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Gloria Aguerreberry
La Conferencia fue convocada por Amerindia, CEHILA-Brasil, CESEP, PUC-SP y SOTER, con apoyo y aportaciones de otras cuarenta instituciones universitarias y de investigación, agencias de cooperación y centros de formación teológica y pastoral evangélicos y católicos, civiles y religiosos.
BREVE CRÓNICA DE LA CONFERENCIA La apertura solemne de este evento, se realizó en el Auditorio de la Facultad Bautista con la presencia y las palabras del arzobispo emérito de San Pablo, miembro del Comité de Honor de esta Conferencia, dom Paulo Evaristo Arns quien dijo que ésta "es una nueva luz para el camino de la humanidad". Sabiamente hizo un paralelismo entre el enfoque propuesto para la conferencia -que analizó las trayectorias, diagnósticos y prospectivas del cristianismo en el continente- y lo que Jesús dice de sí mismo, que Él es el "camino", la "verdad" y la "vida". El card. Arns dijo que las trayectorias de la conferencia son el "camino", los diagnósticos la "verdad" y las prospectivas la "vida". El rector de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de San Pablo, profesor Antonio Carlos Ronca, llamó la atención diciendo que la conferencia representa una profundización del compromiso político con la construcción de un mundo más justo y solidario, que respete la pluralidad.
Al trazar en pocas palabras los objetivos de la Conferencia, el coordinador general del evento, el profesor del Departamento de Teología de la PUC, Wagner Lopes Sanchez, destacó que la propuesta es hacer un balance crítico del caminar del cristianismo en América Latina, es trazar sus principales desafíos y responsabilidades, teniendo en cuenta el actual contexto marcado por la globalización. Participaron de esta Conferencia 740 personas llegadas de 31 países de América, Europa, Asia y de 20 estados brasileros; pertenecientes a varias iglesias cristianas. De acuerdo con el teólogo Márcio Fabri dos Anjos, del Comité Directivo, el objetivo del evento fue proporcionar el análisis más amplio y participativo posible de la caminata del cristianismo en América Latina. Él recuerda que a cada decenio ocurre una iniciativa como ésta a partir de la iniciativa de los obispos; por eso, en esta oportunidad, el evento tuvo una perspectiva académica, con una participación más amplia de teólogos y representantes de diferentes iglesias cristianas, lo que le dio una característica ecuménica y multidisciplinaria. El encuentro contó con cuatro grandes sesiones plenarias, con conferencias y debates por la mañana, donde intervinieron conferencistas de renombre internacional como don Samuel Ruiz, obispo emérito de Chiapas (México), el p. Gustavo Gutiérrez, del Perú y el obispo Demetrio Valentini, del Brasil. Por la tarde tuvieron lugar 48 mesas redondas y de comunicación con 165 expositores entre los que se encontraban: frei Betto, frei Carlos Josaphat, p. José Comblin, p. Carlos Mesters, p. Jon Sobrino, p. Pablo Richard y las teólogas Elsa Tamez, Clara Bingemer y Ana María Tepedino, entre otros. Fue un ejemplo vivo de ecumenismo, donde se homenajeó en forma especial al p. José Comblin, reconocido teólogo que vive desde hace muchos años en Brasil y que recientemente cumplió 80 años. El coro de la PUC cerró el brillante acto de apertura de la Conferencia.
Quiero resaltar algunas expresiones muy significativas que resonaron con fuerza en la Conferencia dejando inquietudes e interrogantes pero a la vez mucha esperanza y más compromiso militante en los participantes: - Es necesario terminar con la dicotomía fe - política. Hay que acompañar con la reflexión teológica, la formación de los grupos y movimientos políticos y articular la Teología de la Liberación en los espacios posibles: foros, encuentros, etc.. - Tenemos la convicción que como iglesias "no hemos sabido beber de otras aguas que brotan de otros pozos"... Los programas de enseñanza de la fe se detienen más en los contenidos que en las vivencias. - En teología no tenemos que tener competencias. No hay que creer en la Teología de la Liberación sino en Jesús. - Para humanizar a la humanidad no sólo hay que dar, sino que hay que estar dispuesto a recibir. - La gratuidad de Dios interpela nuestra gratuidad para con los pobres. - Los jóvenes no creen en los discursos, creen en la coherencia entre la palabra y la acción. - Hay que tomar conciencia que sin memoria no hay profecía. - Confirmamos la necesidad de continuar espacios de búsqueda y que la utopía de Dios sea la nuestra. - Nos atrevemos a preguntarnos si no será necesario un nuevo cristianismo desde la problemática de la vida... En el acto de clausura de la Conferencia se presentaron dos jóvenes: Pablo y Daniela, que presentaron en nombre de los jóvenes sus inquietudes y su compromiso: Pablo se preguntaba, ¿qué pasa con los jóvenes? No hemos dejado de sentir, de llorar y de creer. Estamos comprometidos radicalmente. La esperanza no muere ni se debilita. Tenemos que hacer realidad los sueños de los que se fueron y de los que dejaron de creer, porque el Reino "ya" es realizable y "otro mundo es posible" en el AMOR. Daniela dijo: Soy mujer, negra, joven, tengo serios motivos para cuestionarme si otro mundo es posible. Quiero representar a muchos y muchas de mi generación que creen que la utopía es posible, es realizable. Ésta nuestra disposición sea recibida como un fruto del trabajo realizado por ustedes a lo largo de sus vidas. Gloria Aguerreberry
