Hechos de vida

Historia de amor (aún no pasó de moda)

Después de leer esto, tal vez alguien piense que es un invento mío. Pero es real: las personas aún están vivas y juntas. Por eso les cambiaré los nombres, aunque su actitud sobre el sacramento del Matrimonio nos compense a los sacerdotes de tantas celebraciones donde Cristo no está presente.

La historia llegó a mí de manera indirecta, susurrada por alguien que estaba preocupada por ellos. Luego que me trasladé a Montevideo, la seguí muy de cerca. Creo que vale la pena ponerla por escrito para que otros la mediten.

 

La historia en resumen:

Desde 1972 alguien estuvo varios años preso; cinco de ellos, fundamentalmente por negarse a comprometer con declaraciones falsas a su obispo. Lo llamaré "Antonio".

Tenía una hermana religiosa, que a su vez, tenía una amiga que participaba en uno de los pocos movimientos eclesiales que han logrado integrarse a la pastoral de la diócesis: a esta amiga le daré el seudónimo de "Amanda". Cuando Amanda se enteró que su amiga tenía un hermano en el paradojal "Penal de Libertad", tristemente célebre, preguntó cómo podía hacer para escribirle. Carta va, carta viene, fueron conociendo el corazón de una y del otro. Al cabo de dos años él le declaró su amor por carta. Por la misma vía ella le dio el sí.

Entonces comenzaron su historia de amor. Desde su libertad, ella hizo los trámites para declararse concubina de Antonio, única excusa para poder visitarlo. Desde la prisión él esperaba...

Comenzaron las visitas al Penal: cincuenta minutos en ómnibus, bajarse en la ciudad de Libertad, caminar dos kilómetros con sol o lluvia, pasar por el control militar, para recién conocerse personalmente y hablar... por teléfono, con dos vidrios entre ellos y la conversación grabada.

 

El tiempo pasaba... y la libertad de Antonio se veía todavía lejana. Decidieron casarse por poder.

Otra vez Amanda comenzó trámites y tareas burocráticas y logró que les permitiesen el matrimonio civil. Una Navidad, por ser esposos, les permitieron diez minutos de visita custodiada en el patio: fue la primera vez que se tocaron y se dieron un beso.

Los años pasaban invariables hasta 1985, año de la vuelta de la democracia en Uruguay. En el ómnibus de línea en que viajaban los familiares de los presos había ambiente de fiesta y esperanza. A Amanda le decían:

- ¡Qué fiesta cuando salga Antonio!

A él sus compañeros de la cárcel le decían cosas parecidas.

Todos poniendo énfasis implícito o explícito en su primera relación marital.

A estas cariñosas bromas ambos respondían lo mismo:

- Para nosotros el matrimonio es un sacramento: no lo consumaremos hasta que no estemos casados por Iglesia.

Y así fue. Recién consumaron su matrimonio tres meses después, al tener la bendición de ese Dios justo y bueno que los había unido.

 

El presente:

Hacía tiempo, mucho tiempo que no los veía... Al trasladarme a Piedras Blancas, ellos tomaron la iniciativa y nos hemos visto: siguen juntos y tienen varios hijos, frutos de un amor limpio, cristiano, que sabe poner al Señor en medio de todas las realidades, incluida la humanísima realidad del sexo.

Pbro. Eduardo Minelli