Los Salmos:

Oraciones del Pueblo de Dios

Los salmos son los cantos que se usaban en las celebraciones del Templo de Jerusalén.

Algunos de ellos, los más antiguos, datan del siglo X a.C. y otros, los más recientes, son del siglo II a.C..

Son cantos de los cuales no sabemos la música, pero nos elevan y nos llevan a la oración y al encuentro con el Señor. Nos emociona el sólo pensar que el Rey David debe haber cantado o incluso compuesto algunos de estos hermosos cánticos de alabanza y amor a Dios. Son sin lugar a dudas las oraciones más hermosas de todos los tiempos.

La tradición judeocristiana le atribuye al Rey David su autoría y la recopilación de los mismos, pero si bien es posible que el famoso rey haya compuesto algunos de ellos, no es seguro que haya sido el autor de todos. Recordemos que en la antigüedad era muy común atribuir a algún personaje ilustre la autoría de un libro. Esto favorecía su lectura. Eran diferentes costumbres y maneras de encarar las cosas.

De hecho, algunos salmos son literalmente atribuidos a los "hijos de Asahp" o a los "hijos de Yedutum". No se sabe quiénes son estos personajes, pero es muy probable que sean levitas, o sea "hijos del patriarca Leví" de la tribu sacerdotal, que estaban encargados del culto del Templo. Fueron muy probablemente los levitas quienes los compusieron y recopilaron.

Los salmos siempre han sido preferidos para la oración y el culto a Dios. Tanto los judíos como los cristianos los rezan y los cantan.

Muchas veces nosotros mismos los cantamos y rezamos hoy. ¿Quién no recuerda el hermoso Salmo 23, dónde Dios es llamado el Buen Pastor, que conduce a sus fieles a pastos abundantes y aguas serenas para reparar sus fuerzas? Muy seguramente la hermosa parábola del Buen Pastor, esté inspirada directamente en este salmo.

Jesús y los apóstoles, como buenos judíos creyentes, los rezaban y cantaban.

Hoy nosotros los rezamos y los hacemos fuente e inspiración de nuestra alabanza a Dios.

El Libro de los Salmos es el libro más extenso de la Biblia, pues cuenta con 150 capítulos.

 

Características de los salmos

Si alguien toma una Biblia y hojea los salmos va a encontrar que desde el número 9 en adelante, los salmos tienen dos nomenclaturas. Así una numeración está con paréntesis, y suele resultar en un número menor. Por ejemplo, el Salmo 23 (el del Buen Pastor) lleva una numeración entre paréntesis como Salmo 22.

La explicación a esto es muy sencilla. Los primeros cristianos usaron la Biblia Griega, que es una traducción del hebreo al griego que data del siglo II a.C. y luego cuando el idioma dominante de occidente fue el latín, San Jerónimo, realizó una traducción de los idiomas hebreo y griego originales y la tradujo al latín vulgar, no el latín que hablaban los eruditos, sino el pueblo sencillo a quien estaba dirigida. Es por eso que esta Biblia es llamada la Vulgata. Y en el caso del Salmo 9, lo que para la Biblia Griega son dos Salmos (9 y 10), para la Vulgata es uno solo (9).

Los salmos son verdaderas oraciones y poesía del más elevado nivel, que expresan lo que siente el pueblo de Israel ante la grandeza y amor de Dios, ante la hermosura de su creación (Salmo 8) o ante el sufrimiento, la enfermedad (Salmo 41), el dolor y la muerte.

Los salmos cantan el amor humano, y lo vinculan al amor del Señor por su pueblo.

A veces los salmos son quejas llenas de amargura y dolor, a causa del sufrimiento del pueblo, en el exilio o ante el saqueo y la invasión de los enemigos de Israel (Salmos 60 y 61).

Los salmistas hablan con Dios con total honestidad y transparencia, narran su bondad, pero le piden que intervenga y los salve, tienen confianza en Él, y creen en la fuerza de la oración para que el Señor manifieste su poder, e intervenga en su favor (Salmos 62 y 25).

Algunos, como el Salmo 50, compuesto por David, son conmovedoras peticiones de perdón al Señor, que reflejan un hondo y auténtico arrepentimiento.

Otros no están en el Libro de los salmos como el cántico de Moisés (Éxodo 15) o la oración de esperanza ante la crisis de Habacuc el profeta (Habacuc 3), o la conmovedora composición poética del Rey David ante la muerte de Saúl y Jonatán (2 Samuel 1,17-27).

También encontramos hermosos salmos en el Nuevo Testamento, como el llamado Magníficat atribuido a la Virgen María o el salmo del Benedictus pronunciado por Zacarías, el padre del profeta Juan el Bautista (cfr. Lucas 1,46-55; 1,67-79).

Los salmos están hechos para ser cantados, rezados y meditados. Pensemos que Jesús los recitaba desde niño, junto a José y María. Están en la misma vida del Pueblo de Dios y en su corazón.

También hoy, nosotros los usamos para la oración y el culto; y quizás algunas veces hemos cantado un salmo sin saber que lo era.

 

Salmos proféticos

Hay algunos salmos que nos resultan verdaderamente proféticos, como el 22 en el que los cristianos vieron anunciada la Muerte y la Resurrección del mismo Jesús.

Incluso algunos teólogos piensan que Jesús lo rezó en la Cruz, por las palabras que registran los Evangelios sinópticos. Incluso Marcos las cita en el idioma original de Jesús, el arameo: "Elí Elí, Lama Sabactani" (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).

Cuando en el mes de julio de 1969, los astronautas Amstrong y Collins descendieron en la superficie de la Luna, contemplaron el hermoso espectáculo de la Tierra vista desde donde estaban. Contemplaron el mundo muerto de la Luna, y sus ojos se posaron sobre el "hermoso planeta azul" lleno de vida que es la Tierra.

No es extraño que se les haya ocurrido rezar y que para ese momento, hayan elegido como oración el hermoso Salmo 8 que canta la Gloria de Dios manifestada en su creación.

 

 

Eduardo Ojeda