El libro de ESTER


La Reina
que salvó a su pueblo

El libro de Ester no relata acontecimientos históricos; los datos y personajes son ficticios, salvo el rey persa que se llamaba Asuero. No hay forma de saber si sus personajes, Mardoqueo o Ester realmente existieron. En este sentido, se parece mucho al libro de Judit, que refleja la salvación de Israel de la conquista y esclavitud a raíz de la acción de una joven que salva a su pueblo.

En este libro los hechos narrados nunca ocurrieron. Sin embargo, lo que el libro sostiene no es mentira.

En efecto, ya en la antigüedad, el pueblo de Israel tuvo problemas para convivir con otros pueblos y fue muchas veces amenazado de muerte, al igual que en el siglo XX en el Holocausto. Eso pasó en la edad antigua, en la Edad Media y hasta en nuestros días. La pregunta es ¿por qué?

El rechazo a Israel de parte de los pueblos antiguos

Uno de los motivos del rechazo estaba dado por la forma de vida de los israelitas diferente a la de otros pueblos incluso en sus costumbres alimenticias y por sus tradiciones religiosas que le impedían socializar con otros pueblos. Su creencia en un solo Dios, y su rechazo radical de la idolatría también generó mucha enemistad.

Algo parecido le sucedió a los primeros cristianos, cuando se negaron a adorar a los dioses de Roma y a rendir culto al emperador.

El Pueblo de Dios, ya sea el antiguo (Israel) o el nuevo (la Iglesia) debe muchas veces enfrentar la hostilidad de una sociedad que no está edificada en los valores evangélicos, y que se siente cuestionada por la sola existencia de los creyentes, que con su forma de vivir denuncian con hechos y no con palabras la injusticia y el "mal vivir" de una sociedad clasista, generadora de muerte y de violencia.

Al parecer el libro fue creado en el siglo II antes de Cristo, cuando la invasión del Imperio Seléucida al territorio de Palestina amenazaba a los judíos y a sus costumbres religiosas, pues el rey Antíoco Epífanes pretendía imponer la religión y las costumbres griegas a toda la población de su imperio. Esta persecución descripta en los dos libros de los Macabeos fue muy dura, y provocó la resistencia armada de los israelitas, que consiguieron luego de algunos años de lucha, quitarse el yugo de ese imperio.

El libro de Ester fue creado para dar esperanza al pueblo de Israel, perseguido a causa de sus tradiciones y fe religiosa. Algo que lamentablemente en el mundo de hoy todavía ocurre.

La historia del libro

Esta interesante novela tiene dos protagonistas, que representan al Pueblo de Israel, que inmerso en medio de naciones extrañas debe intentar sobrevivir y perpetuarse, para que la fe en el Señor no muera en el mundo.

Esta historia está situada en la época del Imperio Persa y del reinado de Asuero. Es la historia de la rivalidad de dos hombres y de la intervención de una mujer.

Por un lado, Mardoqueo, que es judío y consejero del rey. Este hombre llega a salvar la vida de Asuero descubriendo una conspiración palaciega que pretendía asesinarlo y derrocar su gobierno. La oportuna intervención de Mardoqueo salva la vida del rey (Ester 12,6 -prólogo griego del libro- y 2,21-23). Así este hombre le prueba a Asuero que es un fiel súbdito y un hombre honorable.

El otro personaje es Amán, un visir del rey que goza de un gran poder, y que a causa de que Mardoqueo no se inclina ni arrodilla ante él, intenta exterminarlo a él y a su pueblo (Est 3,1-7). Logra así del rey un decreto por el cual en determinado día se exterminará y asesinará a todo el Pueblo de Israel en el territorio del Imperio, dando la posibilidad a todos los perseguidores de saquear y matar a hombres, mujeres, ancianos y niños.

Muchos líderes antiguos y modernos, piden a sus pueblos una actitud de sumisión y de adoración. Pero un verdadero creyente en el Señor no se debe inclinar ante estas pretensiones. ¿Cuántos sistemas totalitarios se hubieran podido frenar antes de que causaran tantos desastres y muertes, si sus pueblos no hubieran aceptado sus pretensiones de dominación y despotismo que atentan contra la dignidad de las personas y de los pueblos?

