VATICANO

Premio Carlomagno a los sueños del Papa

El 24 de marzo pasado Juan Pablo II recibió el Premio Carlomagno, premio internacional que desde 1949 se entrega por parte de la alcaldía de Aquisgrán (Alemania) a los que luchan por la paz y la unidad europea.

El Papa que el año pasado figuraba entre los candidatos más seguros al Premio Nobel de la Paz, ha recibido este premio en el Vaticano con una significativa motivación oficial. "Es un eminente y ejemplar modelo de los valores europeos por su respeto por la dignidad y la libertad del ser humano, la igualdad y la solidaridad entre los hombres. Como ningún otro, afirma el carácter inalienable de los derechos humanos y de la paz". En su respuesta el Papa habló de un "sueño". "Sueño con una Europa sin nacionalismos egoístas. Pienso en una Europa unida gracias al compromiso de los jóvenes. Pienso en una Europa unida cuya unidad se funde en una auténtica libertad. Sueño que Europa, que en la historia ha sufrido tantas guerras sangrientas, pueda convertirse en agente activo de paz en el mundo. Sueño con que las conquistas de la ciencia y de la economía no se orienten hacia un consumismo sin sentido, sino hacia una solidaridad mayor para con los países más desfavo-recidos". En una carta al Papa, el jefe de gobierno alemán Gerhard Schroder manifiesta que Juan Pablo II "ha sido un puente entre el este y el oeste de Europa y ha contribuido decisivamente a la unificación pacífica del continente".

El próximo 18 de mayo, al cumplir 84 años, se publicará un nuevo libro del Papa, titulado "Levántense, vamos" (cfr. Evangelio de san Marcos 14,42). Se trata de una autobiografía que cubre en este primer tomo desde su ordenación sacerdotal (1958) hasta su elección como Papa (1978). Se espera una gran difusión del libro, tal como sucedió con su primera obra: "Cruzando el umbral de la esperanza" que vendió 20 millones de ejemplares.

RETROCEDE EL ATEÍSMO, CRECE LA INDIFERENCIA

El Pontificio Consejo para la Cultura hizo conocer los resultados de una encuesta a nivel mundial sobre el decrecimiento del ateísmo militante y a la vez el aumento de la indiferencia religiosa y el crecimiento de las "religiones alternativas". "La indiferencia religiosa es un fenómeno ligado al mundo occidental y no al mundo asiático, africano o latinoamericano ya que dichas áreas siguen siendo animadas por la religiosidad popular presente en sus culturas", afirmó el card. Paul Poupard, presidente del organismo vaticano. El ateísmo militante sólo está presente hoy donde todavía quedan sistemas o ideologías ateas como en Vietnam, Corea del Norte y Cuba. En una mirada panorámica, Asia y África continúan siendo los continentes más religiosos. Corea del Sur es el país donde se produce el mayor número de conversiones al cristianismo. En América Latina, México es el segundo país del mundo en número de católicos y Brasil el primero (73,8% de la población). Sin embargo, en los últimos 50 años casi el 20% de la población de Brasil se alejó de la Iglesia Católica, al tiempo que los miembros de las nuevas iglesias de tipo pentecostal y movimientos religiosos pasaron de cero al 15%. En Europa, los tres países con el mayor número de personas que se declararon sin religión son Holanda (54%), Bélgica (37%) y Francia (43%). Agnósticos y creyentes no practicantes viven de hecho como si Dios no existiera. Disminuye la práctica religiosa y muchos siguen creyendo en Dios pero sin pertenecer a ninguna institución. Crece por otra parte una búsqueda más espiritual que religiosa, fuera de los carriles tradicionales. "El verdadero enemigo de la fe hoy -ha dicho el card. Poupard- no es el ateísmo como lo hemos conocido en el pasado. Hoy Dios es considerado totalmente insignificante para la mayor parte de las personas, por lo menos en occidente; no hay lugar ni necesidad de Él en la vida cotidiana. Urge por lo tanto evangelizar esta cultura de la increencia y de la indiferencia", remarcó el cardenal.