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EL
LIBRO DE JUDIT El libro de Judit (nombre que significa literalmente: "la judía") es una novela edificante, mas no debe confundirse con una historia real. Es, al igual que los libros de Tobías, de Job o de Ester, una historia que tiene por fin ejemplificar una enseñanza de los libros sagrados y exhortar a su cumplimiento. En este sentido es más un libro sapiencial que un libro histórico. Es otro de los llamados libros Deuterocanónicos (segundos en el canon), sobre los cuales la comunidad israelita tuvo dudas de su inspiración; en cambio la comunidad católica junto a los ortodoxos, los aceptó como inspirados. Este libro, a pesar de ser deuterocanónico tiene un original hebreo que se ha perdido. Por lo tanto, hay dudas sobre el lugar de su composición. Se sabe sí que fue escrito aproximadamente un siglo antes de Cristo.
Tema del libro En varios lugares del Antiguo Testamento, se enseña que Dios ha prometido defender a Israel de sus enemigos, pero siempre con una condición: que Israel se mantuviera fiel a sus mandamientos. Si Israel no lo hacía, entonces Dios lo entregaría a sus enemigos. Esto se basa en una promesa hecha a Abraham (cfr. Gén 12,2-3; Lev 26 y Deut 26). Ésta es además la premisa argumental del libro de los Jueces, y también sin lugar a dudas, del libro de los Macabeos. Israel leyó desde esta tesis de fe su historia más frustrante que fue justamente la derrota que supuso el exilio, tanto del Reino del Norte a manos de los asirios, como la del Reino de Judá a manos de los Babilonios (cfr. 2Crón 36,14-17; 2Re 24,18-20; 2Re 17,7-20). Justamente el libro de Judit es una historia que tiene como objetivo demostrar esto. Pero tiene un valor agregado: el instrumento del poder de Dios es una mujer. En un pueblo como el de Israel, en el cual la mujer era un miembro de segunda categoría y considerada débil, Judit aventaja a los varones de su pueblo en fe y confianza en Dios. Es viuda, y no tiene ningún hombre que pueda defenderla en un juicio (la palabra de la mujer no valía) y sin embargo, muestra mayor sensatez que los ancianos y es ella quien en definitiva hará posible la salvación de Israel (Jdt 8,1-24). Según la historia, Israel, que ha vuelto del destierro se halla en un momento de obediencia a la Ley de Dios, y de reconstrucción nacional. Nos hallamos entonces aproximadamente según estas premisas en la época de Esdras y Nehemías, momento en el cual Israel reconstruye el Templo, y vive un renacimiento religioso importante (Jdt 4,1-3). Lo que nos prueba que el relato no es histórico, es que el rey que amenaza la libertad de Israel es Nabucodonosor, ciertamente muy temido ya que fue el rey babilonio que llevó a la gente del Reino de Judá al destierro en el año 587 antes de Cristo. Pero en el libro aparece como el rey de los asirios, ciertamente el imperio más temido por los israelitas a causa de su brutalidad con los vencidos, pero que en la época en que se sitúa el libro ya hacía tiempo que no existía. No se registra que los pueblos que ya eran parte del Imperio Persa, hayan sufrido una invasión de las características que el libro de Judit describe (cfr. caps. 1-3). El lugar de los hechos es la ciudad israelita de Betulia, ciudad fronteriza, cerca de la llanura de Esdrelón y que se interponía ante la ambición del ejército asirio para llegar a Jerusalén. Pero, en realidad, esa ciudad no existía.
La derrota de los asirios Judit interviene e increpa a los israelitas por su poca fe, ya que éstos, ante el sitio de la ciudad, están a punto de ceder ante los enemigos a causa del hambre. Uno de los argumentos que esgrimen es que Dios no les responde y los ha abandonado (Jdt 7,19-32). Judit les dice entonces: "Escúchenme, jefes de Betulia. No están bien las palabras que han pronunciado ustedes delante del pueblo. Incluso han jurado ante Dios que entregarán la ciudad a nuestros enemigos si en el plazo convenido el Señor no les enviaba socorro. ¿Quiénes son ustedes para poner a Dios a prueba? Ése no es el medio para atraer su misericordia; más bien sirve para provocar su ira. Ustedes nunca llegarán a comprender y conocer todo lo que siente una persona, y no podrán apoderarse de sus pensamientos. Entonces, ¿cómo van a comprender a Dios, que hizo todas las cosas? No, hermanos, no provoquen la cólera del Señor Dios Nuestro. Si no quiere socorrernos en el plazo de cinco días, tiene el poder para salvarnos en cualquier otro momento, como lo tiene para destruirnos en presencia de nuestros enemigos. Pero ustedes no exijan garantías a los designios del Señor nuestro Dios, porque Él no se somete a las amenazas como hace un hombre, ni se le puede imponer decisión alguna como a los hijos de los hombres" (Jdt 8,10-16).
Judit se presenta ante Holofernes y finge colaborar con él. Le dice que Israel está destinado a caer ante el ejército suyo pues se ha apartado del Señor y que ella le viene a comunicar esa noticia. Usa su belleza como una trampa, y fingiendo amistad e insinuándose ante Holofernes, le hace creer que será su amante. Holofernes cae en la trampa y embriagándose se queda con Judit solo en su tienda. Esta aprovecha esa circunstancia para cortarle la cabeza y esconderla en una bolsa. Luego abandona el campamento asirio durante la noche. Ciertamente no se trata aquí de alabar el engaño y la acción de Judit. Estamos lejos aún de la ética del Evangelio. Sin embargo, el texto nos recuerda que Dios triunfa no por la fuerza sino que usa como instrumento al que es considerado el más débil. Es muy curioso como la Biblia presenta en varias oportunidades a mujeres como salvadoras de su pueblo. Es el caso de Débora en el libro de los Jueces (caps. 4 y 5) o de Rahab en el libro de Josué (cap. 2) o de la misma Judit o de Ester, la reina que salva a su pueblo del exterminio (ver el libro de Ester). La mujer, generalmente marginada o despreciada en la época de este libro, es la salvadora en este relato. El rabino Hillel, casi contemporáneo de Jesús, decía: "Es tan necio, pretender que se puede enseñar la Ley del Señor a una mujer, como pretender que un burro aprenda a hablar". Y, sin embargo, será una mujer, la que salve a la humanidad. La Iglesia aplica a la Virgen María, esta alabanza del Pueblo de Israel a Judit. "Tú eres la Gloria de Jerusalén, el orgullo supremo de Israel, el honor mayor de nuestro pueblo. ¡Qué obra más grande es la de tus manos! Dios ha mirado con buenos ojos todo lo que hiciste. ¡Que el Todopoderoso te bendiga a través de las edades!" (Jdt 15,9-10).
Eduardo Ojeda |
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