EL OBISPO MÁRTIR, OSCAR ROMERO

"El amor tiene que vencer"

 

A los 24 años del asesinato del obispo Oscar A. Romero,
el 24 de marzo de 1980, las comunidades cristianas
de toda América Latina han abierto el año jubilar
de este mártir emblemático del continente.

Puede haber algún cristiano que todavía no lo conozca,
pueden haber otros que todavía no lo reconozcan como 
"san Romeo de América
",
así como se lo empezó a llamar...
pero su testimonio y martirio reconocidos en la IV Asamblea 
de los obispos latinoamericanos,
en Santo Domingo y en la Asamblea del Sínodo 
de América en Roma,
nos recuerdan que quienes desearon, 
planearon y ordenaron su muerte
no pudieron hacer callar su voz,

el grito limpio de su muerte junto al altar
,
en su misa más verdadera que recogía su vida entregada.

"Mi disposición -decía el obispo Romero- es dar mi vida por Dios,
cualquier sea el final de mi vida...
Pero más valioso que el momento de morir es 
entregarle toda la vida y vivir por él
".

Para el obispo de El Salvador el proyecto de Dios se manifiesta
en la vida sencilla, la vida cotidiana, que se vive con un profundo sentido de amor y de libertad.
Decía "no hay derecho a estar tristes"; 
el cristiano no puede ser pesimista y siempre
tiene que tener en su corazón la plenitud de la alegría.

"La voluntad de Dios es que todos sus hijos sean felices,
y no es su voluntad que unos tengan todo y otros no tengan nada».

Frente a la vida derramada de su pueblo que padecía
la violencia de los poderosos y la mano dura de la dictadura,
proclamaba que toda vida es sagrada,
y la sangre derramada clama siempre a Dios.

A él le tocó la suerte del buen pastor que por sus ovejas
derramó su vida en su ministerio valiente de todos los días
y derramó su sangre en la hora suprema del martirio.

Dejó escrito: "El martirio es una gracia de Dios
que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida
y que mi sangre sea semilla de libertad, entonces mi muerte
será un testimonio de esperanza en el futuro". Así lo fue.

Gracias, pastor y mártir de América,
"no nos cansaremos de predicar el amor, porque -como tú decías-
eso es lo único que puede vencer".

 

Quinto Regazzoni