CARD. EDUARDO PIRONIO

Un testigo de la esperanza

Al recordar en este número los 25 años de la Conferencia de Puebla, queremos destacar la figura del card. Eduardo Pironio, fallecido el 5 de febrero de 1998 y que fue una de las figuras más destacadas no sólo de Puebla y de América Latina sino de toda la Iglesia Católica en las últimas décadas y cuya beatificación ya se está reclamando.

Eduardo Pironio nació en la ciudad de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, en plena pampa argentina, el 3 de diciembre de 1920. Sus padres eran italianos, y trabajando pudieron conseguir una vida holgada y adquirir una estancia con una casa grande y espaciosa en la cual fueron naciendo de a uno 22 hijos; Eduardo será el último de ellos. A los siete años muere su padre del cual recordará siempre sus últimas palabras: "Me voy al cielo, te seguiré ayudando; tú obedece a tu madre y a tus hermanos mayores".

Otro hermoso recuerdo tiene de su madre. Él mismo cuenta: "Ella fue una mujer sencilla pero de fe profunda. Cuando nació el primer hijo, mi madre tenía tan solo 18 años y enfermó gravemente. Cuando se recuperó, los médicos le dijeron que no podía tener más hijos, de lo contrario su vida correría grave peligro. Mi madre fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, pues tenía fama de santidad y precisamente en esos días estaba visitando nuestro pueblo. Ante el problema que le planteó mi madre, el obispo le dijo: ‘los médicos pueden equivocarse; usted póngase en las manos de Dios...’, y después celebró una misa pidiendo protección para mi madre. Más tarde ella dio a luz a 21 hijos y vivió hasta los 82 años. Años después cuando yo mismo fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, el día de mi ordenación episcopal, el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró."

Siendo ya sacerdote y respirando ya los nuevos aires de renovación del Concilio, en 1960 es elegido rector del seminario de Villa Devoto en Buenos Aires pero a los tres años es alejado del mismo sin mayores explicaciones, con gran pesar de profesores y seminaristas. Después de lo que le había pasado en Villa Devoto, lo sorprendió el llamado al episcopado a comienzos de 1964. Tenía tan solo 43 años y enseguida participó del Concilio en Roma; en la tercera sesión del Concilio ya es obispo auxiliar de La Plata y en 1967 sustituye a Podestá, el ex obispo de Avellaneda. En ese mismo año es elegido también secretario general del CELAM; al año siguiente Pablo VI lo nombra secretario general de la Conferencia de Medellín. ¿A qué se debe este rápido ascenso? Pironio había sido conocido en Roma en las sesiones del Concilio y había llamado la atención por su apertura conciliar y espiritualidad, por su transparencia y sencillez, por su sensibilidad pastoral. Después que Pablo VI leyó las conclusiones de Medellín le dijo a Pironio: "Los obispos latinoamericanos han levantado un monumento perenne a la Iglesia. Estos documentos son el resultado de una Iglesia adulta y responsable; pueden publicarlos así como están". En 1972 es nombrado obispo residencial de Mar del Plata y dos meses más tarde presidente del CELAM.

 

Tiempos difíciles

Mientras tanto, en Argentina se acercaban tiempos difíciles. Estamos en vísperas del golpe militar... Ya antes de la Semana Santa de 1975 le llegan a Pironio amenazas de muerte. En la noche anterior al Domingo de Ramos su nombre aparece escrito en las paredes de algunos edificios de Mar del Plata, en colegios católicos y hasta en la catedral: "Pironio montonero". Entre el jueves y el viernes santo se anuncia que hay una bomba en la casa del arzobispado. Es que para varios militares y la gente de la Triple A, el obispo Pironio era comunista y tercermundista, debido a su predicación comprometida que reflejaba las posturas de la Iglesia latinoamericana en Medellín.

Su vida llegó realmente a correr peligro en aquel entonces. Hubo en 1975 episodios significativos a nivel de Iglesia por parte de algunos pocos y valientes obispos, como la carta pastoral del obispo Devoto, de Goya, en defensa de los sacerdotes detenidos por ser asesores de las Ligas Agrarias; la "huelga de misas" decretada en Formosa por el obispo Scozzina ante la detención del sacerdote francés Santiago Revenot; la polémica pública entre el obispo De Nevares y el general Buasso en Neuquén por la detención y los apremios ilegales a catequistas dioce-sanos. También Pironio clamó públicamente contra los sectores ultraderechistas de la Triple A que habían secuestrado a la decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica, María del Carmen Maggi; eran los mismos sectores que mataron al p. Carlos Mugica, amigo y discípulo espiritual de Pironio. El pastor metodista argentino Hugo Urcola cuenta que ante la campaña de "pintadas" fueron con el obispo Gattinoni a visitar a Pironio y a transmitirle la solidaridad de ambos. Pironio les confesó que acababa de recibir una llamada de la presidenta Isabel de Perón que le ofrecía custodia personal pero que él la había rechazado. "No puedo aceptar eso -dijo-. Primero porque confío en la protección de Dios. En segundo lugar, es inaceptable que un obispo desarrolle su labor rodeado de guardaespaldas. En tercer lugar, pueden atentar contra mi vida y no sólo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale tanto como la mía..."

