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CON EL SOCIÓLOGO NÉSTOR DA COSTA La religiosidad en el Uruguay de hoy
"Los uruguayos son religiosos, son gente que cree en la trascendencia: la encuesta que hicimos muestra, por ejemplo, que el 81% de los montevideanos cree en Dios... Vivimos en una sociedad que conformó su propio itinerario religioso y decidió que se puede ser religioso sin llevar al Estado o a lo público a la confesionalidad", afirmó Da Costa. "La Iglesia Católica fue expulsada de lo público, pero no desapareció la religiosidad, lo que fue expulsado fue una forma de expresar la religiosidad. Es el debate secularizador de fines del siglo XIX y principios del XX que se zanja en la Constitución. Pero la creencia en Dios siempre se mantuvo: nunca bajó del 80% la cantidad de creyentes en Montevideo, que además se supone que es menos religioso que el resto del país. Siempre hay un núcleo que está entre el 12 y el 14% de ateos, que es alto en comparación con el resto de América Latina. Hoy el mundo católico sigue siendo el mayoritario, un 54% de los montevideanos se identifica con el catolicismo y hay un fuerte crecimiento del mundo evangélico, que era el 4% y ahora es el 11%". Analizando la apertura de la sociedad actual a lo religioso, el sociólogo constató la caída del prejuicio antirreligioso por el cual "expresar lo que uno creía en ciertas generaciones o ambientes era difícil. Hoy cada uno expresa lo que quiere. Por momentos estuvo sancionado ir a misa o ser metodista o de cierto culto, por ejemplo umbandista. Todavía se mantiene bastante sobre este último... Lo que ha caído es la capacidad sancionadora de la cultura uruguaya a lo religioso. Y las nuevas generaciones tienen cada vez más una mayor capacidad de expresar religiosidad. Otro fenómeno es la ‘diversificación’ en el campo religioso. En los estudios de los años 40 o 50 aparecen católicos, protestantes y judíos. Hoy ese abanico es mucho más amplio. Todavía se puede abarcar entre católicos y protestantes la gran mayoría; juntos son el 65%, pero hay un 9% que cree en Dios sin iglesia. Además hay un decrecimiento fuerte del mundo judío en religiosidad, y está la aparición de toda la religiosidad venida de Oriente, que todavía es chica pero empieza a ser más notoria... Hay toda una pluralización, hay unas 70 religiones en Uruguay, desde católicos, protestantes y judíos a espiritistas, mahometanos y budismo zen... Está también todo el fenómeno afrobrasileño que viene creciendo en fuerza y legitimidad; todavía hay sectores que lo practican y no se animan a declararlo, pero viene creciendo". En cuanto a la distribución social de las religiones, Da Costa subrayó que "las religiones grandes, católicos y protestantes, atraviesan todos los estratos sociales. Los cultos afrobrasileños también atraviesan todos los estratos, pero en los sectores de medio a medio bajo tienen más cantidad de gente. Y los pentecostales tienen una fuerte penetración en los medios sociales más bajos. El crecimiento de los afrobrasileños es marcado, crecieron en relación con la última medición que es del ‘94, pero además todo indica que son parte de cierta cultura: el 2 de febrero en las playas es una actividad que incluso figura en las guías turísticas de Uruguay, hay una estatua de Iemanjá inaugurada por la autoridad pública, los paes y las maes ahora son visibles y conocidos, van a programas de radio y televisión.
