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ECLESIASTÉS: Hay una frase que se repite varias veces en el texto, sobre todo cuando se mencionan cosas como las riquezas y el poder político, o los sueños y deseos de los hombres: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad" (Ecl 1,1). Esta frase no significa: "Todo es una porquería". Significa lisa y llanamente que no vale la pena empeñar la vida luchando para conseguir esos bienes porque no dan la felicidad plena, y así como se consiguen se pierden. Esto no quiere decir que el dinero, y los bienes materiales no sirven para nada. Por el contrario, el autor dice: "Anda pues, come tu pan alegremente y bebe gustoso tu vino, porque Dios ha bendecido tus trabajos. Lleva siempre ropas blancas, y que nunca falte el óleo para perfumar tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz y corta, pues esa es tu parte durante todo el tiempo que te afanas bajo el sol. Haz todo lo que está a tu alcance y que te sientas capaz de hacer; porque en la morada de los muertos adonde tú vas, no hay ni trabajos, ni problemas, ni conocimiento ni sabiduría" (Ecl 9,7-10).
Sin embargo, al igual que el autor del libro de Job, el Qohelet no está de acuerdo con la máxima tradicional del creyente israelita que dice que en esta vida "Dios da bienes al justo y castiga al que obra el mal". Él ve que eso no es así, y que ni siquiera la sabiduría del creyente y el afán del conocimiento y de buscar la verdad tiene sentido definitivo y aporta la verdad al hombre. ¿Por qué? Porque todo termina con la muerte. Y nadie escapa de ella, porque aun la sabiduría se termina. "Vi que la Sabiduría aventaja a la locura, tanto como la luz a la oscuridad, pues el sabio tiene los ojos abiertos, mientras que el tonto camina en la oscuridad. Pero también sé que para todos no hay más que una misma suerte. Me dije entonces: Si la suerte del insensato es la misma que la mía... ¿qué he ganado con la sabiduría? También he visto que uno se afana por nada" (Ecl 2,13-15). Por otra parte, el autor del libro contempla que no es del todo verdad que las maldades son castigadas, pues contempla que los injustos llegan a terminar gobernando las naciones y oprimiendo a la gente inocente sin que nadie tenga la fuerza de corregir estas injusticias y defender a la gente inocente que padece a causa de la violencia de los prepotentes (Ecl 4,1-2).
El sentido final de la vida se nos escapa El Qohelet razona sin una revelación de Dios muy clara, y su mérito es que con sus advertencias, derriba de un plumazo, las falsas esperanzas en que el hombre se apoya. No hay que pensar que las riquezas durarán para siempre, porque no es verdad, y si uno las acumula, no sólo comete injusticias sino que no las disfrutará y quedarán para otro que no trabajó para tenerlas. "Desnudo sale el hombre del vientre de su madre, y desnudo volverá tal como vino. Nada podrá llevarse de todas las obras que realizaron sus manos" (Ecl 5,14). Si comparamos esta afirmación con la parábola evangélica del rico insensato veremos quien inspiró a Jesús cuando la formuló (Lc 12,13-21). Ni siquiera la búsqueda sincera de la Sabiduría que ciertamente agrada más a Dios y ennoblece al hombre, es un don definitivo. El desconcierto que asalta al autor del libro es que mirada la vida sólo con el razonamiento y la capacidad humana resulta absurda. El ser humano debe aceptar que un día morirá y dejará todo, pero lo que resulta duro es que hay en nuestro corazón un ansia de ser reconocidos y recordados. Es difícil para el hombre aceptar todo esto. Que muramos un día y nadie se acuerde más de nosotros es una posibilidad que resulta difícil aceptar.
Ésta es la verdadera pregunta del autor. Él razona de la siguiente manera. Si el hombre es mortal y su vida fugaz, ¿por qué entonces Dios puso en lo profundo de nuestro ser el deseo que nos atormenta de vivir para siempre y perdurar? "Me puse a considerar la tarea que Dios impone al hombre para humillarnos. Todo lo que Él hace llega a tiempo, pero ha puesto la eternidad en nuestros corazones, y así el hombre no encuentra sentido a la obra divina, desde el principio hasta el fin" (Ecl 3,10). Por eso el autor concluye que la Sabiduría está en tratar de disfrutar del tiempo presente, el que Dios nos ha dado, sin violentar ni agredir a los demás, disfrutar del pan ganado honradamente y respetar y amar a Dios, pues a Él le debemos todo y la vida misma. En manos de Él estamos y por Él seremos juzgados, y es Él quien nos pedirá cuentas de lo que hayamos hecho (11,7-10 y 12,1). Nada más podemos añadir, porque lo otro está en las manos de Dios, y Él es quien en definitiva tiene las respuestas. El Qohelet nos invita a la humildad, a reconocer que no lo podemos ni lo sabemos todo, que las cosas se nos escapan, pero invita también a la adoración y la confianza en el Señor. Sin saberlo estaba preparando el camino del que dirá: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Juan 14,6).
El autor Él afirma que fue rey de Israel y que alcanzó grandes riquezas y sabiduría, por lo tanto ¿podría ser el Rey Salomón? Seguramente no. Pero era costumbre en la Antigüedad poner a un libro bajo la supuesta autoría de alguien más famoso que el autor. El autor mismo no ha querido revelar su nombre para decirnos que eso en realidad no importa. Si sus palabras valen, es porque son buenas, si conducen a la Verdad entonces no serán olvidadas. Como no lo fueron. La verdad no precisa para triunfar más que su propia claridad. Eduardo Ojeda |
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