1. Pobreza y desigualdad creciente Estamos viviendo un cambio de época con repercusiones complejas en el conjunto de la vida de la mayoría de los habitantes de América Latina. No voy a detenerme en describir la difícil situación de pobreza y desigualdad creciente que aqueja a nuestra región. Los informes de organismos internacionales demuestran año a año que no es más promisoria la vida de las mayorías en nuestros países. Ello plantea entre las nuevas tareas para una reflexión teológica dos desafíos centrales: Ante la pobreza y la desigualdad se mantiene el desafío que la Iglesia latinoamericana levantó en Medellín: la pobreza y la desigualdad son contrarias al anuncio del Reino y es necesario denunciar las injusticias que las provocan y que mantienen una situación de violencia institucionalizada. Respecto de ello hay una trayectoria que se mantiene terca y sólidamente pegada a la experiencia cotidiana de la gente. El camino abierto por los obispos de Medellín y Puebla y por la teología de la liberación sigue firme y recibe al respecto el respaldo del pensamiento social de Juan Pablo II y de la presencia de la voz de la Iglesia en los foros internacionales. La voz de la Iglesia respecto del tema de la deuda externa, y más recientemente sobre la guerra, ha sido particularmente relevante. La pregunta del Éxodo que Gustavo Gutiérrez hace suya, "¿Dónde dormirán los pobres?", es hoy tan vigente como entonces, aunque las respuestas que hoy podamos esbozar en el plano social, económico y político son menos simples y homogéneas que hace cuarenta o treinta años. Ello no hace la pregunta menos vigente ni la tarea profética de la Iglesia menos necesaria, en su denuncia y en su anuncio, en su alimentar una pastoral que haga siempre presente el llamado a hacernos prójimos del que sufre pobreza, del débil, del insignificante, del excluido.
2. El conocimiento, nueva arma de poder
La propiedad intelectual está cada vez más concentrada en instituciones privadas y no es casual que la industria farmacéutica sea una de las más lucrativas. Hecho paradójico si pensamos que el acceso a la salud, con los avances de la ciencia y la tecnología, debería ser un derecho de alcance universal. A la desigualdad creciente en el interior de cada país y con relación a los países del Norte, con respecto al acceso a un conocimiento pertinente y significativo, se añaden fenómenos que se sienten menos en el día a día de nuestras vidas pero que a la larga podrían resultar en mayor exclusión y control: la distancia cada vez mayor en cuanto a la producción de conocimiento y al dominio de información en campos decisivos como la genética. Si entendemos que en este próximo siglo el arma de poder más importante será el conocimiento, debemos preocuparnos por lo que significa en términos de desempoderamiento. Hoy existe una enorme distancia entre grandes sectores, que no acceden ni a una educación de calidad ni a medios informativos consistentes, y élites cada vez más provistas de instrumentos y datos progresivamente más sofisticados. En este aspecto, los desafíos son muy complejos respecto del diálogo entre fe y ciencia en lo referente al avance del conocimiento humano y la necesidad de una mirada crítica y alerta a los nuevos problemas éticos que esos avances plantean y que la Iglesia debe saber poder afrontar con apertura y con criterio evangélico. Aquí percibimos un retroceso de la Iglesia respecto de su apertura y disposición al diálogo en su relación con la ciencia durante y luego del Concilio Vaticano II. Hoy la Iglesia pareciera inclinarse a una postura defensiva que no permite dar cuenta de la vigencia permanente del anuncio evangélico de la Buena Nueva.
El control del conocimiento incide directamente en las posibilidades de mayor exclusión, de dominio sobre la vida de las personas en dimensiones tan íntimas como su combinación genética. El avance de ese conocimiento es extraordinario como posibilidad de logros en el cuidado de la vida, en aumento de esperanzas de vida de calidad, pero, a la vez, no pareciera que ese conocimiento está al servicio de quien lo necesita, sino de quien puede usarlo como un arma de poder y control sobre otros seres humanos. Hay aquí un nuevo desafío para la teología en su capacidad de interpelar el conocimiento científico; hay que aprender nuevamente a saludar y alegrarse de su avance, y al mismo tiempo recordar que el conocimiento debe estar al servicio de la liberación de la humanidad y no al servicio de su dominio.
