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OPINIÓN: Por la paz, por la paz, por la paz... Los doscientos muertos del infame atentado del 11 de marzo van a quedar para siempre en la memoria y en el corazón de Madrid. Cada uno de ellos será en esta ciudad una imagen que encontraremos por las calles, cada uno de ellos una mirada que nos interrogará al pasar, cada uno de ellos una exigencia y un compromiso. Al día siguiente, con los ojos llorosos y el dolor pegado al alma, Madrid salió en masa a la calle, con Madrid salió España entera de sus casas, con España salieron Europa y el mundo. En muchas ciudades y pueblos al otro lado de las fronteras sonaron las campanas de las iglesias y las sirenas de las fábricas, de todos los minutos de silencio cumplidos se hicieron muchas horas de duelo. Madrid no estaba sola, España no estaba sola; una onda de solidaridad empapada de lágrimas nos reunió a todos en un clamor unánime contra la barbarie terrorista. Un clamor general se irguió contra el terrorismo externo e interno, y también, como consecuencia ineluctable, contra los demás terrorismos de todos los colores y facciones, los del negro y los del azul, los del verde y los del marrón. Nadie ignora que de esos colores nefastos se tiñeron nefastas camisas en el pasado, y nadie puede ignorar que hoy, bajo la capa de los mejores propósitos y de las más protectoras intenciones, nuevos autoritarismos están amenazando el mundo. Llevan las camisas debajo de la piel pero la sed de poder es idéntica. Los procesos han cambiado, sin embargo los objetivos son los mismos.
Hace un año millones de personas bajaron a la calle para gritar: "No a la guerra" e intentar así cortar el camino a aquellos que se empeñaban en dar el nombre de guerra preventiva a lo que simplemente era terrorismo de Estado. Muchos de nosotros estuvimos allí, muchos de nosotros levantamos pancartas de paz y gritos de esperanza, pero la guerra no se detuvo. Para el señor Bush y sus dos acólitos principales, los señores Blair y Aznar, nosotros, en el mejor de los casos, éramos unos pobres ingenuos, mentalmente incapaces para comprender la sublime majestad de la gesta bélica que se preparaba, y en el peor de los casos, unos miserables traidores a la civilización occidental que no merecíamos el pan que comíamos. No importaba que la famosa gesta bélica fuera sólo un entramado de groseras manipulaciones y falsedades, no importaba que de cada tres palabras que ellos proferían dos fueran mentirosas y la tercera dudosa, no importaba que los motivos ofrecidos para desencadenar la guerra se derrumbaran hechos añicos a los pocos días (...) El día 14 de marzo del año 2004 (...) sacudidos por el dolor, ahogados por las lágrimas, la palabra Paz volvió a encontrar el camino de muchas gargantas y el "No a la guerra" retomó su primera fuerza para luego doblarla y multiplicarla. Lo que parecía dormido despertó y a partir de ahora nada ni nadie los podrá callar. No a la guerra, no a la guerra, no a la guerra. José Saramago Madrid, 20 de Marzo de 2004
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