PROFESOR MARIO CAYOTA

Historia de la solidaridad

La Vicaría de la Solidaridad de la Arquidiócesis de Montevideo comenzó el primer ciclo de los cursos del año 2003 con el tema Historia de la Solidaridad, contando con la presencia del profesor Mario Cayota, de la Orden Franciscana Seglar, doctor en Filosofía, edil, director del Museo San Bernardino (Monumento Histórico Nacional), catedrático de Historia de las Ideas, interesado por la problemática histórica y autor de varios libros y artículos. UMBRALES quiso estar presente en sus claras exposiciones y plantearle algunas preguntas.

¿Cuándo surge la solidaridad en la Historia? ¿Cuáles son sus raíces y antecedentes?

- La solidaridad tal como la entendemos hoy surge con el cristianismo. Esto no quiere decir que anteriormente no hubiera gestos solidarios, ya que en el Antiguo Testamento encontramos múltiples exhortaciones de ayudar al prójimo pero circunscriptas al compatriota, al integrante de su pueblo.

Es con el cristianismo que el concepto de prójimo llega a tener un alcance universal. De ahí que aun cuando nos sorprenda, antes de Jesús no había una serie de instituciones que hoy consideramos imprescindibles para la convivencia de los seres humanos y el funcionamiento de la sociedad.

Pensemos por ejemplo que antes de Jesucristo, no había hospitales, ni asilos de huérfanos, ni escuelas para pobres, ni cementerios, porque sólo los ricos tenían derecho a una tumba individual con su correspondiente mausoleo.

 

¿Cuál es su fundamentación bíblico-teológica?

- La solidaridad no es sólo el impulso del corazón o una motivación de orden ideológico, sino que su vivencia surge del corazón mismo del Evangelio. De un modo muy inquietante para nosotros, que vivimos en un mundo donde se ha endiosado al individualismo y absolutizado el mercado libre, lo que los Santos Padres enseñan sobre la propiedad privada y cómo debe ésta ser compartida con los más necesitados, puede escandalizar a más de un lector no familiarizado con la Patrística. La filosofía de los Santos Padres de la Iglesia, unánimemente es lo más contrario a las concepciones neolibe-rales de las que hoy son partidarios, incluso algunos católicos.

 

¿Qué pasó en la Edad Media con las corporaciones y los movimientos pauperísticos?

- Las corporaciones son un movimiento social muy deficientemente estudiado. Lo poco que se sabe de ellas es a través, en general, de historiadores liberales y hostiles a la Edad Media. A esta época, siempre se la presenta como un período retrógrado y oscurantista, en donde parece que lo único que existió fue la Inquisición, olvidándose que en esta época surgen también las universidades. Las corporaciones son un magnífico ejemplo de solidaridad. La seguridad social que establecieron para quienes integraban estos talleres, avergonzaría a más de un país, si se analiza su régimen de previsión social.

En estas corporaciones los artesanos estaban divididos en aprendices, oficiales y maestros.

Esta división no se establecía sobre la base del capital, sino de los conocimientos que se iban adquiriendo. El clima que se vivía en ellas era de una real fraternidad. Con el nacimiento del capitalismo, esas corporaciones se fueron desvirtuando y muchas cerrándose sobre sí mismas. También en la Edad Media surgen vigorosos y fermentales movimientos laicales que se proponen un modo de vivir distinto al que era habitual y que tienen como aspiración vivir en fraternidad, dando testimonio de frugalidad y servicio al prójimo; eran una alternativa al poder, la riqueza y la violencia.

 

¿Cómo influyó el individualismo de los siglos XVIII y XIX hasta nuestros días?

- Tiene una incidencia enorme. Las tesis de Adam Smith y la Escuela Liberal hoy se han convertido en "un dogma de fe". Si el marxismo se presentaba en todas sus tesis como científico, también el liberalismo considera a la economía una ciencia que equipara a la física y a la química, y por ende con leyes ineluctables que no pueden cambiarse; para el liberalismo el interés personal convertido en ley universal es la norma que debe regir la economía. No valen las consideraciones de orden ético. "La mano invisible" movida por estos intereses amparará a los golpeados por la competencia y la lucha sin cuartel.

Pablo VI nos dijo que "sobre toda propiedad pende una hipoteca social". ¿De qué modo esto es aprehendido por la Iglesia? Lo hace cuando debe recordarnos que no somos dueños absolutos de nuestros bienes, que toda propiedad privada tiene una dimensión social y comunitaria. El derecho a la propiedad privada es en el Magisterio de la Iglesia -esto es clarísimo cuando se leen sus documentos- absolutamente distinto a como se concibe por el liberalismo económico que propugna un derecho absoluto y no relativo. Para la Iglesia este derecho está subordinado a uno más universal. Basta leer la Encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II, para darse cuenta de ello.

 

¿Qué pasa con la solidaridad en Uruguay?

- Existen numerosas y muy ricas experiencias, desgraciadamente hoy muy poco conocidas. Los sindicatos agrícolas, las cajas populares, tuvieron un amplio desarrollo generando y respaldando múltiples emprendimientos de pequeños y medianos productores, así como significaron una importante ayuda para muchos trabajadores. La Caja Obrera, por ejemplo, fue durante varias décadas una Caja entre otras con esas características que obviamente después se desvirtuaron. También fue muy importante la labor de los Círculos Católicos de Obreros, que entre otras cosas presentaron -hecho que se ignora- el primer proyecto de descanso dominical que el Parlamento rechazara en 1902.

 

¿De qué modo debe unirse la práctica de la solidaridad con una fundamentación de fe para generar una actitud de compromiso?

- Es todo un desafío. Ello supone que al hacer, unamos, según las posibilidades de cada uno, el estudiar y también el orar. La vivencia de la solidaridad de la que no debemos excluir, sino practicar con todos los hombres de buena voluntad, en nuestro caso, como cristianos, supone un encuentro personal con Jesucristo que es su fundamento y sostén. No en vano la multiplicación de los panes que es la acción de Dios, se da a través del milagro de la solidaridad, cuando los apóstoles se preocupan por el hambre del pueblo y ponen en común los pocos panes y peces que poseen. En aquel caso, no esperaron a que el producto bruto aumentara, sino que vivieron la comunidad.

Silvia Villagrán