Un espíritu sensible y atento

 

Jon Sobrino, en una carta a su amigo y mártir Ellacuría
hablando de "La santidad", recuerda unas palabras de Pascal.

Insigne científico, humanista, filósofo y teólogo, el pensador francés distinguió entre
el esprit de géometrie y el esprit de finesse.

"Al hablar de ‘espíritu de geometría’, se refería al espíritu de las matemáticas,
exactitud y precisión, al espíritu de lo racional.

Más difícil es traducir esprit de finesse.

Quizás lo mejor sería traducirlo por "delicadeza", entendiendo con ello todo lo que nos hace conocer
más sutilmente, más atinadamente, más sentidamente, más refinadamente.

Es el espíritu sensible de la Inteligencia Emocional que se opone
al espíritu frío y calculador de la Inteligencia Racional.

En la época racionalista en que le tocó vivir a Pascal, lo novedoso consistió en el espíritu de fineza,
un espíritu sensible y atento.

Traduciendo al hoy esta intuición de Pascal, Sobrino cree
que hay un espíritu de geometría, necesario y bueno
(conocimientos, organizaciones, praxis realistas), con el cual se producen bienes en la sociedad.
Pero también hay
un espíritu de geometría malo y pecaminoso, que se ve claramente
en mucha economía y política, que suscitan la opresión,
la mentira y la corrupción; mucho pragmatismo sin normas ni valores;
mucha trivialidad geométricamente calculada.

Sobrino agrega: "Cuando uno ve tanta crueldad y depredación
de pueblos pobres, mentiras sin pudor, coaliciones egoístas e inhumanas,
trivialización e infantilización adormecientes
y obsecuentes con los poderosos, y cuando se intenta justificar todo eso,
en nombre de cosas buenas y nobles,
como la libertad, la democracia, la globalización,
entonces es evidente que hay que rechazar la ‘mala’ geometría".

Pero es también evidente que no basta la "buena" geometría.

Hay que ir más allá, al espíritu de fineza, al espíritu del corazón y la mirada limpia,
se gane o se pierda con ello...

Empieza un año nuevo en este bendito Tercer Milenio
y como en los tiempos de Pascal necesitamos más que nunca
ese espíritu sensible y atento que no apela simplemente a normas,
convenciones internacionales, constituciones o dogmas, sino que
en definitiva se ve interpelado por la "autoridad de los que sufren",
y a ellos obedece.
Ese espíritu de fineza y de sensibilidad nos acompañe en esta lucha dura
de una propuesta comunicadora
abierta al otro, a la voz de los pequeños y de los excluidos.

Que junto a un poco de sana Razón, el Señor nos conceda entonces tener mucho Corazón.

 

Quinto Regazzoni