En la investigación quedó de manifiesto que "los cultos afrobrasileños están creciendo en consideración social pero todavía tienen una gran sanción por parte de buena parte de la población que declara no compartirlos o que los ve como algo raro. Mirados fríamente los pentecostales y los umbandistas son los que han incorporado más rápidamente la posmodernidad: el canto, el baile, el cuerpo y la sanación, esta última apuntando a la inseguridad con que se vive en este mundo, donde el imaginario dice que nos podemos contagiar de algo y morir de un día para el otro. Ellos están incluyendo las tendencias sociales por las que surgió la posmodernidad: lo subjetivo, lo vivencial". En cuanto a la cohabitación entre religiones muy diversas, Da Costa afirma que "todo depende del grado de fundamentalismo. En 1994 cuando hicimos la otra investigación realizamos una entrevista a los 16 líderes religiosos más destacados del país, y en las respuestas ninguno se apropiaba de la verdad para sí. Ese es todo un dato de la convivencia: cuando se asume que el otro puede tener parte de verdad". En respuesta a la pregunta de si la uruguaya es o no una sociedad religiosa, afirma que "todo depende que cómo definamos lo religioso. En base a ciertos indicadores, menos gente en las misas, menos casamientos, se elaboró una tesis positivista lineal que decía: esto no tiene futuro. Pero es una tesis perimida. Si definimos religiosidad como ir a un culto, la nuestra no es una sociedad muy religiosa. Pero otra cosa es si definimos la religiosidad como el espacio de relación con lo trascendente, las preguntas últimas de la vida... Entonces sí somos una sociedad religiosa. Y si vemos las grandes fiestas de religiosidad popular no hay menos de 100.000 personas en ellas. Ocurre que esa uruguayez que nos hace expresar las cosas públicamente en forma recatada, existe también en lo religioso... Es cierto que hay una caída en los sacramentos, en el culto, pero no hay baja en las creencias. Lo que se está reformulando es la forma de creer. En el trabajo se dice que venimos del modelo practicante, un modelo inventado en el Concilio de Trento que estaba vinculado a una época en que no había movilidad: la gente estaba vinculada a un espacio de tierra, con muchos curas en la parroquia, un culto regido por la institución... Pero hoy estamos en un mundo que se descentralizó, que moviliza a la gente de un lado para el otro, por lo que vamos hacia un modelo peregrino, según el cual cada uno construye su religiosidad peregrinando. Y peregrinando aun entre varias religiones, ya no con una práctica fija, estable, regida por una institución... Hoy concluimos que lo que en un momento fue visto como desaparición de lo religioso fue una mala interpretación. Lo que estaba pasando era un reestructuramiento en el campo religioso en el marco de condiciones nuevas en la sociedad. No hay sociedad que se conozca en el mundo sin religiosidad. Lo que pasa es que el modelo practicante es inviable hoy en día salvo para un pequeño grupo de la población. Este Papa eso lo entendió: hay lugares a los que va y junta millones de personas. Y no le pidió a nadie que fuera a misa todos los domingos... Lo que está habiendo es una forma diferente de vivir la religiosidad, y las instituciones tarde o temprano se van a dar cuenta y adaptar a ella. De hecho el nacimiento de la religiosidad popular en Uruguay, hace 15 años, hizo que la Iglesia Católica, que tenía un discurso en el que no sabía qué hacer con ella, empezara a brindarle atención pastoralmente. No los echan o les dicen: conviértanse y vengan a la parroquia todos los días..." El estudio del especialista en sociología de las religiones apunta que en la Iglesia Católica la práctica de los sacramentos ha bajado notoriamente. Sin embargo, la práctica del bautismo solamente ha bajado del 94% al 85% del total de la población, lo que implica que también practican el bautismo muchos que no son católicos. Da Costa explica que los sacramentos son un rito de pasaje y el bautismo una puerta de iniciación en la religión, pero que estando los niños de por medio las actitudes tienen otra flexibilidad. "Generalmente son las madres las que llevan adelante lo que llamamos la reproducción cultural, la transmisión de los valores centrales y también las mujeres son más religiosas que los hombres. Por eso son usualmente las que llevan la iniciativa para bautizar a los niños... Sigue existiendo una fuerte presión social hacia aquellos que no quieren bautizar. Es visto como un hecho que tiene que ver con acercar a un niño a Dios y llegado el momento, aunque sea por las dudas aun muchos que no creen terminan aceptándolo o acompañando el deseo de su pareja."
(extractado de "El País", 11.12.03). |
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