3. El retorno a lo privado privadísimo Desde mitad del siglo XX las relaciones humanas vienen sufriendo cambios importantes. Una mayor exigencia laboral para cubrir las necesidades de la sobrevivencia en las capas pobres o para satisfacer hábitos crecientes de consumo en las que tienen acceso a mayores ingresos, o hacer frente a altos estándares de competencia en el mercado laboral, va debilitando los espacios de convivencia y de intercambio. A ello se añade la presencia cada vez más invasiva de la televisión dentro de la vida familiar que acentúa una aproximación audiovisual a la realidad, una menor importancia de lo discursivo para conocer, y un menor ejercicio de la imaginación como forma de resolver los avatares de la experiencia cotidiana. Además, desde fines de los años 80 la computadora y el acceso a Internet con su capacidad interactiva se tornan en un referente fundamental de la vida cotidiana de cada vez un mayor número de personas. Ello modifica radicalmente las formas de comunicación enriqueciendo algunos aspectos y debilitando otros: acorta las distancias y permite mantener vínculos, la comunicación cara a cara se torna o innecesaria o incómoda. En estas últimas décadas también se modifican con mayor velocidad las posibilidades de comunicación intergeneracional pues se construyen códigos que forman parte de subculturas transversales generacionalmente. Esta forma de vida que adviene con la modernización, sus avances tecnológicos y su ritmo de vida, ha acentuado una conciencia individual que ha sido a su vez reforzada por una hegemonía ideológica que ha dominado la última década del siglo XX: la importancia del mercado como regulador del conjunto de la vida social y por lo tanto de toda relación humana.
La vida personal queda recluida en la esfera privada y la relación costo/beneficio intenta definir las relaciones humanas adelgazando la densidad de la relación gratuita de la amistad, el amor y la solidaridad. Esta forma de relación ha implicado a las propuestas subversivas que vieron el mundo privado como asunto público. Este planteamiento esgrimido principalmente por el movimiento feminista hizo un camino importante en la última cuarta parte del siglo XX. Puso un reflector sobre la vida en el interior de la familia y permitió enfrentar con franqueza asuntos como la violencia familiar, el acoso y abuso sexual, la discriminación de la mujer. Sin embargo, en la actualidad parece que involucionamos. Por un lado, se consolida una actitud cínica que pone términos contractuales a toda relación humana en base a una visión pragmática de la vida, las relaciones se tornan acotadas, no implican compromiso interior con el otro, son pasajeras, nada puede durar mucho, la autenticidad parece estar contrapuesta a la fidelidad. Por otro, el miedo a los cambios e incertidumbres de la vida contemporánea lleva a una actitud de refugio, de retorno al pasado donde la vida "era mejor" proponiendo los patrones tradicionales como aquellos que pueden garantizar la felicidad. Mayor conciencia individual, mayor expectativa de vida, mayor conciencia de horizontes potencialmente abiertos para salir adelante, pero sólo individualmente. Los jóvenes de hoy saben más sobre la necesidad de saber desenvolverse para salir adelante o simplemente sobrevivir, pero a diferencia de hace 30 o 40 años, las formas de salida que se le plantean son individuales, no colectivas. La posibilidad de organizarse no implica un canal de solución a sus expectativas de cambio, a lo más es una alternativa de protesta pero no de solución. Los signos de los tiempos: señales que nos orientan para emprender un camino nuevo. La Iglesia conciliar abrió una interesante perspectiva de comprensión respecto a la densidad de las relaciones humanas: una confianza en el conocimiento humano, una mayor apertura a la comprensión de la sexualidad, una actitud respetuosa a los códigos culturales diversos intentando tomar conciencia de la inculturación del mensaje, una atención a la sensibilidad de los jóvenes, una creatividad pastoral respecto de grupos marginales. Todo ello abrió un abanico riquísimo para la reflexión teológica y la práctica pastoral en el terreno de las relaciones humanas en lo social, lo político, lo cultural y lo personal. Lo pastoral adquirió una dimensión mucho más amplia que la que se entendió como una práctica más bien reglamentarista que sancionaba lo que está o no está permitido hacer dentro de lo que se entiende por moral cristiana. De lo vivido a lo largo de décadas, sabemos que hay un fruto valioso en lo que la Iglesia ha construido en medio del pueblo pobre de América Latina a partir del Concilio Vaticano II y Medellín y la larga caminata de innumerables comunidades eclesiales: se ha dado cuenta del Dios de la Vida. Y a la vez, hay mucho por hacer, por desarrollar en cada una de las vertientes mencionadas. Nuestra capacidad por inculturar el mensaje no ha terminado de descubrir formas valiosas, y ya debe encarar lo vertiginoso de los cambios interculturales. La Iglesia está en medio de los pobres de manera como nunca lo estuvo en el pasado y a la vez estas personas que sufren pobreza tienen una experiencia de vida muy diferente a cuando la Iglesia asumió como línea pastoral la Opción Preferencial por los Pobres. Esa cercanía de nuestra experiencia con respecto a la de los pobres se hace mucho más necesaria hoy. Cómo entrar en diálogo con una generación joven que llega con el rostro abierto a nuestras comunidades y que está acostumbrada al cambio permanente, y cuyos horizontes de vida están afuera de nuestras fronteras, que sienten como rasgo principal de su futuro, la incertidumbre. Cómo no perder la alegría cuando sabemos que si bien la mayoría de niños y niñas de nuestros países pueden tener una mayor esperanza de vida, muy pronto deben enfrentar la violencia en sus diversas formas: participar en la guerra, ser objeto de tráfico sexual, no tener afecto en su experiencia cotidiana, y abrirse paso en medio de una sociedad que parece una jungla. Estar atentos a los signos de estos tiempos, signos terribles unos, prometedores otros, cuestionadores aquellos, requieren de nosotros una enorme energía espiritual. Encaramos tiempos en los que como dice Luiz Alberto Gomes de Souza debemos más que aferrarnos a un resto de creencias, reafirmar nuestra ancla de vida, nuestra razón de ser.
