
La
suprema entrega de amor
Después
de unos meses de intensas polémicas llegó a las salas
cinematográficas de todo el mundo la película de Mel Gibson,
"La Pasión de Cristo".
Los
artistas, desde las características propias de su arte tienen
el derecho y el privilegio de ofrecernos su propia visión
de una realidad. Nadie les niega la capacidad
"re-interpretativa"
de un evento, más allá que el resultado nos guste o no.
Pero, como en toda obra artística, también el espectador
tiene derecho a su visión y a su interpretación.
Bernardino
M. Hernando (el autor del Tema
Central de este número)
en un artículo de su copiosa producción con el título "¿Quién
es este hombre?"
nos da una interpretación de la pasión de Cristo muy oportuna,
aunque fue escrito mucho antes de que saliera la película de Gibson.
En este artículo, Hernando nos advierte que el "aliento" de
Jesús
en estos 2000 años ha podido ser encajonado, encauzado,
domesticado y, por tanto, desfigurado y anulado varias veces.
"Una
figura como la de Jesús resulta tentadora
para todos los amigos del control absoluto".
Jesús,
el Mesías esperado, cumplió su misión con plena libertad,
fue "un creyente en libertad", convencido de que en ciertas
"prudencias" se esconde más el miedo que la auténtica
obediencia.
Obedecer es una virtud, pero quien obedece sin libertad o por miedo
no practica esa virtud.
El cristiano no puede "resignarse" a padecer la violencia
si quiere hacerse heredero del Espíritu de Jesús, el que nos
transmitió
en el acto decisivo de entrega, "en su muerte asumida
con inmenso valor, prevista con lucidez, aceptada como signo
y realidad de amor para todos".
La
muerte de Jesús, hacia la que fue con plena conciencia,
no es la sumisión fatal o el atemorizado sacrificio inevitable:
es el gesto supremo de la persona libre, dispuesta a entregarse
totalmente,
incluyendo su vida. El cristiano no desea la muerte,
pero sí está dispuesto a dar la vida cuando el amor lo exija.
Y a la luz de una muerte así asumida, todo el despliegue de sangre
y violencia de la película de Gibson puede parecer excesivo.
Sin
desmerecer los méritos de esta producción,
el "espectáculo cinematográfico"
no tiene que hacer olvidar
el profundo dinamismo redentor (liberador) de esta vida entregada.
Como cristianos debemos subrayar esta "buena noticia"
de la pasión del Señor.
Las
representaciones barrocas muy ensangrentadas o
esta reciente producción muy cargada de violencia y simbolismo
(válidas en sí como expresiones
artísticas), no deben hacernos olvidar que
la fe de los primeros cristianos expresada en las páginas de
la revelación evangélica,
elige otro camino para expresar el
gran amor que Dios nos manifestó
al entregarse a nosotros en
su Hijo amado.
p. Quinto Regazzoni