Muchas veces, los déspotas como Amán o Hitler, que desean exterminar a pueblos enteros o a sus opositores se creen con el derecho de terminar con la vida de la gente cuyo único delito es pensar y obrar distinto a ellos (cfr. Capítulo 13). El mensaje del libro de Ester es claro, nadie se puede creer dueño de la vida de los pueblos, nadie está autorizado a masacrar o exterminar a la gente. Lamentablemente el mundo de hoy, aún no ha superado esta barbarie, y este libro continúa contándonos una historia que puede ocurrir o que ya está ocurriendo.

En el libro de Ester no se menciona a Dios, salvo cuando Ester la joven reina, y Mardoqueo se dirigen a Él, pero la presencia de Dios se adivina. Es Dios quien conduce la historia y no los poderosos y prepotentes como Amán y Asuero que no respetan la vida.

Ester, salvadora de su Pueblo

La reina Vasti cae en desgracia y entre varias jóvenes del Imperio se realiza como una especie de concurso de belleza para que el rey pueda elegir a su nueva reina y en este concurso sale favorecida la sobrina de Mardoqueo, que había sido adoptada por su tío, y que con prudencia no le revela al rey ni su pueblo ni su orígen (2,15-20). En una lectura superficial podemos ver a Mardoqueo y a Ester como dos arribistas y conspiradores políticos, pero en realidad si vemos el contexto, veremos que a esta joven no le hace ninguna gracia vivir en un palacio extraño a sus costumbres, cuando quisiera vivir una vida sencilla junto a su gente.

¿Por qué lo hace entonces? En realidad, no tenía elección, pues las mujeres nada decidían en aquella época. Pero por otra parte, Mardoqueo ve en la circunstancia del reinado de Ester la mano de la providencia que la coloca en este lugar para salvar a su gente.

Así Mardoqueo le escribe una carta a su sobrina mencionándoselo: "No creas que por el hecho de que estés en el Palacio, serás la única judía que se podrá salvar. Muy por el contrario, si tú persistes en no hablar ante el rey, ahora que puedes hacerlo, ya llegará por otro lado a los judíos su salvación y liberación. Y en cambio, tú morirás junto a tu familia. Quien sabe, si no has llegado a ser reina precisamente para una ocasión como ésta" (Est 4,13-14).

Ester pone su confianza en Dios, y sabe que Él todo lo puede; por eso se dirige a Él, pidiéndole auxilio. Va a interpelar y cuestionar al rey, lo que podría costarle la vida. Pero ella sabe que el Señor es más poderoso que cualquier autoridad humana (Est 14,12).

Aunque el día de la matanza de los judíos estaba resuelto, el rey le da la razón a Ester, desautoriza a Amán, sentenciándolo a muerte por su traición y autoriza a los judíos a defenderse y organizarse para vengarse de sus enemigos (Est 8,11). El rey les autoriza incluso a matar y apoderarse de los bienes de los que intenten atacarlos.

Esto puede repugnar a nuestra sensibilidad cristiana, pero hemos de recordar que estamos antes de la revelación cristiana del amor a los enemigos que proclamara Jesús (Mt 5,38-48).

Las dos versiones del libro

Hay dos versiones del libro de Ester, una hebrea y otra griega más extensa que tiene un prólogo con un sueño de Mardoqueo y un epílogo con la interpretación del sueño (cfr. Est 11 y 12 y 10,4-13). ¿Cuál es la más antigua? Es difícil saberlo. Muchos historiadores piensan que es la griega (versión aceptada por los católicos y ortodoxos) y que la hebrea fue modificada y recortada, pues había detalles que no le interesaban a los judíos de Palestina.

La fiesta de los Purim, una fiesta muy antigua, donde los judíos se intercambiaban regalos, conmemora según este libro, la liberación promovida por Ester. Muchos historiadores piensan en cambio que la fiesta ya estaba, y que el libro se escribió para darle una más profunda significación a la celebración judía de los Purim. Pero esto sigue en discusión.

En definitiva, el libro nos recuerda que es Dios, y no los poderosos, quien conduce la Historia a su fin para que sea Historia de Salvación. Y que muchas veces los creyentes fieles y humildes como Ester son los instrumentos que él elige para cumplir su voluntad.

Eduardo Ojeda