Pablo VI, enterado de la situación, lo llamó a Roma y le salvó la vida; algunos meses después estallaba el golpe militar. El 24 de mayo de 1976 el papa lo nombró cardenal y lo destinó a la Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares en el Vaticano; Pironio pasó nueve años atendiendo a ese dicasterio. Cuando visitó al papa para pedirle que lo liberara de esa responsabilidad por no ser él religioso, Pablo VI le dijo: "Usted ha infundido en la curia romana con sus ejercicios un espíritu de Iglesia y eso es lo que quiero que infunda ahora en el ámbito de los religiosos".

En 1979 participa de la Conferencia de Puebla como una de las personalidades más influyentes de la misma, pero es atacado públicamente por un personaje importante de la Iglesia latinoamericana a través de un artículo en un diario local en el cual se le acusa de predicar una esperanza ilusoria y de incapacidad para entender y resolver los problemas concretos. Junto con él es atacado el p. Arrupe, superior general de los jesuitas. También en esta oportunidad prefirió guardar silencio. Pironio bregaba por una "Iglesia peregrina, pobre y servidora, pascual y latinoamericana". Para él era muy claro que si se quería que los pobres optasen por la Iglesia, la Iglesia debía optar por los pobres. En el diario del mártir Oscar Romero de El Salvador se pueden leer párrafos de sincera y agradecida admiración por Pironio a quien visitaba en Roma. "Me abrió su corazón diciéndome que él también sufría porque los problemas de América Latina no eran del todo comprendidos por el ministerio supremo de la Iglesia y que el hecho de ser acusados de instrumentos del comunismo era la herencia de todos los que predicaban en nombre del evangelio la justicia social".

 

El cardenal de los jóvenes

En 1984 Juan Pablo II lo nombra presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, cargo que desempeñará durante más de 12 años hasta que en 1996 presente su renuncia. En el diario del primer año de su llegada a Roma había anotado: "Todo me resulta nuevo y algunas cosas me parecen absurdas. No quisiera perder la sencillez latinoamericana, la que me enseñó y me comunicó mi madre". El mismo papa Pablo VI le había advertido: "Vas a sufrir mucho". En ese ambiente curial Pironio buscó llevar un soplo de cordialidad y humanidad y se le podía encontrar en mangas de camisa con los amigos, tomando mate o verlo en la ciudad manejando. Su cordialidad, calidez y alegría eran proverbiales; a todos acostumbraba llamarlos familiarmente por el nombre de pila y atenderlos con afecto y cordialidad.

Juan Pablo II supo apreciar en este hombre el arrastre juvenil y esperanzador de su personalidad, por lo cual le encargó organizar las Jornadas Mundiales para los Jóvenes. La primera Jornada Mundial de la Juventud se celebró oficialmente el 23 de marzo de 1986 en la Plaza San Pedro. Pero fue en 1987 que se celebró la histórica y multitudinaria Jornada Mundial de la Juventud justamente en Buenos Aires, la que sorprendió a todo el mundo y superó todas las expectativas: "Que este encuentro sea un grito de esperanza para el mundo", dijo Pironio. Presidió la organización de estas Jornadas a lo largo de diez años hasta 1996, cuando por razones de edad tuvo que renunciar. En ese mismo año empieza el doloroso epílogo de su vida. Cierra sus actividades con la participación en el Sínodo para América. Atacado por el cáncer, escribe su hermoso Testamento Espiritual; muere en Roma el 5 de febrero de 1998. Por voluntad suya sus restos mortales descansan en el santuario de Luján. Allí fue ordenado sacerdote, allí fue consagrado obispo, de allí partió para radicarse en Roma donde estuvo 22 años. Es conocida su admirable devoción a la Virgen a la que le dedicó cantos y versos entrañables como éste: "Madre de los pobres, de los peregrinos, te pedimos por América Latina, tierra que visitas con los pies descalzos apretando fuerte al Niño en tus brazos..."

Primo Corbelli