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Hechos de
vida
Descubrí hace mucho tiempo que, cuando hablamos, usamos las mismas palabras pero muchas veces con significado distinto. Ello explica tantas confusiones existentes en el mundo y en la Iglesia. Por ejemplo, esta última palabra puede ser entendida como sinónimo de templo, de comunidad o de jerarquía eclesial. Si escribo "comunión" puede ser entendida como eucaristía, como unidad entre los cristianos... también puede ser entendida como excusa para que todos pensemos igual o para imponer mi pensamiento o defender mi cuota de poder. Esto no es nuevo, existe desde el momento en que los seres humanos necesitaron del lenguaje para comunicarse. Es la Babel del Génesis. ¿Saben cuándo lo descubrí? Hace más de 50 años y fue trágicamente cómico.
Mi abuela materna vivía en mi casa y tenía una prima que se llamaba Celina Ferreira de Ferreira que rondaba los 80 años de edad. En mi pueblo, en aquella época una radioemisora tenía un informativo a mediodía que cumplía una función muy importante en la comunicación entre la ciudad y la campaña. Se lo escuchaba durante el almuerzo... Yo tendría 6 o 7 años. Estábamos sentados a la mesa almorzando y escuchando el informativo cuando oímos este aviso: "Falleció en Salto la señora Celina Ferreira de Ferreira, por tal motivo es esperado de campaña su hijo Mario." -¡Murió Celina!, dijo la abuela y comenzó a llorar. Por supuesto, no comimos más. Mientras la abuela arrasaba con las flores de nuestro jardincito, mamá y yo nos cambiábamos de ropa para ir al velatorio. Cuando íbamos llegando a la casa de "la Tía Celina" como yo le decía, la vecina de al lado estaba parada en la vereda junto a un murito. Al vernos se acercó y nos dijo: - ¿Vienen al velatorio de Doña Celina? Después de nuestra respuesta afirmativa, señaló detrás del muro donde había un montón de flores marchitándose y nos dijo: - Dejen las flores ahí porque doña Celina está viva, la que murió es otra...
Cuando entramos en la casa ya había un montón de parientes y la "muerta" nos recibió con alegría: - ¡Palmira! ¡Eduardo! ¡Ustedes también! ¡Hoy me vienen a visitar todos...!
Me parece recordar que nadie se animó a decirle que la habíamos matado por culpa del informativo y la viejita quedó contentísima con tantos parientes que la visitaban el mismo día. Esa fúnebre confusión me sirvió para que después de grande, cuando alguna palabra me molestara, muchas veces tuviera la capacidad de interrumpir mi enojo y preguntar: - ¿Qué querés decir con esa palabra? Y recién después enojarme o aceptar bien lo dicho. Todo dependiendo del significado que la otra persona le diera. Pbro. Eduardo Minelli |
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