Hacia el futuro la tarea es reaprender a mirar y a descifrar estos signos de nuevos tiempos en los que la Palabra debe hacerse carne, debe hacerse historia, con nuevos códigos comunicativos, con nuevas formas de hacer comunidad. Hasta hace muy poco tiempo, sentíamos que el horizonte estaba mucho más cerrado. Hoy hay nuevas maneras en las que la gente encuentra que puede afirmar su experiencia humana, en que puede protestar ante el poder, en que puede expresar su disconformidad. Experiencias como el Foro Social Mundial o las manifestaciones multitudinarias contra la guerra son signos promisorios, que se debaten frágilmente en medio de enormes y poderosas fuerzas contrarias, pero que han logrado hacerse sentir. Es como la suave brisa que vino a Elías, y en ella estaba Yavé. Hoy los desafíos son enormes y a la vez debemos poder estar atentos a esa suave brisa que nos orientará en la caminata que debemos continuar por nuevos rumbos. Carmen Lora Clara
Mensaje
de la Conferencia sobre Cristianismo en América Latina Queremos compartir públicamente la experiencia pascual de estos días de fecundo intercambio de ideas, experiencias y esperanzas. Sin Memoria no hay Profecía. En la Memoria de nuestro caminar, rememoramos el testimonio inspirador de nuestros mártires, que mezclaron su sangre con la de Jesús y con la de tantas víctimas anónimas. Las luchas crecientes de los pueblos indígenas, de los afro-americanos, de las mujeres y de la juventud, de los desempleados, sin-tierra en el campo o sin-techo en las ciudades...han cuestionado nuestra práctica. Con la esperanza militante de que "otro mundo es posible", reafirmamos nuestro compromiso solidario con la vida amenazada de las mayorías populares y del planeta tierra/agua. La opción preferencial por los pobres - teniendo en cuenta su diversidad de género, culturas y etnias- tiene que ser renovada, con apoyo irrestricto a sus Causas, luchas y movimientos, en este mundo, cada vez más complejo, plural y globalizado. Esta nueva realidad cuestiona nuestra forma de hacer teología. La gratuidad de Dios interpela nuestra gratuidad en relación con los pobres. Hay un imperativo cristiano hoy: forjar una ética mundial que garantice una casa común habitable para todos los hombres y mujeres. Reiteramos la aspiración a una verdadera integración latinoamericana y caribeña en la que se articulen personas, movimientos, instituciones culturales y sociales, económicas y políticas, partiendo de las necesidades y urgencias de nuestros pueblos y no sólo de los intereses del mercado financiero y de las grandes corporaciones. Las actuales propuestas del ALCA son una forma de inserción subordinada al megamercado norteamericano bajo la presión de un neoliberalismo excluyente. Esto es contrario al proyecto de Dios para sus hijos e hijas. Como miembros de la Iglesia de Jesucristo, llamados/as también a estrechar lazos de diálogo y de cooperación con personas de otras religiones y con todas las mujeres y hombres comprometidos con las causas de la Justicia y de la Liberación, reafirmamos nuestro compromiso ecuménico, con vínculos de comunión y de común servicio al Reino. Porque creemos en la Pascua como victoria sobre el pecado, la esclavitud y la muerte, proclamamos con renovada alegría nuestra esperanza. Ese "otro mundo posible" es también el sueño de Dios. San Pablo, 1º de agosto de 2003 |
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