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Vidas ejemplares del siglo XX
César Chávez El sindicalista de los campesinos
Cesar Chávez es muy conocido. Sin embargo, como casi siempre ocurre en casos similares, hay pasajes de su vida que a pesar de ser tan interesantes y significar tanto para el movimiento unionista organizado, permanecen desconocidos para una gran mayoría. César Estrada Chávez nació en Yuma, Arizona, el 31 de marzo de 1927 en una familia de cinco niños que se criaron en la pequeña granja de su padre a las orillas del Río Colorado. Cuando tenía 10 años, su padre sufrió una quiebra total, de modo que no tuvo otra alternativa que agarrar el camino y ganarse la vida haciendo lo único que sabía: trabajo de campo. Así se convirtieron en emigrantes y pasaron a formar parte de la corriente de trabajadores que siguen la época de cosechas desde Arizona hasta el norte de California, sufriendo las inclemencias del tiempo desde el intenso calor del verano, hasta el duro frío del invierno. Durante esos años, Chávez y su familia vivieron en míseras cabañas o en el interior de su destartalado automóvil. La escuela fue una cosa difícil, y cuando al fin la errante familia se estableció en Brawley, y se las arregló para formar allí un hogar por algunos años, el joven César sufrió la humillación de una escuela segregada, donde se utilizaba equipo educacional de segunda mano. Pero a pesar de esas humillaciones, le gustaba la escuela y era un estudiante listo y aplicado, pero la necesidad de ayudar a mantener su familia lo forzó a dejarla durante el octavo grado, y convertirse en emigrante en busca de trabajo. El mismo César recuerda aquellos años de la siguiente manera: "Uno de tantos inviernos estábamos viviendo en Oxnard y tuvimos que pasarlo en una carpa. Éramos la única familia que estaba viviendo en carpa y todos nos ridiculizaban. Nos acostábamos apenas al oscurecer, porque no teníamos luz. Mi padre y mi madre se levantaban a las 5:30 de la madrugada a pizcar chícharos. Costaba 70 centavos ir a los campos y regresar, y había algunos días en que mis padres ni siquiera ganaban lo suficiente para pagar su transporte... Bueno, finalmente aprendimos la ‘movida’. Sabíamos donde había cosechas y en donde necesitaban trabajadores, así como pequeñas tretas útiles como vivir bajo los puentes, y cosas por el estilo."
Otra persona que jugó un papel muy importante en la vida de César Chávez, fue Elena Fabela de Chávez, su esposa, una mujer hecha a su medida, hija de un coronel de la Revolución mexicana, la que parece haber heredado la rebeldía de su padre contra las injusticias. El apoyo moral que le dio siempre a su esposo se ilustra con el siguiente hecho: en 1961, Shriver, de la organización Cuerpos para la Paz, conociendo la labor de César, le ofreció un puesto con ellos, con un salario de 21.000 dólares anuales. Por esos días había renunciado a la dirección general de la CSO porque ésta se negaba a ayudar a los campesinos, y él sabía que no había quien luchara por ellos, de modo que simplemente rehusó el ofrecimiento de Shriver, y en lugar de ello, acompañado de su esposa se dedicó a podar uva en Delano ganando $1 la hora. Su decisión fue totalmente apoyada por ella. Dedicó su vida adulta a la lucha por mejorar las condiciones de trabajo y los sueldos de los trabajadores del campo. Su lucha tuvo resonancia internacional cuando impulsó un boicot a las uvas de California en el mercado estadounidense, para tratar de obtener contratos laborales para los trabajadores del campo.
César Chávez murió el 23 de abril de 1993. Arturo Rodríguez, Presidente de la Unión de Campesinos, fundada por Chávez, escribió: "César Chávez fue un hombre increíble. Era un humilde campesino como muchos otros campesinos en este estado. No había tenido oportunidad de recibir educación. Pero él tomó la decisión de cambiar la realidad campesina. Quería respeto y dignidad para el trabajador del campo. Quería cambiar las condiciones del campo para las familias que trabajan en él diariamente, para los niños, las mujeres, los hombres. Durante su vida Chávez hizo todo lo posible por lograr que los campesinos tuvieran mejores sueldos, seguro de salud, una jubilación. Hizo lo posible por asegurarse de que tuvieran acceso a agua potable y facilidades sanitarias, como cualquier otro trabajador. Luchó por dar al trabajador del campo la dignidad y el respeto que se merece. Él hizo por la comunidad latina lo que nadie más ha hecho". Y Chávez, al romper su largo ayuno de 1968, nos dejó este testimonio: "Si somos realmente honestos con nosotros mismos, debemos admitir que nuestras vidas son lo único que nos pertenece. Por lo tanto, la manera en que usamos nuestras vidas es la que determina qué clase de personas somos. Creo profundamente que sólo dando nuestras vidas, encontramos la vida. Estoy convencido que el mejor acto de coraje consiste en sacrificarse por los demás en una lucha enteramente no violenta por la justicia. Ser persona significa sufrir por los demás. ¡Que Dios nos ayude en esto!" |
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