TODO EL AÑO

ES CUARESMA

 

Hay un buen número de cristianos que siguen preguntando

cuáles son los días de cuaresma en que no hay que comer carne.

Las penitencias cuaresmales parecerían no lograr rebasar el sentido
de esta antigua ascesis de la abstinencia del viernes.

 

Ya todos saben que de nada nos serviría abstenernos de comer carne
para luego hartarnos con exquisitos platos de pescados o mariscos.

Sabemos también que mientras tanto cientos de millones de personas
sufren hambre literal, la tercera parte de la población mundial
sigue analfabeta, aparecen nuevas enfermedades infecciosas,
existe la tortura, la pena de muerte, el aborto,
y otras miles de indignidades institucionalizadas,
el aplastamiento de los pobres y débiles...

 

Y llegamos nosotros, cada Cuaresma,

con nuestros pequeñas y devotas privaciones.

Hoy más que nunca todo el año es Cuaresma penitencial

de largo alcance: o los cristianos nos ponemos en cuerpo y alma
a luchar por la dignidad del ser humano redimido por Jesús

o nadie va a creer nuestro mensaje de fraternidad y amor.

 

La raíz de todas las indignidades humanas,

está en la situación de pecado social en que nos encontramos.
Pecado social que no es mera acumulación de pecados personales o individuales.
Hay algo que rebasa la propia conciencia individual de quien delinque.
La sociedad no es "mala" única y exclusivamente
porque seamos "malos" quienes la componemos.

Hay momentos en que una llamada a la conversión individual

no basta: todos nos sentimos atrapados

por algo que es superior a nosotros mismos.

 

¿No es frecuente encontrar personas que hacen el mal desde su lugar
de poder y autoridad, pareciendo ellas mismas individuos excelentes?

Gentes llenas de ternura y aparente amor, son capaces de decretar monstruosidades
con la frialdad de una firma irresponsable o de un membrete oficial.
¿Cómo es posible?

No, no bastan los ayunos ni las abstinencias.

Hace falta mucho más y lo importante es que la respuesta
ha de salir de cada uno de nosotros.