El CANTAR DE LOS CANTARES

Mucho más que un canto de bodas

Los rabinos de Israel, tuvieron una vez una tremenda discusión a fines del siglo I a causa de este libro.
Algunos rabinos lo consideraban un libro profano
, un simple canto de amor entre el esposo y la esposa, entre el novio y la novia, entre dos amantes que se aman y quieren encontrarse. En efecto, si uno lo lee superficialmente no parece diferenciarse mucho de los antiguos cantos del Medio Oriente (siglo III antes de Cristo) que se cantaban y componían en ocasión de una boda. Por otra parte, ésta es la fecha aproximada en la que este poema se compuso.
Sin embargo, el rabí Akeeba convenció a la Asamblea que este hermoso poema era digno de figurar entre los libros inspirados. Los cristianos también lo creyeron así.
Pero para entender este canto hay que saber leer entre líneas. La esposa que sueña con su esposo, y el esposo que sueña con ella y que la ama, son el Pueblo de Israel y el Señor.
Esta imagen de Israel como la esposa infiel de Dios, a quien el Señor compadece y perdona, y llama nuevamente a su lado es una imagen bastante antigua en la Biblia.
El profeta Oseas será el primero que la planteará, pero también Ezequiel ve la historia de Israel y de su relación con Dios desde esta óptica (cfr. Ezequiel cap. 16 y Oseas cap. 1-3).
Así la Alianza que Dios realiza a través de Moisés es vista como un pacto de fidelidad mutua como el que los esposos realizan entre sí. No es por casualidad que los anillos que se entregan los esposos en una boda se llamen "Alianzas".
También Jesús se denomina a sí mismo como el Esposo o el Novio, indicando que realmente él es más que un profeta (cfr. Mt 9,14-15).

 

Leyendo y comprendiendo

Las primeras palabras del libro dicen que el canto fue compuesto por Salomón. Hemos de recordar lo que ya dijimos frente al libro de la Sabiduría. En la antigüedad se tenía la costumbre de poner los libros bajo la autoría de alguien famoso. De esta forma se conseguía que la gente se sintiera atraída hacia la lectura de los mismos.

Veamos el comienzo del libro.

"El canto sublime que es de Salomón.
Ella: ¡Que me bese con los besos de su boca! Tus amores son un vino exquisito, suave es el olor de tus perfumes, y tu Nombre: ¡un bálsamo derramado! Por eso se enamoran de ti las jovencitas.
¡Llévame! Corramos tras de ti.
Llévame oh rey a tu habitación, para que nos alegremos y regocijemos, y celebremos no el vino sino tus caricias.
¿Cómo podrían no quererte?
Soy morena pero bonita, hijas de Jerusalén, como las Carpas de Quedar, como las Carpas de Salomón.
No se fijen en que estoy morena,
fue el sol el que me tostó, pues los hijos de mi madre, enojados contra mí, me pusieron a cuidar de sus viñas. Mi viña yo la había descuidado.
Dime amado de mi alma,
¿a dónde llevas a pastar tu rebaño,
dónde lo llevas a descansar al mediodía, para que yo no ande como vagabunda detrás de los rebaños de tus compañeros?

(Cant 1,1-7)

La esposa habla y cuenta su deseo de unirse a su amado en su alcoba. Su amado es un rey aunque no dice que sea Salomón. Ella nos cuenta cuanto ansía encontrarse con su esposo e ir a descansar con él; ella desea saber donde está su rebaño. Este esposo es rey y es pastor, tiene un rebaño al que lleva a un lugar hermoso a descansar y pastar (Salmo 23). Sin lugar a dudas ese Amado es Dios. La Amada luego habla de sí misma, y dice que es morena, pues los hijos de su madre la pusieron a cuidar de sus viñas y a trabajar al sol. Esto pasó porque ella había descuidado su propia viña. Aquí vemos un eco de la alegoría usada por el profeta Isaías en la que compara al Pueblo de Israel, con una viña estéril que no dio frutos, a pesar de que Dios, el Viñador, la había cuidado y abonado con dedicación y amor.

