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XXI CAPÍTULO
GENERAL DE LOS DEHONIANOS
Un corazón abierto y solidario El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a los 81 representantes de los 2.250 dehonianos presentes en 37 países de 4 continentes durante su XXI Capítulo General, manifestó su deseo de que el mismo entusiasmo de su fundador, el P. Dehon, guíe a sus hijos "en el descubrimiento y readaptación de los ámbitos de su acción apostólica, involucrando en el Proyecto Dehoniano también a los laicos". Juan Pablo II, al día siguiente de su extenuante y hermoso viaje a Croacia, el 10 de junio pasado, recibía a los 81 capitulares dehonianos en audiencia privada. Quiso saludar personal y cordialmente a cada uno. Las palabras del Papa en aquella ocasión fueron muy significativas. Decía: "El Padre Dehon deseaba que sus discípulos, siguiendo fielmente al divino Maestro, fueran profetas del Amor y servidores de la Reconciliación.... Ustedes, queridísimos hermanos, en sus trabajos están llamados a enfrentarse con los desafíos del actual momento histórico y seguramente habrán experimentado cómo el verdadero anhelo de todo ser humano es conocer y encontrar a Dios". De hecho, los representantes de las distintas comunidades dehonianas reunidos en Roma, debatieron, desde el 12 de mayo hasta el 13 de junio, sobre tres temas claves para la Congregación: la espiritualidad, la comunidad y la misión. Juan Pablo II sintetizaba así los desafíos para los dehonianos: "Como el tema del Capítulo sugiere, sean Dehonianos en misión con corazón abierto y solidario, listos para responder a las exigencias de nuestra época y para actualizar su apostolado en los ámbitos de la espiritualidad, de la misión ad gentes, con la presencia en lo social y con una particular atención a la cultura. Conocida también es su actividad en el campo de la información y de la documentación religiosa. Atentos para escudriñar los signos de los tiempos..."
Un impulso determinante para la preparación y organización de los trabajos capitulares ha sido el del Superior General saliente, el argentino p. Virginio Bressanelli, a quien sucedió en el transcurso del Capítulo, el portugués p. José Ornelas de Carvalho. La palabra Refundación ha sido la expresión más repetida a lo largo de todas las sesiones del Capítulo. Se percibía claramente que un cierto estilo de vida religiosa ya había hecho su curso. La Refundación es un tema central dictado no sólo por la disminución numérica de los religiosos y los problemas de supervivencia en las "provincias madres" de Europa, sino también por el empuje de las "nuevas fundaciones" en Asia y el florecer de vocaciones en África, y por la reflexión pionera de América Latina. Si bien no surgieron grandes debates, ni hubo propuestas revolucionarias, el Documento final propuesto a toda la Congregación tiene sus buenas pistas de aterrizaje para cada uno de los tres temas propuestos: espiritualidad, comunidad y misión.
Por lo que se refiere a la espiritualidad, se volvió a insistir sobre el tema del Amor del Corazón de Jesús y de su Oblación (= entrega) al Padre y a los hombres, como el fundamento del carisma congrega-cional. Se insistió también en buscar nuevos lenguajes para la traducción del carisma en nuestro tiempo. Pero esta espiritualidad, esta cultura del corazón y de la cordialidad se manifiesta en las comunidades, abiertas a la acogida de los jóvenes y grupos, a fin de compartir nuestra espiritualidad. En todo el mundo pero especialmente desde América Latina se percibe la inquietud definitiva de vivir cada vez más compartiendo desde lo más hondo de nuestra vocación la experiencia de Dios. Pero hoy esta espiritualidad es un momento compartido, una experiencia de Dios comunicada que nos hace crecer juntos en el compromiso de trasformar el mundo. Una contemplación o experiencia de Dios desde la vida (como dice también Puebla, n. 726ss.), con capacidad para discernir la voluntad de Dios en la realidad actual.
Una renovada vida comunitaria Las comunidades fraternas, eucarísticas y serviciales son el signo fundamental para esta espiritualidad compartida. Dice el Documento final del Capítulo: "Es en un mundo cada vez más globalizado, pero al mismo tiempo herido por las guerras, divisiones, injusticias e individualismo, donde se inserta nuestro proyecto de comunidad. Éste nos hace pasar del yo al nosotros..., nos hace construir la comunión en el ámbito local..., congregacional y eclesial". La vida comunitaria es el gran desafío para el futuro de la vida religiosa y ofrece sin duda una contribución fundamental para la construcción de un mundo nuevo. Las recomendaciones operativas del Capítulo de los dehonianos para este punto son muchas: desde el compartir los bienes con el Fondo General de Solidaridad o con la Caja común en cada Provincia y comunidad, hasta la colaboración internacional del personal, de los formadores y de otras iniciativas misioneras o apostólicas. De la comunidad nace entonces la misión, que es animada por la espiritualidad.
La misión de los dehonianos está radicada entonces en la contemplación del amor de Cristo, corazón abierto que se entrega a los hermanos (corazón solidario). No basta la "cultura del corazón"; en nuestra misión hay que unir mística y profecía, contemplación y acción. Hay que marcar aquí una significativa coincidencia con las orientaciones de la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos) que se reunió en Ciudad de México pocos días después, del 24 de junio al 3 de julio. El tema de la CLAR propuesto para la reflexión y la acción de los próximos años es justamente: "Algo nuevo está naciendo. Una vida religiosa mística y profética". La vida consagrada se propone la globalización de la solidaridad y la globalización de la espiritualidad de la comunión. Una solidaridad del amor y de la comunión recíproca en favor de una mayor apertura a la "fantasía de la caridad", a los diálogos de la caridad, a los que nos convoca nuestra vocación de religiosos, expertos en el diálogo y en la comunión, para abrir y promover los diálogos en los que la Iglesia está comprometida (cfr. Vida consagrada y Caminar desde Cristo).
Ver, Amar y Servir Como "Profetas del Amor y de la Reconciliación", los dehonianos se comprometen sobre todo en el ámbito de la cultura y de la comunicación, de la formación humana y de la educación, del ecumenismo y del diálogo interreligioso, de la profundización y de la difusión de la doctrina social de la Iglesia, de la defensa de la Paz y del servicio misionero. El listado de las recomendaciones es bastante largo y significativo para que todos se sientan estimulados a un nuevo compromiso apostólico. En la conclusión del Documento final se afirma: "La refundación nos compromete a una constante renovación en el ver, juzgar y actuar. Movidos por el Espíritu de Cristo, en la fidelidad dinámica al carisma dehoniano, intentaremos responder a las llamadas y a los desafíos de la Iglesia y del mundo. Así, el lema para nuestra misión podría ser: Ver, Amar, Servir. Ver es la mirada misericordiosa a la realidad, para conocerla y acogerla. Amar es la apertura de corazón. Servir es el compromiso por transformar el mundo". Quinto Regazzoni |
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