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EL LIBRO DE LA SABIDURÍA
Este libro no lo podemos encontrar en la Biblia hebrea ni en la de los hermanos protestantes, puesto que el Canon hebreo no lo incluye. No tiene su contrapartida escrita en hebreo, pues fue escrito en griego y fuera de Palestina, posiblemente en Alejandría (Egipto), hacia el año 80 o 50 antes de Cristo. Aunque se atribuye su autoría al sabio Rey Salomón, es seguro que éste no pudo haberlo escrito. Pero no debemos extrañarnos porque debemos recordar que en la Antigüedad era costumbre para darle prestigio a un libro ponerlo bajo la autoría de algún personaje famoso.
La mayor parte del mundo cristiano aceptó este libro como inspirado, sobre todo los primeros cristianos, porque constituye en el Antiguo Testamento el primer libro que menciona la verdad cristiana de la Resurrección. Esta verdad era algo ya aceptado por la mayor parte del pueblo judío en la época de Jesús. El grupo de los fariseos lo creía, y el mismo Jesús y sus discípulos (Mt 22,23-31) pero no era una verdad aceptada por los Saduceos, grupo conformado por los altos sacerdotes del Templo de Jerusalén y gran parte de la clase dirigente del pueblo judío. De todas formas, en el Concilio de Yamnia (año 100 después de Cristo) se lo retiró del Canon hebreo. De todas formas, el libro trata de responder a los cuestionamientos que el pueblo griego les hace a los israelitas que viven en grupos llamados comunidades de la Diáspora (dispersión) fuera de Palestina. De este grupo provendrá la mayor parte de las primeras comunidades cristianas y los que como San Pablo harán de los primeros cristianos un grupo abierto a la cultura de su tiempo. A diferencia de los judíos de Palestina, que se mantenían herméticos a la cultura griega que predominaba en todo el mundo mediterráneo, estos israelitas deseaban dialogar con este mundo nuevo. Esto revela un esfuerzo muy importante de inculturación, para lograr que el mensaje de Salvación del cual el Pueblo de Israel era custodio, se comunicara a otros pueblos. Este grupo de la diáspora, al que el autor de este libro pertenece, consideraba que el mensaje que Dios había revelado al Pueblo de Israel, no era sólo para este sino para todos los pueblos. Por eso, el otro cometido del libro es demostrar que la sabiduría de los fieles israelitas es superior y más verdadera que las enseñanzas de los filósofos griegos, y que la forma de vivir de los paganos que se burlaban de la austeridad de vida del creyente israelita que vivía entre ellos. Este hermoso libro nos plantea que la verdadera sabiduría no se alcanza leyendo libros, sino con una vida honesta y justa, en la cual se amen y cumplan verdaderamente los mandamientos de Dios. "La sabiduría no entrará en un alma perversa, ni habitará en un cuerpo instrumento del pecado. El Espíritu Santo que nos educa, huye de la doblez, se aleja de los pensamientos insensatos, y se llena de confusión cuando se presenta la maldad" (Sab 1,2-5). En su segundo capítulo, el libro presenta las objeciones que los paganos le hacen al creyente en Yavé
Las objeciones de los paganos (cf. 2,1-20) Como vemos acusan al israelita de cuestionar su forma de proceder. De separarse de ellos, y no compartir su búsqueda desenfrenada del placer por el placer. No valora sus costumbres y no come ni comparte lo que ellos comparten. Esto es comprensible puesto que había como sabemos alimentos que los israelitas no comían. Tras estas críticas se esconden la condena de los judíos a la práctica de la prostitución, el homosexualismo y la promiscuidad sexual que los paganos practicaban. No nos parece al analizar estas críticas, que los judíos criticaran abiertamente estas costumbres, pero su misma conducta era para los paganos expresión de este rechazo. "Él es un reproche a nuestra manera de pensar y hasta su sola presencia nos cae pesada" (2,14). Por ello este discurso de los paganos termina con la decisión de matar y humillar al justo para probar que realmente es Hijo de Dios y que Dios le librará de sus enemigos (2,17-20). Este pasaje refleja muy elocuentemente el peligro que pesaba sobre el creyente en Yavé, que ansiaba comunicar el mensaje de salvación pero que era odiado a causa de la vivencia del mensaje. Muy fresca está en la memoria del autor la persecución que Antíoco Epífanes realizara un siglo antes contra el pueblo de Israel, cuando intentó imponer las costumbres griegas en el mismo territorio de Palestina. Esto lo cuentan los dos libros de los Macabeos.
La Fe en el juicio y la Resurrección A continuación, el libro intenta responder a esta pregunta: ¿Por qué si Dios nos ama, y recompensa al que obedece sus mandamientos, permite que el justo sufra a manos de los impíos e injustos, e incluso termine su vida en forma violenta? La respuesta es clara: "Dios creó al hombre para que no pereciera, y lo hizo inmortal al igual que él, fue por envidia del diablo que entró la muerte en el mundo, y los que se pusieron de su lado, la padecerán" (Sab 2,23-24.). "Las almas de los justos están en las manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Para los insensatos ya no son más que muertos, y su salida de este mundo es tenida por una desgracia. Y aunque hayan sufrido padecimientos, la otra vida estaba ya preparada para recibirlos. Su alejamiento de entre nosotros, es vista como una calamidad, pero ellos ya están gozando de la paz. Por unos pocos sacrificios recibirán una gran recompensa, pues Dios los ha probado y los halló dignos de Él. Los probó como se prueba el oro en el crisol, y los aceptó como víctimas consumidas por el fuego. En el día de su visita (o sea del juicio de Dios sobre los hombres) ellos brillarán y saltarán de júbilo como chispas en un pajar encendido. Gobernarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre" (Sab 3,1-8). Como podemos ver aquí, éste es el primer anuncio del Antiguo Testamento que afirma dos verdades fundamentales y reconocidas hoy tanto por los cristianos como por los judíos y musulmanes actuales: 1) la existencia de un juicio de Dios al final de la historia humana, en la cual todos las personas serán examinadas y juzgadas. 2) La existencia de una vida después de la muerte en la cual "el alma del justo" no se perderá. Pero debemos tener en cuenta que en el lenguaje hebreo, alma no es el sinónimo de espíritu, sino que designa a la totalidad de la persona: cuerpo y espíritu. Éste es por tanto el primer anuncio de la Resurrección de los muertos.
El resto del mensaje del libro Esta primera parte se prolonga hasta el capítulo 9 inclusive. La segunda parte que va desde el capítulo 10 al 19, con el cual concluye el libro, es un repaso de la presencia de la Sabiduría de Dios manifiesta en la historia de Israel. Hay un interés especial en mostrar que el mensaje que Israel recibiera es un don para toda la humanidad y no sólo para los judíos. Esto nos demuestra que entrar en diálogo con otra cultura no significa rechazar lo que es nuestro patrimonio y cultura y el mensaje en el cual creemos. Esta lección nos resulta útil a los hombres y mujeres de hoy, que somos tan noveleros, y con facilidad corriendo tras novedades, terminamos confundiéndonos y perdiendo el sentido de nuestra vida y de nuestra identidad.
Eduardo Ojeda |
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