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Santa Bárbara
Reducción guaranítica (Paraguay) Talla de madera, de 1.10 m. Una antigua tradición escrita en griego en el siglo VIII cuenta lo siguiente acerca de Santa Bárbara. Era hija de un hombre de tremendo mal genio llamado Dióscoro. Como ella no quería creer en los ídolos paganos de su padre, éste la encerró en una torre, en la que había mandado colocar sólo dos ventanas. Durante una ausencia del padre, Bárbara mandó a los obreros a que añadieran una tercera ventana para acordarse de las tres personas de la Santísima Trinidad. Pero esto enfureció más a su incrédulo padre. El furioso Dióscoro, como su hija no aceptaba casarse con ningún pagano, ordenó que la azotaran con toda crueldad, pero por la noche se le apareció un Ángel a la muchacha. En sus manos tenía el cáliz y la sagrada hostia para confortarla y sanarla de sus heridas. Al día siguiente el padre pidió al juez que le concediera ejecutar con su propia mano a la hija cortándole la cabeza con una espada. Y dice la tradición, que cuando Dióscoro bajaba del monte donde había matado a su hija le cayó un rayo que lo carbonizó. Por eso la gente le reza a Santa Bárbara para verse libre de los rayos y de las tormentas. La iconografía tradicional representa a la Santa con la palma del martirio y con una torre en la mano izquierda y con el cáliz y la hostia en la mano derecha. Esta representación recuerda los datos principales de su martirio: el encierro en Ia torre a Ia cual ella había pedido a los obreros que le añadieran una tercera ventana. Por eso se la invoca coma patrona de los arquitectos, de los constructores y de los albañiles. Por el cáliz y la hostia y por la oración que hizo antes de ser martirizada, es protectora de todos aquellos que se hallan en peligro de morir sin sacramentos. La oración dice: "Señor Jesucristo, creador del ciclo y de la tierra, te ruego que me concedas tu gracia y escuches mi oración por todos aquellos que recuerden tu nombre y mi martirio. Te suplico que olvides sus pecados, pues Tú conoces nuestra fragilidad" . La talla de la santa del museo de Santa María, es la descripción sintética de lo que la tradición afirma sobre esta mujer. Lo interesante es constatar que todas las tallas jesuíticas que testimonian acontecimientos de un gran dramatismo, transmiten sin embargo una profunda sensación de paz. La serenidad del rostro manifiesta que la santa no parece molesta por el odio del padre, ya sea sobre ella como hija o sobre la fe que profesa. Tampoco parece preocuparse por el hecho del martirio, gracias al cual finalmente encontrará a su Señor. Hoy como ayer, a través de estas imágenes de los primeros cristianos del Paraguay, podemos descubrir y madurar la fe, y ahondar en la belleza de la vida nueva. Extractado del prólogo
del p. Aldo Trento, |
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