapié a la pelota. Ésta empieza a andar y queda a gran distancia de él. Es una concepción de la creación de tipo lineal. Igualmente, dicen algunos, la Biblia es un libro que fue escrito hace mucho tiempo. Cuenta cosas y acontecimientos del pasado que nada tienen que ver con nuestra época, con los problemas de hoy: el cierre de fábricas, la desocupación, el hambre, el problema de la vivienda, la inseguridad... etc.. Pensar así es un gran error... Dios estuvo tan presente y tan cerca de Abraham, de Moisés, de los Profetas..., de María y de las primeras comunidades cristianas, como lo está ahora, muy cerca y presente en cada uno de nosotros, en nuestras familias y comunidades, en las situaciones del barrio y del mundo actual. Porque para Dios no hay tiempo ni espacio. Para el Nuevo Testamento, como para el Antiguo, Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es el Dios que habló y que intervino en la historia, que actuó en el tiempo. Jesús el Mesías, es la realización plena de este proyecto histórico de Dios.
El tiempo es una categoría fundamental de la revelación. Fue creado por Dios para establecer un diálogo de amor con su pueblo y conducirlo hacia la eternidad del reino.
Cuestionario ¿Cabe en la Biblia el concepto del tiempo cíclico o en ella el tiempo se proyecta siempre hacia el futuro y hacia la eternidad? ¿Qué quiere expresar la Biblia cuando nos advierte que a los ojos de Dios "mil años son como un día? ¿Por qué no es admisible la teoría según la cual Dios, una vez efectuada la creación, se mantiene alejado de la misma? ¿Que visión de Dios nos enseñó Jesucristo?
Cursillo bíblico Cómo utilizar este material El
OBJETIVO PRINCIPAL de un cursillo bíblico es que cada
miembro de la comunidad abra su Biblia, que se familiarice
con ella, que la sienta como su libro y al mismo tiempo como el
libro de toda la comunidad, que guía y anima a todos en el mismo
camino para construir un mundo mejor.
Cada comunidad tiene que encontrar su METODOLOGÍA apropiada. Sobre la base de las experiencias ya realizadas podríamos dar algunas sugerencias:
• Es conveniente comenzar cada encuentro en un clima de oración: un canto, una oración comunitaria...
• Todos los participantes tendrán en sus manos una Biblia. Un ejemplar de la Biblia puede ser colocado en un lugar bien visible, como presidiendo cada reunión: esto para subrayar que el encuentro no es una simple clase o charla teórica sobre la Biblia, sino un encuentro de profundización en la fe.
• El animador propone los temas gradualmente y lo más claramente posible, ayudándose de adecuadas dinámicas de exposición: pizarrón, carteles, gráficas...
• Es muy importante el trabajo en grupos porque ayuda a fijar los temas y a compartir las experiencias.
• Cada encuentro puede terminar con una oración espontánea o una consigna para la meditación y la vivencia personal.
• Este material se puede desarrollar en 4 o 5 encuentros de dos horas cada uno. El animador verá la mejor forma de utilizar y distribuir el material. Es importante no amontonar el material como si fuera un conjunto de nociones para aprender de memoria, sino asimilarlo a través de oportunas dinámicas de grupo.
• Se han logrado buenos resultados uniendo los cinco o seis encuentros del curso en una semana bíblica. La experiencia realizada demostró que las semanas bíblicas generan un interés más unitario y un seguimiento más constante.
Al comienzo del curso o semana bíblica sería oportuno hacer una celebración de la Palabra con la entrega de la Biblia. Como culminación, el grupo de los participantes podría animar una misa dominical asumiendo, frente a la comunidad cristiana el compromiso de seguir en la escucha y anuncio de la Palabra de Dios.
ESQUEMA DE CELEBRACIÓN DE LA PALABRA PARA LA ENTREGA DE LA BIBLIA Introducción: La celebración de la Palabra de hoy marca un momento importante en nuestra vida: recibiremos, de las manos de la comunidad cristiana, la BIBLIA para que sea guía y alimento en nuestra vida. La llevaremos a nuestras casas y la colocaremos al alcance de todos y en el lugar que más nos guste. Es muy lindo dejarla abierta, como un plato de comida que está siempre preparado para que nos acerquemos a comer.
Signo: Sobre una mesa, junto a la Biblia ponemos varios granos de maíz o de trigo, que van a expresar la semilla de la Palabra de Dios que recibiremos en estos días.
Cantos: Somos tu pueblo reunido o Si en el surco (n. 21 y n. 58 del libro "Cantemos hermanos").
Gesto: Mientras se canta se van pasando las semillas y cada uno toma algunos granos.
Lectura del evangelio: Leemos la parábola del sembrador (Mc 4,1-20).
Homilía.
Entrega de la Biblia: los participantes se acercan al celebrante, que, con las siguientes palabras, les entrega la Biblia:
"Toma y cómela; será amarga para tu estómago aunque en tu boca sea dulce como la miel" (Apocalipsis 10,9).
Canto: Te agradezco Señor tu Palabra (n. 45).
Silencio... y acción de gracias: los que quieren expresar su agradecimiento al Señor, pueden hacerlo.
Padre nuestro...
Despedida: remarcar el significado de las semillas; ¿qué tenemos en nuestras manos?... Las vamos a sembrar en nuestras casas...
Bendición y canto final.
Con estas palabras del prólogo de Lucas, concluimos este estudio introductorio a la Biblia, destinado a todos los que quieren seguir profundizando el buen mensaje de la Biblia, para que éste se transforme en vida de nuestras vidas. |
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