El trabajo al sol es el exilio que Israel sufrió cuando los babilonios, y los asirios (pueblos semitas y emparentados con Israel: "Los hijos de su madre") lo esclavizan y alejan de su tierra. Este dato nos permite ubicar al libro como una obra posterior al Exilio, escrita cuando Israel había ya vuelto a su tierra. Algunas descripciones de la belleza de la Amada por parte del Amado nos desconciertan; ciertamente a una chica de hoy no le gustaría este piropo:

"Él: Como yegua uncida al carro del Faraón, así eres a mis ojos, amada mía" (Cant 1,9).

Sin embargo, para un pueblo que vivía cerca del desierto, la cabalgadura le podía salvar la vida. Comparar a una chica con una yegua, equivalía a decirle: "Tú eres mi vida." Cuando el amado habla, le dice a las hijas de Jerusalén que no despierten a su amada hasta que ella quiera. (Cant 2,7 y 3,5). El poema se desarrolla mediante un sueño y en él la amada busca al amado de su alma, pero no lo encuentra. Pasa delante de los centinelas pero éstos se ríen de ella y no le contestan (cfr. Cant 3,1-4). Esto describe la situación de Israel que aunque había vuelto a su tierra, no lo había hecho en plena libertad sino bajo la ocupación y dominación persa a la que le seguirían la griega y posteriormente la romana.

La pregunta es ¿por qué el Esposo no despierta a su Amada si él ya está junto a ella y ella no lo sabe? (Cant 2,6-7). ¿Cuántas veces pensamos nosotros como Israel, que Dios no está, que no podemos encontrarlo y en realidad él está al lado nuestro, y nosotros no lo hemos reconocido? ¿No nos pasa como a los discípulos de Emaús, que lloraban la ausencia del Señor mientras este caminaba junto a ellos? (Lc 24,15-16). Al igual que ellos, Israel busca al Señor, pero no lo reconoce y no lo encuentra. En realidad, Dios espera pacientemente que nos despertemos y reaccionemos reconociéndole.

Dios nunca nos presiona ni nos quita la libertad, pero siempre nos espera, y aunque lo dejemos de lado, o nos alejemos de él como hizo Israel, él pacientemente espera a que hagamos un proceso de conversión y volvamos a él.

"Él: Levántate compañera mía y hermosa mía, y ven por acá paloma mía. Acaba de pasar el invierno, y las lluvias ya han cesado y se han ido. Han aparecido las flores en la Tierra, ha llegado el tiempo de las canciones, y se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra. Las higueras echan sus brotes y las viñas nuevas exhalan su olor. Levántate, hermosa mía y amada mía y ven. Muéstrame tu rostro y déjame oír tu voz, porque tu voz es dulce y amoroso es tu semblante" (Cant 2,10-14).

El mensaje es de esperanza: "Ha pasado el invierno..." Ha pasado la aflicción para el Pueblo de Israel, y el Esposo amado irá a buscar a su Esposa Israel, vendrá por ella y no la abandonará más. Vemos aquí que Dios no abandona a su Pueblo. Israel ha madurado su fe en la espera de la Salvación que Dios le traerá. Este hermoso libro no siempre ha sido entendido y valorado, sin embargo y curiosamente fueron los monjes, y entre ellos los grandes místicos los que han encontrado en él una fuente de inspiración muy grande. Santa Teresa y San Juan de la Cruz encontraron en este libro muchas riquezas y se deleitaban con su lectura frecuente. El Cantar de los Cantares nos enseña que el Amor entre los Esposos es el signo más grande y sublime del amor de Dios por los hombres. Nos enseña también que el verdadero amor es más que una mera atracción sexual, o que un convenio necesario para tener descendencia, sino algo que da sentido a toda nuestra vida. A veces se dice maliciosamente que el matrimonio termina con el amor. Esto es típico de sociedades cínicas que no saben asumir el compromiso de la fidelidad y de la entrega a la persona amada. El Cantar de los Cantares nos revela en cambio que el verdadero amor tiene su origen en Dios, y al igual que Él es fiel hasta la muerte.

"Ella: Guárdame en tu corazón, como tu sello o tu joya, siempre fija en tu muñeca; porque es fuerte el amor como la muerte, y la pasión tenaz como el infierno. Sus flechas son rayos de fuego como llama de Yavé. ¿Quién podría apagar el amor? No podrían hacerlo ni las aguas embravecidas, ni los torrentes podrían ahogarlo. Si alguien quisiera comprar el amor con todo lo que posee en su casa, sólo conseguiría desprecio" (Cant 8,6-7).

Eduardo Ojeda