Una sociedad de poder

para todos y cada uno

 

Las relaciones humanas y, entre ellas, las de los Estados,
han sido pensadas frecuentemente
desde la perspectiva del amo y el esclavo.
Muy a menudo se considera que la sociedad está compuesta

de dominadores y dominados, de estrellas y estrellados.

Este estilo de sociedad favorece una lucha permanente

para conquistar el dominio de los unos sobre los otros.

Pero hay una alternativa: la de construir

una "sociedad de poder", en la que todos puedan;

en la que sus ciudadanos se sientan amparados

en su derecho a la diferencia e impulsados a expresarla.

Mientras que la sociedad de dominación

requiere de sus miembros obediencia debida

a un "orden" supuestamente universal y anula la diversidad,

la "sociedad de poder" genera apuestas, multiplica opciones,

crea alternativas; en una palabra: potencia la libertad.

Cada persona tiene su poder inalienable.

El poder es bueno cuando todos lo pueden ejercer.

El poder no es algo que se encuentra por ahí

y que se puede tomar o comprar y poseer;

el poder se construye y se ejerce con opciones personales

y colectivas que apuntan a la renovación de la sociedad.

Para ello hoy resulta de enorme importancia

la comunicación interpersonal, el diálogo
y la acción solidaria
.

La capacidad de ejercer el poder,

entendido como Iiderazgo de la libertad,

se ve representada por un doble movimiento:

por un lado, la devolución del poder a las micro-unidades

políticas y civiles (municipios, ONGs, comisiones barriales);

por otro lado, la entrada en red
de todos los procesos sociales posibles (productivos,

educativos, económicos, culturales... y también religiosos).

Lejos de lo que podría pensarse

de una sociedad de los poderosos,

la sociedad de poder (de todos y cada uno),

es una sociedad flexible, descentrada y móvil

que apunta al bien común.

¿Será ésta una alternativa posible?