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PEDRO POVEDA (1874 - 1936) Un maestro de educadores Pedro Poveda, el fundador de la Institución Teresiana, canonizado por Juan Pablo II en mayo de 2003, y que entregó su vida por causa de la fe en 1936, siempre mostró una energía infatigable para abrir caminos a la vida, a la justicia y a la solidaridad. Su principal intuición fue formar maestras y maestros cristianos que se dedicaran a educar a niños y jóvenes desde y para la libertad, sobre todo a los más vulnerables, para "que den de sí todo lo que puedan dar".
En 1894 Pedro Poveda llega a Guadix con la ilusión del joven seminarista que quiere terminar sus estudios eclesiásticos -que combina con los civiles- y ordenarse como sacerdote. En Guadix se encuentra con dos realidades que se dan la espalda. La ciudad, con sus palacios e iglesias y su rica vida comercial y cultural; y el barrio de las cuevas y sus moradores, los cueveros, que carecían de agua, luz, escuelas, etc.. Ese contraste y su fina sensibilidad por los más desfavorecidos generarán lo que él mismo llama su "vocación a este género de apostolado", es decir, la de dignificar la vida de las personas a partir de la educación, como medio de desarrollar sus capacidades y potencialidades. Y para ello empezará haciendo, ofreciendo primero comida y ropa, para inmediatamente iniciar escuelas donde forjar personas autónomas y comprometidas con su entorno. Y lo hará con un estilo propio: uniendo esfuerzos, aliando contrarios, implicando a amigos, movilizando a políticos, en definitiva, despertando la conciencia ante esas situaciones y aportando alternativas. En 1897 a los 22 años, fue ordenado sacerdote en Guadix y empieza su labor humanista, educativa y evangelizadora con los braceros pobres de la barriada de las cuevas, trasladándose a vivir a una de las cuevas, cerca de ellos. Aporta recursos, predica misiones populares y despierta la sensibilidad de toda la ciudad por la situación de indigencia de estos barrios, organizando las Conferencias de San Vicente de Paul. Convencido de la importancia de la educación, en 1902, funda las Escuelas del Sagrado Corazón para niños y niñas pobres, aplicando los métodos de la Escuela Nueva contextualizados para aquella población, al estilo de las Escuelas del Ave María, del p. Manjón. "No puedo, sin faltar a la verdad, creer que en Guadix no hice mucho bien", recordará años más tarde. "Allí fui el instrumento de Dios para muchas cosas buenas; pero instrumento y nada más. El bien fue para ellos, para aquella gente". En Guadix, Poveda descubrió su vocación a "este género de apostolado", como él mismo reconoció años después, ya como fundador de una asociación de seglares con el nombre de Institución Teresiana. Dificultades de comprensión de su actividad socioeducativa lo obligan a dejar la obra de las Cuevas de Guadix y a trasladarse a Covadonga (Asturias) como canónigo del Santuario. Aquí, en la cercanía de Nuestra Señora de Covadonga (La Santina), reflexiona sobre la importancia de la educación y la necesidad de no separar la fe y la ciencia. Consciente de la importancia del Estado en la educación, insiste en el protagonismo del maestro y en la necesidad de cristianos en la escuela. Publica diversos escritos sobre la problemática educativa y la formación del profesorado, por lo que ha sido calificado de "Educador de educadores" y pedagogo. Concibe una institución católica que pueda coordinar la acción de los educadores. Aquella primera intuición se concreta en un proyecto: formar a maestros y maestras cristianos/as que desde academias, residencias, escuelas normales, puestos oficiales, puedan dedicarse a educar a niños y jóvenes desde y para la libertad, para que "den de sí todo lo que puedan dar" y lleguen a "estimar la justicia tanto como la vida". A partir de 1911, con unas jóvenes colaboradoras, comenzó la fundación de Academias y Centros Pedagógicos que darían inicio a la Institución Teresiana. Se trasladó a Jaén para consolidar la Institución que recibiría allí la aprobación diocesana y después, estando él ya en Madrid como capellán real, la aprobación pontificia. A esta etapa pertenecen algunos de sus más importantes escritos de espiritualidad. En 1928 se le confía a Poveda la organización de Estudiantes Católicas y de las Juventudes Femeninas Universitarias, pertenecientes a la naciente Acción Católica Femenina. Impulsa el espíritu misionero ("Estoy ahora mismo bajo la obsesión misionera"), contando con la inestimable ayuda de Magdalena Martín Ayuso. Otra importante colaboradora fue Adela Edwards, ya que gracias a su empeño la Institución Teresiana llega a Chile. En 1929 interviene decisivamente en la fundación de la Asociación de Maestros Católicos y de la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE). Impulsa asimismo la Asociación Nacional de Padres de Familia, convencido de la importancia que tienen los distintos agentes educativos y especialmente la familia. En 1930 ingresa en la Hermandad del Refugio de Madrid para servir a los pobres y a los niños huérfanos y abandonados. "No es necesario ser rico para dar, basta ser bueno", afirmó. Sacerdote prudente y audaz, pacífico y abierto al diálogo, entregó su vida por causa de la fe el 28 de julio de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil española, identificándose ante quienes lo conducirían al martirio: "Soy sacerdote de Cristo... Si hay que morir se muere, pero se muere con Cristo, en nombre de Cristo y para gloria de Cristo". En 1993, el 10 de octubre, es beatificado como mártir y el 4 de mayo de 2003 es proclamado santo por el Papa Juan Pablo II, en Madrid. Pedro Poveda creyó firmemente que la transformación del mundo, en el sentido más humano y más justo, era posible desde la fe y no renunciando a ella, como afirmaba la propuesta laicista de comienzos del siglo XX. Aunque Poveda dio respuestas concretas a problemas concretos de su tiempo histórico, sus constantes -la fortaleza, la audacia, la entrega humilde y sin límites a Dios y a los hombres- son actitudes evangélicas que transcienden el tiempo. Hoy la Institución Teresiana, siguiendo la huella de este hombre visionario y anticipador que a principios del siglo XX acepta el riesgo de confiar en la mujer y en su papel en la sociedad, de conciliar fe y ciencia, de reconocer la importancia de participar en los movimientos políticos de reforma de las estructuras, de promover procesos socioeducativos de cambio, trabaja activamente en los surcos abiertos por Pedro Poveda. En 4 continentes: Europa, América, África y Asia, promueve proyectos sociales y de desarrollo que tienen como objetivo prioritario a la persona, cada persona, y especialmente a los grupos más vulnerables: niños/as, jóvenes, mujeres, comunidades indígenas, poblaciones urbano-marginales. Con esta intencionalidad, han surgido bibliotecas, ludotecas, centros desde los que se ofrecen a jóvenes y mujeres talleres de formación profesional, formación permanente para el profesorado, educación en derechos humanos... Desde InteRed, la ONG de desarrollo promovida por la Institución Teresiana, se apoyan proyectos en 15 países de América Latina, África y Asia, porque la "pretensión de contribuir a transformar la realidad socio-económica actual, generadora de injusticia, requiere de muchos esfuerzos unidos, de muchas manos entrelazadas, de muchos corazones animados por la compasión y esperanza para conseguirlo". Pedro Poveda mostró una energía infatigable para abrir caminos a la vida, a la justicia, a la solidaridad. Por eso siempre nos invita a un "ahora comienzo" infinito, a no desfallecer en esta tarea de nacer de nuevo, de hacernos solidarios de los empobrecidos, de derrochar generosidad, de sentirnos hermanos del extranjero. |
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