BRASIL:

Campaña de Fraternidad sobre el agua

La Campaña de Fraternidad cumple cuarenta años. Este año los obispos de la CNBB han propuesto el tema "Fraternidad y agua" con el lema: "El agua, fuente de vida".

En Brasil está faltando el agua potable y éste será un problema cada vez más grave para millones de personas debido a la contaminación, la privatización, el uso irracional de la misma y sobre todo por su distribución desigual. En Amazonia hay abundancia de agua pero falta en el nordeste. Hasta en Amazonia se han contaminado las aguas de los ríos en muchos lugares con productos químicos. Según las estadísticas, el 20% de la población brasileña no tiene acceso al agua potable. En Brasil se necesitará cada vez más agua para la irrigación de grandes extensiones de tierras fértiles pero todavía no cultivadas. En el Domingo de Ramos se hizo una colecta en todas las iglesias del país para apuntalar iniciativas que la Campaña se propone llevar a cabo con la ayuda de católicos y no católicos, creyentes y no creyentes. La Oración oficial de la Campaña bendice a Dios por "la hermana agua" y pide que además del agua potable para la salud humana, Dios nos conceda también "el agua viva que brota de su corazón para la vida eterna".

El Papa, con motivo de la Campaña de Fraternidad envió un mensaje que dice: "El agua es un don de Dios y un derecho de todos. Es necesario prestar atención a los problemas que se derivan de su evidente escasez en muchas partes del mundo, no sólo en Brasil ya que no es un recurso ilimitado y exige un uso racional y solidario. Es por lo tanto un problema que debe solucionarse estableciendo criterios morales basados en el valor de la vida y en el respeto de cada persona humana". La ONU, a su vez, afirma que faltará el agua potable al 40% de la población mundial en los próximos 45 años y eso será fuente de graves conflictos y guerras más que por el petróleo. En los últimos 50 años las reservas de agua dulce en el mundo se redujeron en un 62%.

Hay una Declaración Universal de los Derechos al Agua que fue proclamada por la ONU y que consta de diez puntos donde se dice que el agua "no debe ser desperdiciada, contaminada o envenenada y debe ser usada con racionalidad, precaución y parsimonia" porque el derecho al agua "es parte de un derecho fundamental de todo ser humano: el derecho a la vida, tal como ha sido estipulado en el artículo tercero de la Declaración de los Derechos del hombre". En el artículo sexto se dice que "el agua no es una donación gratuita de la naturaleza; tiene un valor económico y escasea en muchas regiones del mundo".

En Brasil, según Jerson Kelman, director de la Agencia Nacional de Aguas, hay dos graves problemas: las sequías prolongadas sobre todo en el nordeste y la contaminación de los ríos... Por otra parte, llevar el agua de los ríos a las poblaciones cuesta dinero y la gente más pobre no puede pagar; por eso las compañías se resisten a llevar el agua a esas poblaciones. Hay también un gravísimo problema de contaminación urbana y las grandes ciudades deben ir cada vez más lejos a buscar agua. Con todo, Brasil es un país privilegiado en cuanto a reserva de agua dulce; nuestros ríos, especialmente el Amazonas, echan al mar el 18% de la descarga fluvial de todos los ríos del planeta".